domingo, 7 de marzo de 2010

Recuperados los restos de 15 republicanos a los que el fascismo dejó morir de hambre

Imagen aérea de la fosa común de Valdenoceda, Burgos- ARANZADI
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"Querido abuelo, vamos a enterrarte con la abuela, tu esposa"

Las familias de 15 presos que murieron de hambre en una cárcel franquista reciben sus restos en un emotivo acto en el Ateneo

NATALIA JUNQUERA - Madrid - 06/03/2010

Consulte la lista de enterrados en el penal de Valdenoceda , algunos de cuyas familias aún no han sido localizadas.

"Querido abuelo: gracias por ser como fuiste. Yo quisiera ser como tú. Te llevamos con la abuela, tu esposa", anunció, emocionado, el nieto de uno de los hombres que falleció en el penal franquista de Valdenoceda (Burgos), Alfonso de la Morena Prado, al recoger un pequeño féretro cubierto con la bandera republicana, con sus restos.

Ha ocurrido en el Ateneo de Madrid este sábado por la mañana, lleno hasta la bandera de familias enteras que lloraban de emoción al celebrar algo que otras muchas llevan años intentando y pocas han conseguido: recuperar los restos de sus seres queridos desaparecidos durante la Guerra Civil y el franquismo para enterrarlos con sus esposas y madres.

Así fueron subiendo a por su pequeño ataúd hasta 15 familias de presos, que tras recoger los restos, corrían a abrazarse al hombre cuya cabezonería ha permitido celebrar el acto de hoy, José María González, nieto de una de las víctimas, que en 1997 comenzó a investigar el paradero de su abuelo para cumplir el deseo de su padre y dio con el solar donde yacían, en Valdenoceda, 153 presos a los que habían dejado morir de hambre y frío. "La primera vez que hablé de exhumación me dijeron que estaba loco", ha recordado esta mañana. "Me enorgullece que hayamos quitado la etiqueta de desaparecidos a 15 personas". González fundó una asociación y comenzó a buscar a familiares. En 2007 arrancaron los trabajos de exhumación, que recuperaron los restos de 114 presos y empezaron a buscar a sus descendientes. Los 15 féretros entregados hoy corresponden a los cuerpos que han podido ser identificados al cotejar los restos con los de sus familiares.

Al acto ha asistido uno de los pocos supervivientes de aquel penal, Isaac Arenal, que lloró emocionado al entregar a sus familias los restos de alguno de sus compañeros. "Aquello era una prisión de exterminio, donde mandaban a los presos a morir. Recuerdo cuando trajeron a los compañeros de las brigadas internacionales, unos 15 y los colocaron en fila, desnudos, en el patio..."

En este caso, a diferencia de la mayoría de las fosas del franquismo, junto a los restos humanos no han aparecido balas o casquillos, porque en Valdenoceda los asesinos no mataron, dejaron morir a sus víctimas. Los responsables de la prisión obligaron a los presos a enterrar a sus compañeros. El antropólogo forense Luis Ríos explicó que lo hicieron en cajas y con sus escasas pertenencias: un lápiz, una goma de borrar, un anillo... a un metro de profundidad y en un solar fuera del cementerio del pueblo. Cuando en 1989 la parroquia del pueblo adquirió el solar para ampliar el cementerio, al menos 39 de los 153 reclusos que habían sido inhumados en este terreno fueron sepultados por nuevos enterramientos. La Agrupación de Familiares y Amigos de Fallecidos en el Penal de Valdenoceda negocia ahora con los familiares de esos fallecidos para tratar de rescatar los restos de los 39 presos.

De hecho, aunque este sábado se hayan entregado los restos de 15 personas, en realidad han sido identificados genéticamente 16. Pero la familia de David Ruiz no ha podido recibir sus restos porque una sepultura posterior ha impedido recuperarlos completamente. También se ha identificado con estudios antropológicos a otros diez reclusos, sin descendientes conocidos.

Durante el acto se han mostrado algunos dibujos de Ernesto Sempere, un preso que sobrevivió al penal y falleció en 2007, justo antes de que empezaran los trabajos de exhumación. En sus memorias escribió: "Mis mejores sueños eran siempre con pan. Soñaba con pan. ¿Cuánta hambre puede tener una persona para que sus mejores sueños sean un simple trozo de pan?".

Hubo agradecimientos para el Gobierno central, que ha concedido dos subvenciones para la exhumación y los análisis de ADN; para el alcalde de la localidad, Ángel Arce, muy implicado en los trabajos; y para los ayuntamientos de los lugares de procedencia de las víctimas (Arratxu, en Vizcaya, Campillo de Llerena, en Badajoz, Alcolea de Calatrava, en Ciudad Real y Alcalá la Real, en Jaén) que les ayudaron económicamente. También, un recuerdo constante al juez Baltasar Garzón, que quiso investigar los crímenes del franquismo: "Este es un acto de homenaje al pasado, y también de crítica al presente", ha declarado el presidente del Ateneo, Carlos París. "Porque todavía, ante el intento de hacer justicia a la historia, hay fuerzas que se oponen a ello, como muestra la persecución del juez Garzón. España todavía no se ha liberado de la mentalidad que el franquismo pertrechó".
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Los presos que soñaban con pan

156 republicanos de Valdenoceda (Burgos) murieron de hambre en la cárcel municipal durante el franquismo. Ayer comenzó su exhumación

NATALIA JUNQUERA - Valdenoceda - 11/03/2007

En el cementerio de Valdenoceda, un minúsculo pueblo de Burgos con 70 habitantes, hay un hombre con una sonrisa radiante. Se llama José María González y en su alegría no hay nada macabro. Es feliz porque tras diez años investigando, pidiendo permisos y ayudas económicas, ha conseguido que su abuelo, Juan Manuel González Fernández, republicano preso en la cárcel del pueblo y enterrado en una fosa común en el cementerio municipal, reciba "un funeral digno" y sea enterrado en un panteón honorífico con otros 155 compañeros republicanos muertos en el penal del pueblo entre 1938 y 1943.

"En casa siempre habíamos pensado que el abuelo había muerto en la guerra. Hasta que hace diez años, en 1997, mi padre, que entonces tenía 71 y nunca había hablado del tema, de repente dijo: 'Cuánto me gustaría saber dónde está enterrado. Ni siquiera tengo una foto suya'. Ahí empezó a hablar, por primera vez, de mi abuelo, y ahí nos enteramos de que no había muerto en la guerra, sino que se lo habían llevado preso cuando mi padre tenía 13 años. La última imagen de él que recordaba mi padre era saliendo esposado de casa", explica González.

Comenzó la investigación ayudado por su sobrino, Eneko. Encontraron una carta de los trabajadores del penal dirigida a su abuela en la que se le comunicaba que era viuda y se le informaba de que si quería recuperar los objetos que había dejado su marido -"dos mantas, un pañuelo, unas gafas y dos talegos de ropa deteriorada, mejor dicho, inútil", aclaraba la carta- debía pagar los portes: 3,40 pesetas. Encontraron también a un alcalde dispuesto, Ángel Arce, que en el instante mismo de conocerse en Valdenoceda, le hizo saber que "siempre había deseado enterrar como es debido a aquella gente". Y encontraron a un superviviente del penal, Ernesto Sempere, de Ciudad Real, quien, en un texto que dejó escrito en 2005, dos años antes de morir, despejó cualquier duda sobre la causa de la muerte de aquellas 156 personas: "La vida en la cárcel era tremendamente dura. De comer nos ponían un caldo infame, manchado, con una sola alubia que además, siempre tenía un bicho dentro. Recuerdo el hambre que pasamos, hasta el punto de que mis mejores sueños estaban protagonizados por algo tan simple como una barra de pan. Soñaba con pan. ¿Cuánta hambre puede tener una persona para que sus mejores sueños sean un simple trozo de pan?". Su hijo Manuel Sempere, era ayer otro de los que sonreía, emocionado.

A diferencia de la mayoría de las fosas de republicanos asesinados de la represión franquista, en la de Valdenoceda no aparecen balas, ni casquillos. "Los enterraron uno a uno a medida que iban muriendo. Y lo hacían en cajas porque hemos encontrado restos de esos pequeños ataúdes de madera", explica Jimmy Jiménez, arqueólogo de la Asociación de Ciencias Aranzadi y coordinador de la exhumación. "No los fusilaron. Simplemente, los dejaron morir".

"Eran los propios presos los que cargaban a hombros con sus compañeros muertos desde la cárcel hasta el cementerio. En realidad los enterraban detrás del muro del cementerio, pero el cura daba un responso, como a todos los demás. Yo tenía ocho o nueve años y era monaguillo, así que todos los días acompañaba al cura hasta la cárcel porque casi todos los días había algún muerto. Entraba en la cárcel como en mi casa. Los presos incluso me hacían juguetes. Los pobres se morían de hambre. Todavía recuerdo cómo se abalanzaban sobre las patatas crudas, comiéndoselas como si fueran manzanas, cuando salían a llevar al muerto hasta el cementerio", explica Justo Díaz, nacido en Valdenoceda hace 73 años.

Hace dos años, el cementerio se quedó pequeño. La parroquia decidió ampliarlo hacia la fosa de los republicanos y empezaron a aflorar huesos y recuerdos. Los esquivaron gracias a las indicaciones del monaguillo Díaz, que luego trabajó como enterrador. Algunos cuerpos no se podrán recuperar. Una pareja construyó un panteón que afecta a parte del yacimiento. Una de las piernas de los esqueletos exhumados ayer se perdía bajo la piedra de esa tumba vacía.

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Recuperados los restos de 15 republicanos a los que el fascismo dejó morir de hambre

Hasta 153 presos murieron en el penal de Valdenoceda, uno de los más duros del franquismo

España | Tercera Información | 07-03-2010 |

Entre 1938 y 1943, un total de 5.834 personas pasaron por el penal de Valdenoceda, en Burgos. Considerado una de las prisiones más duras de la posguerra, allí murieron de hambre y frío al menos 153 presos republicanos, que fueron enterrados por sus compañeros. Los restos de 15 de aquellas víctimas del fascismo han vuelto este sábado a brazos de sus allegados.

En un acto celebrado en el Ateneo de Madrid, la Agrupación de Familiares y Amigos de Fallecidos en el Penal de Valdenoceda ha devuelto a sus seres queridos los restos de 15 personas, de las 114 recuperadas por la sociedad de ciencias Aranzadi.

Además de los restos recuperados, otras 39 personas, 11 de ellas también identificadas, permanecen sepultadas en sus fosas. El motivo es que los represaliados fueron enterrados en un terreno, propiedad de Instituciones Penitenciarias, que en 1989 fue vendido a la parroquia para ampliar su cementerio cristiano. El resultado es que los reos fueron resepultados por nuevos enterramientos.

La muerte de estos 153 presos es conocida gracias a los datos del Registro Civil, pero los testimonios de los supervivientes relatan otras muchas desapariciones. Se sospecha que un número indeterminado de asesinados fue arrojado al Ebro o a algunas de las cuevas próximas.

El penal de Valdenoceda, cerca de la provincia de Álava, era en sus orígenes una fábrica de sedas. Bajo el edificio corría un canal del Ebro que abastecía de energía a la maquinaria. Tras el golpe de Estado franquista, la fábrica cerró y se transformó, según la asociación, en una de las más "terribles prisiones de castigo del régimen del general Franco". Pensado para 300 inetrnos, el penal llegó a albergar hasta 1.600 reclusos, cinco veces más de su capacidad.

Los presos cuyos restos han sido devueltos a sus familias son: David Díez Guinea, de Orduña (Bizkaia); Angel Mena Contreras, de Montiel (Ciudad Real); José Venzalá Carrillo, de Fuensanta de Martos (Jaén); Vicente Martín Gil, de Daimiel (Ciudad Real); Feliciano Alcaide Rodríguez, de Aldea del Rey (Ciudad Real); Dimas Almendro García, de Corral de Calatrava (Ciudad Real); Anesio Rodríguez Martínez, de Higón (Burgos); Isidoro Romero Moncada, de Torres de la Alameda (Madrid); Antonio Salazar Martín, de Sasamón (Burgos); Antonio García-Rayo, de Daimiel (Ciudad Real); José Antonio Quintanilla Pardo, de Fuencaliente (Ciudad Real); Bernabé Ruiz Castillo, de Jaén; Gonzalo Muñoz Torres, de Villafranca (Córdoba); Alfonso de la Morena Prado, de Aldea del Rey (Ciudad Real); y Juan María González de Mera, de Torralba de Calatrava (Ciudad Real).

Además, la asociación informó de que se consiguió la identificación genética de David Ruiz Ruiz (Burgos), cuyos restos aún reposan en Valdenoceda, debajo del último de los enterramientos nuevos.

Con capacidad para menos de 300 personas, "llegó a albergar a casi 1.600 presos de una sola vez, cinco veces su capacidad máxima
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