Poco a poco, los vestigios de la guerra civil y del pasado franquista desaparecen de Aragón. Es el caso del municipio zaragozano de Villanueva de Huerva, que ha apelado con éxito a la Ley de la Memoria Histórica para cambiar los nombres de cuatro calles.
Un tribunal contencioso-administrativo de la capital aragonesa sentenció recientemente que la modificación del nomenclátor local se atenía a la legalidad. Sin embargo, en determinados sectores de la población el cambio de denominación de tres de las cuatro calles no fue vista con buenos ojos. Ningún grupo político se opuso a que desapareciera el nombre de José Antonio (Primo de Rivera) de la plaza mayor. Pero no se ha logrado la misma unanimidad respecto a las calles hasta hace poco denominadas Pedro Felipe, Losilla e Inglés Alfonso.
"Se trata de los nombres de tres jóvenes del pueblo que fueron movilizados en la guerra del 36, que murieron en el frente y que, por lo tanto, no tuvieron nada que ver con la sublevación contra la República ni con la represión que siguió a la contienda", explica el abogado zaragozano Rafael Ledesma, que recurrió la decisión del ayuntamiento en nombre de dos vecinos a los que los nuevos nombres suponían un perjuicio económico.
Ledesma no tiene nada que objetar a la desaparición del nombre de José Antonio. Pero en cambio sostiene que la Ley de Memoria Histórica se convierte en un "falso pretexto ideológico" cuando se aplica a tres vecinos ya fallecidos que militaron en bando nacional "por una cuestión de mero azar geográfico", pues nada ha trascendido de sus afinidades políticas. El letrado, que presentará una nueva demanda, considera que "borrar del callejero a una persona que antes daba nombre a una calle constituye un oprobio para su memoria".
El alcalde de Villanueva de Huerva, Felipe Gómez Faure (PSOE), argumentó en la vista oral, celebrada el pasado 23 de febrero, que los cambios propuestos por el consistorio, con la oposición al menos del Partido Popular, encajaba en lo previsto en la Ley de la Memoria Histórica.
Además, Gómez convocó un concurso de ideas entre los vecinos para decidir qué nombres deberían recibir las calles seleccionadas. Una de las candidaturas más votadas fue la de un médico que ejerció en el pueblo.
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