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Luz en la fosa de Cabacheros
La Voz de Asturias -
El hermano de Juan Sánchez fue encarcelado con sólo 14 años y puede estar enterrado en la zona.
LA TRISTE HISTORIA DE UN JOVEN MARCELINO
06/12/2009
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Marcelino Sánchez seguía siendo prácticamente un niño cuando, con 14 años, fueron a su casa de Levinco a buscarle para llevarlo a la cárcel de Cabañaquinta y, posteriormente, a la de Moreda. Era el mayor de siete hermanos y para su madre, que ya había visto cómo su marido era también apresado, esto supuso un calvario. "Cuando le cogieron mi madre iba llorando detrás de ellos diciendo que era un crío hasta que uno de los falangistas le dijo que si seguía andando que le mataban", relata uno de sus hijos pequeños, Juan, que conoce bien la triste historia de su familia.
Una historia que tiene varios protagonistas pero en la que su madre tiene, sin duda, un papel fundamental. Ella fue varias veces a visitar a su hijo Marcelino a la cárcel cuando fue trasladado a Moreda pero también fue ella, quién si no?, la que un día se encontró con que no podía ver a su hijo mayor, del que sólo le quedó una nota manuscrita explicando que le iban a trasladar a León.
"Ahí se perdió la pista de mi hermano porque en León no estaba", recuerda Juan, que era entonces un bebé pero que años, muchos años después, tuvo información de que "a mi hermano lo fusilaron con otros tres". Podría estar Marcelino Sánchez, por tanto, en la fosa común de Cabacheros o en cualquiera de los otros 20 enterramientos ilegales que se tienen contabilizados en el concejo de Aller. Su hermano Juan no descarta, incluso, "que pueda estar en Fortuna o en Lena". La duda está ahí pero lo que Juan tiene claro es que Marcelino, su hermano mayor, fue encarcelado y matado sin ningún motivo --dejando claro que no hay motivos para algo así-- porque " qué podía haber hecho un rapacín de 14 años?". De hecho, para esta pregunta puede haber una respuesta: Nada. Esto es lo que se desprende de la explicación que décadas después pudo encontrar Juan sobre lo ocurrido con Marcelino. "Según nos dijeron hace unos 20 años parece que uno que era falangista tenía un cuñado de izquierdas al que le echaban la culpa de haber quemado iglesias en la zona de Cabañaquinta y Casomera aunque debía ser mentira", relata el hermano menor que, por lo que le contaron, cree que "vinieron a buscar a Marcelino, al cuñado del otro, y éste les mandó a mi casa". Juan dice que "puede haber sido así, no lo sé", aunque pone encima de la mesa que la única causa para todo lo sufrido era el tener una ideología determinada. "Mi padre era republicano y le fusilaron en el cementerio de Oviedo porque aunque no tenía delitos le consideraban un hombre peligroso", apunta el hijo pequeño, que ha podido leer la causa contra su progenitor tras mucha búsqueda y papeleo. De hecho, tiempo después de perder a su marido y a su hijo mayor, la madre de Juan y Marcelino fue también a la cárcel "porque decían que suministraba a los rojos", señala Juan Sánchez, que se emociona al recordar que "la querían matar". No fue así. Ella sobrevivió. Su marido y su hijo, por desgracia para toda la familia, no.
Luz en la fosa de Cabacheros
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asesinados no sabían hacia dónde se dirigían. Se cree que muchos, por ejemplo, pensaban que iban a ser trasladados a la cárcel de San Marcos, en León, aunque nunca llegaron a cruzar el puerto de San Isidro. Se quedaron en el camino, y nunca mejor dicho porque los lugares elegidos para acabar con sus vidas eran precisamente junto a la carretera, donde muchos fueron acribillados y enterrados. Es el caso de Cabacheros y de otras muchas fosas comunes, que quedan siempre al lado de una vía de comunicación hasta donde solían ser llevados en camiones. Al bajar de los vehículos sólo les quedaba, por tanto, esperar una muerte segura junto al camino. Y así fue, en el caso de esta conocida fosa común, durante las dos primeras semanas de noviembre. Es durante estos días donde la represión en Aller llega a los niveles más altos, con casos que conmocionan a cualquiera.
LAS HISTORIAS Lo que está claro es que lejos de los fríos números de fusilados y desaparecidos hay historias con nombres y apellidos. Historias que, en muchos casos, han sido investigadas por amantes de la historia y expertos en temas de memoria histórica, que conocen bien lo que ocurrió durante el año 1937, y los siguientes, en Aller. Los relatos de la época hablan, por ejemplo, de persecuciones por los montes y de casos como el de los hermanos panaderos de Cuérigo, que fueron asesinados públicamente a garrote vil, o de cómo en Casomera la primera semana de noviembre de 1937 son detenidos y paseados medio cenentar de vecinos y exterminadas familias enteras. Se trata de "una purga" que acabó con las cunetas plagadas de zanjas con muertos. Vecinos como una mujer que fue asesinada después de que le dieran la oportunidad de bajarse del camión que la llevaría, finalmente, a la muerte. Para librarse de ese destino, le pidieron que graitara a favor de la causa franquista, ante lo que ella sólo lanzó un Viva la República qu ela llevaría directa a una fosa compartida como vecinos y familiares de Casomera.
Está claro que si cientos son los enterrados en fosas comunes en Aller, cientos son las historias que se podrían contar aunque, por desgracia, parte de las mismas se quedaron con ellos, bajo tierra. Ahora quedan las familias, que son las que tendrán la última palabra sobre cómo se va desarrollando el camino iniciado en Cabacheros y que podría continuar, con una segunda fase de excavaciones en esa misma zona, y con otras actuaciones. Por el momento, de lo que no hay duda es que todo esto ha servido para recordar un pasado reciente. Momentos en los que Aller, como el resto de España, se dividió en dos y que muchos creen necesario recordar aunque sea para que no se vuelvan a repetir.
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lunes, 7 de diciembre de 2009
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