Los trabajadores de Astilleros en aquel fatídico verano del 36 sabían que, antes de llegar a Matagorda, el tren que les llevaba al tajo reduciría su velocidad a la altura del paredón que hoy y entonces era la tapia del cementerio de Puerto Real. En aquella curva escucharían los disparos y sabrían que los cuerpos, como deshuesados, se harían un acordeón para caer al suelo. Cuerpos de sus vecinos. El plan era cruel: asustar a quienes formaban parte de la principal empresa de la zona. Sitúense en ese tren, escuchen los disparos. Pam, pam. Hoy esa vía sin uso está enterrada por retamas. Junto aquel paredón del cementerio, jugaban al fútbol de pequeños quienes hoy pretenden desenterrar la dignidad de quienes fueron abatidos. Esos niños de entonces, curtidos en las batallas de los astilleros de los 80, veían en el muro los boquetes que dejaron las balas. Hace tiempo que los taparon. Paseamos con ellos, recorremos el muro, por este solar deforme que es la escombrera de las urbanizaciones sin control levantadas en los alrededores. Al otro lado del muro, en el camposanto, hay lápidas rotas y amargos recuerdos.La Asociación de la Memoria Histórica de Puerto Real se empeña en que los recuerdos no mueran y, después de 30 años de investigación, por fin se ha constatado la realidad. El 'aquí enterraron a muchos en una fosa' ya no es una letanía que se escuchaba a los viejos. Aquí enterraron a muchos en una fosa y aquí están todos ellos, 74 años después. Sus huesos. Los pelotones de fusilamiento al amanecer no pueden matarlo todo, no pueden borrar su rastro. Para Paco Aragón y Pepe Gómez, encontrar a los fusilados era una obsesión. 38 veces cavaron, 38 socavones hicieron junto al paredón, de una punta a otra. Nunca apareció nada. Así hasta hace poco más de dos semanas, cuando llevados por testimonios de quienes aún lo recordaban y les insistían en que era allí y no en otro sitio donde los enterraron, al fin lo lograron. A Paco y a Pepe, afiliados a la CNT, con décadas de investigación a sus espaldas, hoy se les ve la emoción en la cara, mezclada con la tristeza de confirmar que, efectivamente, en la calle más ancha del actual cementerio de Puerto Real, reposan los restos de no se sabe cuántas personas. Ellos creen que puede haber alrededor de 80 de los 124 fusilamientos que tienen documentados. El georadar, un aparato que detecta tierra removida, dio con la clave en la primera prospección realizada por los arqueólogos de la Asociación. 1,50 metros de profundidad, dijo el georadar, pero no apareció ningún resto. Las mediciones les llevaron cuatro metros más adelante, en dirección al paredón, hoy repleto de nichos, la parte más antigua del cementerio. Allí, a 80 centímetros de profundidad, aparecieron los primeros huesos. El primer cadáver se encontró junto a unas zapatillas. A su lado, en posición inversa (los pies junto a la cabeza del primero), otro cadáver. Apareció bajo una capa de cal, por lo que no descartan que bajo estos restos encuentren más cadáveres. A continuación, se abrió una tercera fosa y a 1,17 metros encontraron un cráneo junto a un casquillo de bala de un mauser con las iniciales PS, que significa Pirotécnica del Sur (fábrica de armamento que había en Sevilla), con la fecha de 1936 y una zapatilla. A su lado, otra zapatilla, otro pie. Huesos, más huesos. Los pelotones de fusilamiento no pueden matarlo todo. Desde la Asociación especulan con que toda la calle, en la que se hicieron reformas para instalar el alcantarillado, pueda estar llena de cadáveres. A lo largo de los últimos 40 años se han realizado obras en esa misma zona. Paco y Pepe saben que ellos no son los primeros en ver esos huesos. Descubrieron los huesos y los volvieron a tapar. Según los datos que manejan, el más joven de los enterrados en estas fosas tendría unos 16 años, y el más mayor, más de 60. Sólo hay una mujer. Pero hay más. No es la única fosa dentro de este cementerio. Según un documento que obra en poder de la Asociación, 11 personas más fueron enterradas junto al antiguo monumento a Cuba, "y el georadar marca que hay movimiento de tierra". A partir de ahora, los arqueólogos tendrán que elaborar un proyecto al que la Junta de Andalucía tiene que dar su visto bueno. Contando con todos los trámites, no creen que puedan proceder a la exhumación de los cadáveres antes de nueve meses, para la próxima primavera. Además. intentarán que los familiares puedan hacerse las correspondientes pruebas de ADN en la Universidad de Cádiz para, a continuación, que cada familia proceda con el entierro si lo cree conveniente. De hecho, ya han venido desde Barcelona y Madrid para recabar datos. El que no sea reclamado por allegados, tendrá su sitio en el monumento a los represaliados que la Asociación tiene dentro del camposanto en la que figuran los nombres encontrados en los archivos de los que murieron en los amaneceres. Con la emoción del hallazgo se mezclan las dudas. Cada prueba de ADN, en un diente, pongamos por caso, que es lo más fiable, tiene un coste de 600 euros y para identificar un cuerpo hacen falta varias pruebas. ¿Quién va a costear esto? La Asociación espera contar con el apoyo de Junta y Diputación. Un alto dirigente socialista comentó en su día que "hemos aprobado una Ley que me temo que no podremos pagar". Lo decía antes de que la crisis cayera sobre nosotros. Desde la propia Asociación saben que no pueden contar con los jueces: "Ninguno, o casi ninguno , va a a ordenar una exhumación visto lo que ha pasado con Garzón. Hay que hacerlo a través de la Ley de Memoria Histórica y eso necesita financiación", reconoce Paco.Cristóbal Orellana es un investigador que pertenece al proyecto andaluz Todos los Nombres. Es pesimista al respecto, por lo que se marca objetivos aparentemente más modestos. "Ahora estamos ultimando un trabajo de coordinación de un dossier sobre memoria histórica, guerra civil y represión franquista en Jerez. Pretendemos establecer un censo, pues todo lo que hay hasta ahora carece de un tratamiento historiográfico que pueda ser considerado científico, establecer un modelo riguroso de investigación basado en una metodología de contrastación de fuentes entre sí, y desvelar las fuentes documentales una a una donde se encuentra toda la información sobre los asesinatos".En la finca El Marrufo, entre Puerto Galis y La Sauceda, en el término municipal de Jerez pero casi lindando con Jimena, se cree que existe la mayor fosa de Andalucía de represaliados en la Guerra civil. Puede haber entre 300 y 600 cadáveres. Allí se montó en el 36 un centro de detención para todos los que huían de los sublevados en la Sierra. La Junta hizo una declaración de intenciones el pasado mes de diciembre, el propietario de la finca, Jaime González Gordon, autorizó las excavaciones, pero más de seis meses después no se ha realizado ningún trabajo en esa fosa. Avanzamos por el cementerio de Puerto Real y Pepe hace mención al monumento a los caídos del otro bando. Les pedimos que nos lo enseñen. "Estaba por aquí..." No lo encontramos. "Tenía los nombres de quienes murieron en el frente", explica Pepe, cuyo padre, un jornalero, luchó en Córdoba con los franquistas. "El no sabía nada de política, sólo sabía de cómo sacar adelante su casa" . Paco cuenta entonces la historia de su familia. "Mi abuela vivía en La Casería y había un cabrón falangista que era un violador. Mi abuela escondió a sus niñas en un lugar próximo. Allí pasaron meses". Sigue sin aparecer el monumento. "Si hubiera fosas de nacionales, también habría que buscarlos", asegura Pepe, que no entiende de las dos Españas, sino de un capítulo no cerrado de nuestra historia. En las oficinas del cementerio investigan y nos dicen que ese monumento lo quitaron hace años, cuando se privatizó el cementerio. Esos nombres, por tanto, ya no están, pero al menos tienen una sepultura. Estos huesos sobre los que caminamos ahora ni siquiera tienen eso. En su día fueron cuerpos amontonados. Disparos junto a la vía. Ese paredón, ese amanecer, esa muerte...
1. La tapia del cementerio de Puerto Real que sirvió de paredón en el verano de 1936. Se calcula que allí mataron a 124 personas. 2. Casquillo de mauser que se encontró junto a uno de los cráneos hallados en la fosa. 3. El pie de uno de los cuerpos. Se encontraba muy cerca de la superficie, a menos de un metro. Fueron los primeros huesos que aparecieron. 4. Extracto del diario de un hombre en el que se señala dónde se encuentran otros once cuerpos. 5. El arqueólogo de la excavación mide la profundidad a la que se hallaron los primeros cuerpos. 6. El cráneo de uno de los fusilados en la tapia del cementerio.
1 comentarios:
Amargo recorrido.
Amargos recuerdos.
Tiempo impune.
Pero la realidad sale a la luz, se constata.
Y ésta es una manera de resucitarlos.
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