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Julián Casanova CATEDRÁTICO DE HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LA UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA : "Zaragoza debe honrar a los muertos a los que sus familias no pudieron llorar"
02/05/2010 D. L. G.
--¿Cómo es el proyecto que se quiere para el cementerio?
--La parte más importante es el memorial, que no sé qué forma tendrá porque aún están trabajando en él, pero hay un acuerdo para que aparezcan en él los nombres de los 3.500 fusilados que han estado ocultos. Y el resto, se trata de un recorrido donde localizar y explicar los lugares de memoria que hay.
--¿Qué significado tiene este trabajo en su trayectoria?
--Es una confirmación de que no estamos removiendo el pasado, sino honrando a muertos a los que sus familiares nunca pudieron llorar, gente que vivió con temor por ser familiar de un fusilado mientras los vencedores vivían felices y les recordaban la penuria que pasaban. Zaragoza debe honrarles.
--¿Procura referirse a estas víctimas como fusilados, no como asesinados?
--Hay una diferencia clara entre una persona a la que se le lleva a dar un paseo y le pegan un tiro en la nuca, y otra a la que se le conduce ante una tapia y frente a un pelotón reclutado por el ejército para matarle. Es el rito de la muerte propio de Zaragoza y de las ciudades que caen en zona sublevada desde el principio. El paradigma no era el de la guerra, que se les dejaba en las cunetas. Aquí se seleccionaba a la gente para que fuera fusilada en la tapia.
--Aunque no hubiera guerra, los muertos también fueron muchos.
--Muchos más. Donde más hubo fue en las ciudades que ocuparon los militares. Si fuera Lérida, tendríamos fusilados y asesinados del bando franquista y del republicano, pero aquí es que no hay guerra, hay un golpe militar. Aquí solo hay una memoria que dignificar y es la de muchas víctimas de la represión franquista.
--¿Qué otros lugares de la memoria hay en la ciudad?
--Fuera del cementerio, el lugar fundamental es Valdespartera, porque era un camino de salida de la ciudad, o algunos barrios rurales como Movera; o la vieja Facultad de Medicina, donde estaba el Anatómico Forense; el edificio de Capitanía o el antiguo Gobierno Civil. Pero muchos se los ha comido la modernidad.
--¿Entiende los argumentos de quienes critican su trabajo?
--No buscamos remover el pasado y nunca se ha hablado de justicia punitiva. Eso lo solucionó en su día la Ley de Amnistía, aunque se diga que son crímenes que no prescriben, y la transición, donde se votó la reforma política y nadie planteó la depuración de responsabilidades por la violación de los derechos humanos tan impresionante que hubo. Garzón ha abierto aspectos que tarde o temprano podía haber iniciado otro país. El problema es lo que pasó a partir del 39, el silencio, la humillación de las víctimas, el pasado oculto que hay y que no se enseña en las aulas. Hay que comprender el pasado y enseñarlo para que el futuro sea mejor. Un diputado alemán no dudaría en condenar la dictadura, pero en España sí. Los políticos no deberían tener dudas sobre la condena de la violencia, ya sea de un terrorista de ETA o una dictadura. Y cuantas más trabas se pongan a la investigación, más debate estúpido y peligroso se crea en la sociedad.
--¿Qué opina del camino que ha seguido el proceso abierto por Garzón y que ahora se le esté atacando a él?
--Él se inhibió del proceso un mes después de iniciar la investigación. Van a por él habiéndose retirado del caso. Lo que ha pasado no tiene sentido porque él no estaba ya. La comisión que se creó no funcionó, nadie buscaba a responsables políticos.
--¿Afecta a los investigadores?
--No, este ya es un proceso imparable porque cada vez tenemos más documentación. Eso sí, Garzón le daba una proyección social que la investigación histórica necesita y que, en este caso, nunca antes había tenido. Los medios de todo el mundo se preguntan qué está sucediendo. La polémica pasará y sobre la Guerra Civil y el franquismo quedarán los museos, los archivos que podamos divulgar y la educación, el resto se lo llevará el viento. Nos creemos que tenemos el pasado más traumático y ni siquiera somos capaces de hablar de lo que ocurrió. Francia vivió dos guerras mundiales, en la primera tuvo 1,5 millones de muertos y está plagada de lugares de memoria.
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domingo, 2 de mayo de 2010
Julián Casanova CATEDRÁTICO DE HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LA UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA : "Zaragoza debe honrar a los muertos a los que sus familias no pudieron llorar"
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