Fui comentando algunas de las fotografías hasta que llegué a una en la que aparecían varios presos republicanos.
-Aquí podéis ver presos republicanos -les expliqué- en uno de los campos de concentración de después de la guerra civil.
De repente, una señora que se hallaba a mi espalda saltó como un resorte:
-Con Franco no existieron campos de concentración, existieron cárceles. Los campos de concentración existieron en Alemania y Rusia, pero no aquí. No tergiverse las cosas -exclamó irritada-. Los presos tenían un juicio y a los cinco años les dejaban libres.
Por supuesto, fue imposible convencerla de lo contrario. Todavía tengo el mal sabor en el cuerpo. Muy a mi pesar, y al suyo, supongo, hubo cientos de campos de concentración durante el franquismo donde malvivieron cientos de miles de españoles (y muchos, alrededor de diez mil, no pudieron contarlo). No fueron campos de exterminio físico como los alemanes y los rusos, es cierto, pero sí de prisioneros y de trabajo. Sus condiciones de vida a menudo fueron peores que las mínimas.
Sorprendentemente, o no, los estudios historiográficos acerca de ellos han sido poquísimos, pero cada vez aparecen más trabajos científicos. Me remito a las palabras de Javier Rodrigo, uno de los historiadores que más han contribuido a sacar a la luz esta parte de nuestra historia:
"Había contacto entre los prisioneros y la población. Incluso algunos, por trabajo o por matrimonio, se quedan a vivir allí, para siempre. Pero es raro, porque en los campos, más que estar de vacaciones, estaban sometidos a tortura, a trabajos forzados, a una reeducación tremenda a base de malos tratos, de humillaciones, de conferencias patrióticas de los curas. Muchas veces, existe la impresión de que los campos franquistas eran cutres, que no funcionaban bien, que los presos se morían de hambre... pero no es eso. Funcionaban tan bien que los prisioneros se morían de hambre porque era la intencionalidad con la que nacían".
"Comparativamente, el de España es el fenómeno de campos de concentración más importante de Europa, después de Alemania. Que no hubiese habido investigación ni política de homenaje, me parece bastante sintomático de lo que es la política democrática del país. De 188 que hubo, entre estables y provisionales, sólo tres tienen recordatorios. Pero nada se dice de lo que fue, en su día, el Palacio de la Magdalena en Santander, la sede de la UIMP, o el parador de San Marcos, en León, y, en el Valle de los Caídos, tampoco hay ninguna placa de quién lo construyó, ni se habla nada de los veinte mil presos políticos, de cuantos murieron, de por qué fueron puestos a trabajar allí".
Señora, lo siento, pero en España sí existieron campos de concentración franquistas. Y muchos. Demasiados.
ymalaga.com
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