domingo, 21 de noviembre de 2010

Franco, a 35 años del fin del terror

Cómo pasó de ser un militar indeciso, obsesivo y odiado por sus pares a la persona más poderosa en la Historia de España. El ascenso de un hombre al que no le importó sacrificar todo un pueblo para sostener sus ideas fascistas.
Imagen de Franco, a 35 años del fin del terror
Franco se fue dejando detrás suyo un país muy distinto al que encontró cuando se alzó como dictador. Ilustración: Costhanzo
El 20 de noviembre de 1975, a los 83 años, el dictador español Francisco Franco moría en su país luego de sufrir una lenta agonía. En su última aparición pública sus seguidores pudieron observar cómo la persona que había comandado a sangre y fuego los destinos de España por más de 30 años se encontraba abatida por la edad y el Parkinson: esa fue su imagen final. Una que no correspondía con la fuerza que había acumulado, ni con los cambios que había realizado en la península. Una distante, anacrónica: una que no llegaban a entender.

Franco se fue dejando detrás suyo un país muy distinto al que encontró cuando se alzó como dictador. Sus ideas marcaron para siempre la historia de España. El 20 de noviembre de 1975 fue el punto final de un proceso largo y oscuro que todavía late trémulo en la memoria de miles de españoles.



La II República, antesala del horror

Antes que Franco llegase al poder, España se encontraba en una situación política muy particular. En el año 1931 el rey Alfonso XIII se da cuenta, luego de evaluar el resultado de las elecciones municipales, que su régimen no tiene el apoyo del pueblo. Las grandes ciudades ya no querían un sistema monárquico y ahora los partidarios de izquierda habían acumulado la suficiente fuerza para hacerse escuchar. Sin el apoyo del Ejército ni de la Guardia Civil, el monarca optó por huir. Y así dejó el país en manos de aquellos que querían instaurar una república  democrática.

Nació entonces, en un hecho que significó un avance dorado para el país, un nuevo régimen: La II República. Se designó un presidente y comenzaron a delinear una serie de cambios radicales que harían evolucionar todos los ámbitos de la sociedad española. Se redactó, además, una Constitución; es decir, el camino para organizar una democracia en una España que ahora sería laica (por primera vez se separó a la Iglesia del Estado) y que protegería a sus pobres campesinos mediante el reparto de tierras.

Pero el proyecto chocó con la dura realidad del momento. La Gran Depresión económica, sumada a la lentitud con que se aplicaban las nuevas medidas, llevó a este régimen al fracaso. En 1933, a sólo dos años de la creación de la República, se convocan elecciones anticipadas. La derecha conservadora gana y anula todos los cambios que los comunistas habían planeado, como el reparto de tierras. La población, al ver que lo prometido estaba quedando sólo en palabras, se sumió en un descontento que desató levantamientos anarquistas. Huelgas, sublevaciones y atentados comienzan a ser moneda corriente; izquierdistas y derechistas luchan sin tregua en las calles. En nuevas elecciones el Frente Popular de izquierda toma el poder otra vez y reforma el gobierno. Pero ya era demasiado tarde: la polarización de la política española había creado dos bandos que estaban dispuestos a matar o morir por sus ideales.

En 1936 los enfrentamientos entre ambos grupos producen decenas de muertos. En consecuencia, los generales José Sanjurjo, Emilio Mola y Francisco Franco llevan a cabo ese año un golpe de estado que, debido a su fracaso por cuestiones logísticas, daría comienzo a la Guerra Civil Española.



La Guerra Civil y el ascenso de Franco

Los insurgentes, apoyados por la Iglesia, se dieron cuenta de que los comunistas y anarquistas, además de contar con el apoyo de la Guarda Civil, estaban bien armados en milicias y decididos a presentar batalla. Comenzó, entonces, una larga y cruel guerra entre aquellos que querían mantener una democracia y los militares que consideraban que sólo una dictadura podía devolverle al país su norte político. El país quedó literalmente dividido. Desde el comienzo, los regímenes fascistas europeos apoyaron a los golpistas. Ellos no querían ideas comunistas cerca de sus países. Tanto Hitler como Mussolini ayudaron a Franco con aviones y tropas, elementos valiosísimos que movieron la balanza hacia el lado fascista.

Así, todas las ciudades fueron cayendo en manos de los nacionalistas. Le llevó al futuro dictador tres años tomar el país. En ese tiempo Franco se había quedado solo, convirtiéndose en la cabeza de la sublevación: tanto Sanjurjo como Mola morirían en accidentes aéreos. El objetivo final era Madrid, plaza que pudo ocupar en abril de 1939; con ese hecho culminó la Guerra Civil Española (si bien los historiadores no se ponen de acuerdo, se cree que hubo casi un millón de muertos y 400.000 exiliados) y Franco obtuvo el poder total: se había convertido en el hombre más poderoso en la historia de España.



Su dictadura

Franco nunca había estado seguro sobre el golpe del 36'. De hecho, se había ganado el odio de sus pares por su indecisión y tardanza. Se sumó al proyecto al final, aún lleno de dudas.

Durante la II República se mostró obediente al régimen, aunque fue él quien comandó exitosamente la Legión de Marruecos contra la revolución de Asturias, fuerza con la que aplastó de forma cruel a la izquierda, demostrando su odio hacia el sistema democrático. Una vez en el poder, su dictadura fue cambiando de forma según los intereses del momento.

Inicialmente desarrolló una típica: control absoluto de los medios, censura, culto a su persona, junto a un ejército que participaba en todos los asuntos políticos. Cualquier opositor era fusilado, fueran intelectuales, militares o políticos. Durante la Segunda Guerra Mundial su régimen se acercó a las potencias invasoras. Si bien su postura fue la de no beligerancia, ayudó a Hitler -a quien idolatraba- abasteciendo a sus tropas y flota.

Pero los fascistas no triunfaron, y el dictador prefirió desprenderse de ellos para lograr un acercamiento con las potencias aliadas y así evitar una condena internacional. La ONU, empero, no aceptó a España como miembro. Países como Francia, Inglaterra y EE.UU. aislaron económicamente a la península; sólo la Argentina de Perón y de Evita le enviaría alimentos.

Como era de esperarse, durante la Guerra Fría la postura de EE.UU. cambió: ahora las tierras españolas eran perfectas como base contra Moscú. La apertura internacional llegará en la década del 50', con la activa ayuda de Eisenhower. El fin del bloqueo llevó a España a un crecimiento económico sin precedentes que le permitió terminar con su ineficiente sistema autárquico, y que le dio al régimen franquista un nuevo impulso revitalizador.

Así comandó los destinos de España por décadas. Cuando los años comenzaron a marchitar su mente y cuerpo, se buscó un heredero. Juan Carlos de Borbón fue el elegido, y quien heredó el país luego de la muerte del dictador. De ahí en más comenzaría la reconstrucción democrática de España; declaró el día de su coronación: “Hoy comienza una nueva etapa en la Historia de España; una sociedad libre requiere la participación de todos los foros de decisión, en los medios de información y educación.”

Franco fue un militar de alma. Su pasión por el servicio sólo se comparaba con su desmedida ambición y conservadurismo. Hoy, a 35 años de su muerte, España puede mirar su complicado presente con la tranquilidad de saber que no todos los tiempos pasados fueron mejores.