miércoles, 10 de marzo de 2010

Artículos sobre la Justicia y Garzón. 09/03/2010.

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ENRIC SOPENA

09/03/2010


Cabos sueltos

¡Pero qué carajo de justicia es ésta que persigue a un juez que combate crímenes y corrupciones!

Desde la caída de la República de Weimar (1933), hasta el final de la II Guerra Mundial, el Partido Nazi fue la única fuerza política legal en la Alemania de Adolf Hitler. A partir de entonces, el Partido Nazi fue declarado inequívocamente ilegal. Sin embargo –y de acuerdo con el axioma de hecha la ley, hecha la trampa- han sido legalizados en la Alemania democrática algunos sucedáneos -más o menos maquillados en función de los distintos criterios judiciales-, como el NPD, surgido el año 1964.
En España, desde la caída de la II República, oficialmente proclamada el día 1 de abril de 1939 -tras tres años de guerra civil, consecuencia del golpe de Estado de 1936-, la única fuerza política legal hasta el final de una sangrienta dictadura que duró cuarenta años fue Falange España de las JONS. El decreto de unificación del general Francisco Franco, el 19 de abril de 1937, fusionó a la Falange y a la Comunión Tradicionalista (carlistas o requetés), bajo la denominación de Falange Española Tradicionalista y de las JONS. Más tarde, se optó por el término Movimiento Nacional, un eufemismo para difuminar el protagonismo omnímodo de los falangistas. En todo caso, y por desgracia, la Falange nunca fue ilegalizada en la España constitucional.

Ominoso régimen
De modo que el partido vertebrador del ominoso régimen franquista, Falange Española de las JONS -que mantuvo estrechas vinculaciones con el nazismo y el fascismo, lo que fue una de las claves determinantes de la victoria militar, conseguida gracias al respaldo bélico de Hitler y Mussolini-, pasado el tiempo, se ha convertido en relación al Tribunal Supremo nada menos que en el rey del mambo. El pintoresco juez Luciano Varela –por ser benevolentes en la descripción del personaje- ha permitido a los falangistas, previo pago de 6.000 euros, una cantidad por lo demás ridícula, que se personaran como acusación en el proceso contra el juez Garzón. Peor aún. Mientras Su Señoría tomaba semejante decisión -que roza la aberración y que parece un insulto a la democracia española-, ha rechazado, de momento, el testimonio de juristas de gran prestigio internacional, favorables a las tesis de Garzón.

Cariz inquisitorial
Asistimos perplejos, y cada día más indignados, a la persecución -de cariz inquisitorial-, a la que está siendo sometido el juez Garzón. Tanto la extrema derecha [Falange Española y el mal llamado Sindicato Manos Limpias] como el Partido Popular –desde donde Federico Trillo procura mover los hilos del complot judicial contra Garzón- se han conjurado para laminar a quien trató de detener a un asesino como Pinochet y luego, hace bien poco, investigar los crímenes del franquismo. ¿Qué carajo de justicia es ésta que, en lugar de apoyar al juez y a los fiscales que exigen investigar crímenes, da carta blanca a parte de los criminales o de sus herederos? ¿Qué carajo de periodismo es éste que se pliega con entusiasmo a las estrategias genovesas? ¿Cómo es posible que unos jueces -si no es por su ideología ultramontana- otorguen más crédito a los verdugos que a los que defienden a las víctimas, en su mayoría sepultadas como si fueran animales.

La careta de Rajoy
Mariano Rajoy ha vuelto una vez más a quitarse su careta de presunto moderado. En su obsesión por flagelar cada día al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, el líder de la derecha ha cargado contra él por enaltecer “la valentía del juez Garzón en la lucha contra el terrorismo de ETA”. Otra vez, los populares se han retratado. Se llenan la boca condenando a ETA, pero utilizan a esa banda de desalmados pro domo sua, siempre que les conviene. ¿O no demostraron el 11-M y los días siguientes que necesitaban a ETA como fuere? ¿O no les llamó José María Aznar Movimiento de Liberación Nacional Vasca cuando pretendía trasformarse en el Príncipe de la Paz?

No nos engañemos
En este asunto, el PP juega –no nos engañemos- a salvarse de sus supuestos delitos a costa de la trama Gürtel. Ésa es su baza más importante. Han logrado ya los conservadores varios éxitos consecutivos. Acabar con Garzón es su objetivo. Creen que, liquidado Garzón, podrían abrirse las puertas judiciales para exonerar a los corruptos en base a cuestiones formales o procesales, que no es del todo difícil manejar. Convertir a Francisco Correa de acusado en fiscal de facto puede parecer increíble, pero lamentablemente es verdad. Hay jueces en este país que son capaces de que Correa pueda acusar tranquilamente a Garzón o que Falange Española de las JONS, el partido del Caudillo de España por la Gracia de Dios, haga lo propio. ¿Pero qué carajo de justicia es ésta que persigue a un juez que combate crímenes y corrupciones, mientras otorga crédito a partidos totalitarios y a presuntos delincuentes?

Enric Sopena es director de El Plural


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VICTORIA LAFORA

09/03/2010


En manos de Falange

Falange Española ha conseguido reunir los seis mil euros que le exigía el Supremo para poder “lavar su honor” y personarse en la causa abierta contra Garzón por intentar enjuiciar los crímenes del franquismo.
En este mundo al revés, al que estamos asistiendo estos días, la parte más cruel de la paradoja le toca sin duda a los familiares de las víctimas de la represión fascista. O sea, a los hijos y deudos que un día, cansados de que ni con la Ley de la Memoria Histórica, consiguieran sacar de las cunetas y las fosas comunes los cuerpos y los huesos de los fusilados por los franquistas, entre ellos por los falangistas, van a ver ahora como todos sus datos acaban en manos de los herederos de la represión.

Porque, al personarse en la causa contra Garzón, la Falange, cuyos miembros participaron en la desaparición y asesinato de García Lorca y de tantos otros, va a atener acceso a la instrucción del fallido proceso contra el franquismo donde figuran los nombres, direcciones, correos electrónicos y teléfonos de todos los que denunciaron que, setenta años después, su padre, o su madre o su abuelo, asesinado en la tapia de un cementerio de madrugada, no había aparecido.

Así el Tribunal Supremo va a conseguir con este procesamiento colocar, como hace setenta años, a cada uno en su sitio: las victimas, perseguidas como lo fueron y lo pueden seguir siendo, y los que ganaron la Guerra Civil como ganadores, lo que nunca han dejado de ser. Ni el tiempo, ni la democracia, ni la Memoria Histórica que tantas ronchas levantó van a cambiar lo que la larga mano del franquismo dejó atado y bien atado. Todos los países que pasaron por terribles dictaduras han hecho un examen de conciencia, una relectura de su historia para no volver a cometer los mismos errores. España no. Aún hoy, las imágenes que aún quedan del dictador, se retiran por la noche y sin meter ruido.

Puede que, al final, la Sala Segunda del Tribunal Supremo decida archivar las tres querellas presentadas contra Garzón porque es muy difícil enfrentarse al sesenta y uno por ciento de la opinión pública que cree que existe una campaña de acoso y derribo contra el magistrado de la Audiencia Nacional. Si, además, no apoya la fiscalía, y las acusaciones son un sindicato y un partido ultraderechistas en un caso y los implicados, incluido el mismo Correa, en el tema Gürtel, van a tener muy complicado proseguir.

Aún así, en fuentes de la magistratura no se descarta en absoluto que este sea el final de la carrera del juez Garzón quien se ha visto envuelto en la tormenta perfecta. La conjunción de todas las inquinas personales, rencores y envidias, que llevaban mucho tiempo aguardando su oportunidad.

Lo peor, lo realmente grave, es que ha cogido por medio a los de siempre. A los que llevan setenta años esperando que alguien, en este desgraciado país, haga justicia y les devuelva, por los menos, a sus muertos.

Victoria Lafora es periodista y analista política

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¿Estamos ante el fin de Garzón?

Última actualización 10/03/2010@11:10:41 GMT+1

Mientras el CGPJ sigue deliberando sobre si suspende o no al juez de la Audiencia Nacional mientras se resuelven las tres causas que tiene pendientes en el Supremo, crece la repercusión internacional de la polémica sobre si Garzón se merece todo lo que le está pasando. El diario francés Le Monde repasa la principales claves del caso y termina con una reflexión poco reconfortante.

NUEVATRIBUNA.ES - 10.3.2010

El diario francés Le Monde publica un artículo de su corresponsal en Madrid Jean-Jacques Bozonnet en el que incide en la antipatía del magistrado del Supremo que instruye la causa contra Baltasar Garzón por la exhumación de las fosas de desaparecidos durante la guerra civil y el franquismo, Luciano Varela, hacia el juez de la Audiencia Nacional.

El artículo empieza con una anécdota: "A Luciano Varela le gusta explicar a sus estudiante de Derecho que Dios descendió dos veces sobre la tierra. La primera vez fue hace más de dos mil años en Palestina. La segunda hace cincuenta y cuatro años, aquí, en Jaén". La ocurrencia, dice Bozonnet, "se refiere a Baltasar Garzon, nacido en 1955 en Torres, un pequeño pueblo de la provincia andaluza de Jaén, convertido en el juez más célebre de España, y uno de los más admirados en el extranjero desde que ordenó, en noviembre de 1998, la detención a Londres del exdictador chileno Augusto Pinochet por " genocidio, terrorismo y tortura ".

El artículo repasa los celos y rencores que el magistrado ha sembrado a lo largo de veintidós años de carrera y que han cristalizado en Varela, "un jurista brillante de quien los allegados dicen quien los allegados que posee 'un ego tan desmesurado como el de Garzon' y que en estos momento tiene el destino de "Dios" en sus manos."

Varela instruye desde hace meses las querellas por prevaricación de dos organizaciones de extrema derecha, a las que se ha unido Falange, por presunta prevaricación contra Garzón por haber abierto la investigación sobre las desapariciones de 114.000 republicanos duante la guerra civil y el franquismo. "Garzón ha penetrado en el jardín prohibido de la guerra civil y va a pagar el precio de veintidós años de independencia", resume su abogado, Gonzalo Martínez Fresneda, a quien se cita en el artículo, que recuerda como todos sus recursos contra las causas abiertas contra Garzón han sido rechazados.

Tras reseñar la escasez de apoyos con que cuenta el juez entre sus compañeros de carrera, (como lo demuestra el hecho de que su candidatura a ocupar cargos electivos en la judicatura como la presidencia de la Audiencia Nacional no hayan prosperado), y referirse a las otras dos causas que pesan sobre Garzón, (los honorarios que percibió por las conferencias que dio en Estados Unidos durante una licencia de estudios y las escuchas telefónicas a los abogados de la trama Gürtel), se detiene en la dimensión política de todo el asunto. Por una parte, habla de la intervención del PP para frenar las investigaciones sobre los casos de corrupción que afectan a varios de sus altos cargos y por otro recoge los apoyos socialistas a Garzón (Zapatero y José Bono) que se producen, dice, por primera vez desde que Garzón intentó sentar a su antiguo líder, Felipe González, en el banquillo de los acusados por los GAL.

"Queriendo añadir los crímenes del franquismo a la lista impresionante de asuntos que le han valido la celebridad ¿ha pecado de exceso el juez Garzón?", se pregunta el periodista. Y termina con una previsión de futuro poco reconfortante: "Muy probablemente -dice- 'el juez que jamás descansa' se sentará en el banquillo al que durante años ha enviado a malhechores, estafadores, banqueros, policías, políticos y terroristas. Si se admite su culpabilidad, se enfrentaría a una suspensión de diez a veinte años. Si es declarado inocente, nada indica que quiera retomar el curso de su carrera. Entre las personas más próximas cunde el temor de que estemos ante el fin del juez Garzón".

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Falange presta la fianza para poder ser parte contra Garzón
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