sábado, 8 de agosto de 2009

Noticias Melchor Rodríguez llamado “el ángel rojo”.

_

Noticias Melchor Rodríguez llamado “el ángel rojo”

Podemos discutir tal o cual aspecto de la biografía de Melchor, pero está claro que la suya es la actuación propia de un anarquista y revolucionario consecuente con lo que cree y hace.

Pepe Gutiérrez-Álvarez Para Kaos en la Red 6-8-2009
www.kaosenlared.net/noticia/noticias-melchor-rodriguez-llamado-angel-rojo

El ángel rojo, de Alfonso Domingo (Ed. Almuzura, Madrid, 390 páginas), es –que yo sepa- la primera biografía que se publica de Melchor Rodríguez García (Sevilla, 1894-Madrid, 1972) cuyo nombre aparece vinculado a la Dirección General de Prisiones durante la guerra, se ha convertido en uno de los blasones humanistas del campo republicano. En su juventud quiso escapar de la miseria haciéndose torero hasta que se retiró, a comienzos de 1920, después de recibir al menos cuatro cogidas. Por estas fechas se le ubica en la sección de automóvil de la CNT sevillana, al lado de Paulino Diez y Manuel Pérez, en Madrid milita en sección de carroceros de la UGT. Forma parte del grupo ácrata «Los Libertos» e interviene intensamente en el Ateneo de Divulgación Social de la Corredera Baja, y luego en el de la calle de San Marcos. Detenido por la Dictadura tomó la cárcel como «una disciplina, como un período de estudio y de análisis personal».

En 1927, Melchor es uno de los primeros adherentes a la recién surgida FAI. En 1931 colabora en La Tierra donde lleva una extensa campana contra Maura al que llama el de los 108 por el número de trabajadores asesinados durante su ministerio. En 1934 sobresale por su participación en la huelga general madrileña. El 5 de noviembre, en víspera de iniciarse el histórico sitio de Madrid, toma posesión de su cargo oficial. A partir de ese momento. Melchor trata de contrarrestar la ola de represalias y de malos tratos en las prisiones. El 9 de diciembre de 1936 se enfrenta a una muchedumbre que trata de asaltar la cárcel para vengar la salvaje actuación de la aviación franquista.

Con el mono azul de miliciano y lució al cinto una flamante pistola que le dieron en el sindicato. Dicha arma siempre estuvo descargada. Poco después fue nombrado Delegado de Prisiones de la Segunda República. En calidad de tal fue cuando llevó a cabo la mayoría de unos actos que pueden calificarse como heroicos. Como ejemplo citaremos el acaecido en Alcalá de Henares: sucedió que tras un bombardeo de la aviación fascista, el pueblo llano enfurecido por el ataque y justamente airado por la pérdida indiscriminada de seres queridos, marcha acompañada por numerosos grupos de milicianos en armas, hacia la prisión con el objeto de asaltarla y linchar a los 1532 presos, la mayoría de ellos partidarios de las tropas rebeldes protagonistas del golpe militar-fascista y entre los que se encontraban personajes que después fueron altos cargos del régimen franquista. Tras horas de interponerse entre la muchedumbre y los internos, sin más arma que la palabra, Melchor Rodríguez fue capaz de convencer a la turba de que ese no era el camino y de evitar, en último término, la ejecución ilegal de los reclusos.

Jugándose la vida, Melchor proclama: «…Yo por mis ideas, he estado en la cárcel… Yo soy un trabajador como vosotros, un chapista a quien, por su desgracia, han dado este cargo. Pero, ¿os creéis que la revolución es para asesinar en la cárcel a unos pobres seres indefensos?». Fue el iniciador del canje de prisioneros de uno y otro bando y entre las personas vinculadas al franquismo que le deben la vida se cuentan personajes tan siniestros como Agustín Muñoz Grandes o Serrano Suñer, amén de otros como el Dr. Gómez Ulla, Ricardo Zamora, Rafael Sánchez Mazas, Miguel Primo de Rivera, el general Valentín Galarza, etc.

En marzo de 1937 se enfrenta a José Cazorla, que había sustituido a Santiago Carrillo al frente del Orden Público y que ya era un miembro destacado del PCE. Acusa a Carrillo de haber «resucitado los viejos métodos de los feroces de unos y otros; de tal manera que sometiendo a juicio a millares y millares de personas sensatas y de innegable lealtad al régimen antifascista, está deshonrando con su perniciosa labor al Gobierno de la República: y, por ende a la guerra y a la revolución que el pueblo está haciendo para transformar lo viejo, lo injusto, lo cruel, por métodos y procedimientos sanguinarios». Todo esto hizo que fueran sus propios enemigos políticos –algunos, gente de la peor especie-, a las que en tantas ocasiones salvó la vida, quienes le llamaran "el Ángel Rojo

Melchor formó parte de la Junta de Casado y como concejal del Ayuntamiento de Madrid desde 1934 entrega la ciudad a los vencedores. A lo largo de dos días presidió el traspaso de poderes, terminado el cual fue sometido a un sumarísimo consejo de guerra y encarcelado. Su condena ascendió a 20 años y un día, de los que cumplió sólo cinco por la intercesión de importantes personas a las que él había ayudado durante la contienda. Esta actuación explica que el régimen franquista lo condene a 30 años en vez de la pena de muerte como se le aplicaría, por ejemplo, a Besteiro. En la posguerra fue uno de los ejes del Movimiento Libertario clandestino, detenido en 1946 y en 1947 y procesado el año siguiente acusado de introducir propaganda en la cárcel de Alcalá. Interviene cerca de algunas de los personajes a los que salvó para ayudar a muchos presos antifranquistas. Cuando salió de la cárcel, esas mismas personas le ofrecieron cómodos y bien pagados trabajos, entre ellos el de alto cargo en la estructura sindical franquista, pero él siempre se negó, subsistiendo humildemente de la representación de seguros, componiendo letras para cuplés y de alguna colaboración periodística en el diario "Ya", de su amigo el democristiano Martin Artajo, al que Melchor había librado de ser linchado por milicianos y turbas populares enfurecidas cuando éste se encontraba preso en la cárcel de Alcalá de Henares.

En la clandestinidad favoreció los trabajos de Enrique Marcos, en el momento secretario de la CNT que trabaja pro su recomposición. Ulteriormente, Melchor rechazó las tendencias colaboracionistas y se opuso a las actividades del «cincopuntismo» en 1965. La perspectiva histórica confirmarían la validez de los métodos que encarnaba Rodríguez frente a otros como los que concitan el nombre de Paracuellos (Cf, Guillermo Cabanellas, El señorío del anarquista Melchor Rodríguez, en Historia y vida, nº 84). Melchor continuó siendo anarquista y militando clandestinamente en la CNT, lo que le costó nuevas y prolongadas estancias en presidio. Así, hasta su muerte, acaecida en Madrid el 14 de febrero de 1972. En su entierro se juntaron anarquistas y falangistas sin que hubiera ningún altercado, y fue la única ocasión en la que, durante la dictadura, se enterró a alguien cubierto con la bandera anarquista roja y negra y se le despidió al son de "A Las Barricadas".

Según parece, en Sevilla ya ha sido reconocida su labor mediante la dedicatoria de una calle; en Alcalá de Henares, un Centro de Reinserción Social lleva su nombre. La CGT ha iniciado una bonita campaña para que Madrid le dedique una calle.

En resumen: se trata de la biografía apasionante que desmiente en no poca medida toda esa historia que hace recaer sobre el anarquismo en general y sobre la FAI en particular, los mayores excesos de un pueblo obligado desde aquel 17-18 de julo a enfrentarse con la barbarie en su grado más extremo,

Pepe Gutiérrez-Álvarez en Kaos en la Red
_