miércoles 6 de mayo de 2009

Unas cien personas pudieron morir en Jinámar tras el 36.

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Unas cien personas pudieron morir en Jinámar tras el 36

Ángeles Arencibia Las Palmas de Gran Canaria

Al menos un centenar de personas pudieron morir en la Sima de Jinámar tras el golpe militar de 1936, según cálculos «prudentes» del historiador Sergio Millares Cantero. En la fosa natural estarían los 28 de Agaete, los de Las Palmas de Gran Canaria y algunos procedentes de Telde.
Alrededor de cien, pero puede haber más», precisa el historiador, experto en la etapa de la guerra civil y asesor de la Fundación Juan Negrín.

Millares Cantero elabora desde hace unos meses junto a otros historiadores y a miembros de las asociaciones de la memoria histórica de las Islas el censo de los desaparecidos del franquismo, en el marco de la Comisión para la Determinación de los Desaparecidos en Canarias.

La cifra de al menos un centenar de personas arrojadas a la Sima de Jinámar es fruto de este trabajo de recopilación. Tras conocer por este periódico que los restos óseos echados en falta en la sima, habían sido extraídos por una unidad de la Guardia Civil en el curso de una investigación sobre los niños desaparecidos- según informó el Cabildo que es, a su vez, responsable del lugar declarado Bien de Interés Cultural (BIC) -, Millares denunció ayer «la descoordinación» entre instituciones y el hecho de que «nadie sabe qué hacer con la Sima de Jinámar; parece que les quema en las manos».

Con un tono vehemente, el experto reclamó una intervención «inmediata para evitar más deterioro», e indicó que la Ley de la Memoria Histórica faculta a las instituciones a llevar a cabo esta tarea. El historiador expuso que las dificultades técnicas que implica el carácter sinuoso del tubo volcánico están superadas en la actualidad. «Sólo es necesario un proyecto técnico, se saca a concurso... Ya está bien», agregó, «la gente necesita saber».

Opinó, además, que el hecho de que restos humanos fueran llevados al museo «sin que nadie lo supiera es un insulto a las personas que creen que tienen allí a un familiar».
500 en Gran Canaria.

La Comisión para la Determinación de los Desaparecidos en Canarias ha recopilado una lista provisional cercana a las 500 personas sólo en Gran Canaria. De éstas, unos 80 murieron en los pozos cercanos a Arucas. (el de Llano de las Brujas está siendo excavado y han aparecido 24). El resto hasta llegar al medio millar fueron arrojados en la Marfea y en la sima.
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"La élite que protegió, alentó e indujo al crimen y a la represión en la Guerra Civil sigue en el poder "poderpoderpoder".

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"La élite que protegió, alentó e indujo al crimen y a la represión en la Guerra Civil sigue en el poder "poderpoderpoder"

El conde Rossi y su "lacayo", el cura Julián Alcover protagonizan ‘La noche del Diablo’, una documentada narración sobre los sucesos del 36 en Mallorca.

LOURDES DURÁN. PALMA.

En el principio fue el Verbo. Luego la palabra se hizo carne. Un viejo hombre agoniza. Un teatino. Ha sido testigo y cómplice silencioso de las matanzas del conde Rossi, los Dragones de la Muerte y la Falange en los inicios de la Guerra Civil en Mallorca. Miguel Dalmau alumbra una novela, La noche del Diablo (Anagrama) que a la manera de crónica enarbola una verdad incómoda: "A excepción de los grandes hoteleros, la élite del poder que protegió, alentó e indujo a la represión y al crimen, a día de hoy, siguen ostentando el poder".

El colaborador de DIARIO de MALLORCA, laureado y reconocido por sus biografías sobre Oscar Wilde, los Goytisolo y Gil de Biedma, puntualiza: "Siempre he estado narrando historias. Mis biografías son novelas de no ficción".

–¿Qué le atrajo del conde Rossi?
–Me gusta escribir sobre personajes fuertes que tienen fisuras y lados oscuros. Lo que más me interesa es el desplome de los héroes. Y La noche del Diablo es la historia de un falso héroe. Dicho esto, apuntar que me interesa como pretexto en la recreación de la novela. Jamás he querido escribir El Evangelio según Rossi.

–Un falso héroe que fascina al verdadero personaje de su novela, el cura Julián Alcover, inspirado en Julián Adrover, "lacayo" del fascista.
–Lo elegí porque es testigo de hechos capitales. Me gusta ese pequeño testigo de la gran historia como ya sucede en El gran Gatsby. Mi novela sigue el esquema de Scott Fitzgerald, Hemingway y Bassani.

–Y mucho de Josep Conrad.
–Sí, sí. Fue de los primeros que trabajó la línea del mal. Mi novela gira sobre dos ejes, el mal y el miedo. El terreno más literario, la novela más alucinante e increíble que se podía escribir sobre la Mallorca del siglo XX es la de la Guerra Civil. La historia de esta guerra es un western. Tiene todos sus elementos: una sociedad que vive tranquila, vienen los malos, se da una invasión de extraños y se pide ayuda a criminales con la aprobación de la clase dominante.

–Un ‘western’ con nombres y apellidos. ¿Es usted muy osado?
–¡Eso parece! Hay que derribar el mito de que fueron los forasteros, los catalanes y los italianos los responsables, olvidando que hubo familias mallorquinas muy conocidas implicadas. Hubo mil muertos antes de la llegada de los fascistas.

–¡A algunos mallorquines les molestará que venga un catalán a contarlo!
–¡Yo agradecería que hubiera mallorquines valientes que me contaran la historia negra de mi ciudad, Barcelona!

–Su prosa es de bisturí fino. Es decir, a excepción del episodio del médico Ciria, un oasis en su lectura, no concede ni un respiro al lector.
–(Ciria es un homenaje a mi padre). Sé que voy a recibir palos por los dos lados porque he huido de maniqueísmos. La fascinación del mal es un hecho en la vida. Sabes que te equivocas pero no tienes ni fuerzas. Es como el que dice ‘sí me enamoré de ella porque era una mujer fatal’. Se trata de provocar incomodidad en el lector. El arte que no la provoca ni cabrea no vale la pena.

–Sí, pero sus personajes son dantescos y si me lo permite, a través del cura Alcover, que es el narrador, parece conducir al lector a esa fascinación hacia Rossi.
–Es cierto que el conde está edulcorado. Yo no podía hacer el retrato de un asesino en serie ni del típico hampón. En su origen, el fascismo y los totalitarismos seducen por las maneras, por sus ideas de que vienen a arreglar el mundo.

–¿Es intencionada la aparición de los perdedores, los republicanos, casi como una sombra?
–Quería indicar que los que no pintaban nada fueron perseguidos y asesinados. Personas que no tenían mucho poder y que, sin embargo y de manera arbitraria, fueron tratados como asesinos.

–¿Reconoce un estilo narrativo cercano a la crónica?
–Sí, es cierto. Será mi lado periodístico. En cualquier caso, en la guerra no hay artificio. Tenía que hacer una prosa con disparo, cargada de pólvora. La guerra es una experiencia de verdad. No hay recreación alguna. Quería fusilar al lector, que entrara en acción.

–En su fogueo de papel, el clero tiene un papel primordial en los crímenes y la represión fascistas.
–Denuncio su silencio cómplice y soy generoso con la palabra cómplice, pero no quería un anticlericalismo fácil. Aquí se dio todo el espectro lumínico de la conducta del clero, desde sacerdotes de Falange que asesinaban hasta mártires como el padre Jeroni Alomar que se enfrentó a los falangistas. Frente al espectro, busco el término medio. Me interesa ese papel cobarde, y la Iglesia lo tuvo.

–¿Se sitúa su obra en la recuperación de la memoria histórica?
–Es para oxigenar. Creo, mi generación que no la hemos vivido pero nos hemos criado con ella, que se puede ser ecuánime y valiente.

–Antes decía que le iban a caer palos de los dos lados. ¿Provocará una ‘guerra civil’?
–Mi novela es una crítica a la versión progre de la guerra. Toda la narrativa de esta época se ha hecho desde el ángulo de la progresía, con cercas al frente, desde postulados progresistas y con objetivos de autocomplacencia ideológica.
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"España fue un laboratorio de los horrores"

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"España fue un laboratorio de los horrores"

www.elpasmo.net

"España es un país al que le da miedo revisar su pasado, aunque esté muy lejos y sea irrepetible", opinó el escritor.

El reconocido escritor español Benjamín Prado, autor de "Mala gente que camina", consideró en la Feria del Libro de Buenos Aires que es necesario que la Justicia de su país investigue el robo de niños durante el franquismo para cerrar "las sombras de la historia".

Prado llegó a Argentina para participar de la Feria Internacional del Libro en Buenos Aires, donde presentará esta obra que trata sobre la sustracción de pequeños a los republicanos para ser entregados a familias a fines al régimen franquista (1939-1975).

"La justicia no quiere investigar el robo de niños. En España, todo el mundo está obsesionado con que la transición política fue perfecta, pero todavía hay símbolos dictatoriales y fosas comunes donde fueron enterradas víctimas del régimen", sostuvo.

El escritor explicó que el libro es el resultado de una investigación de unos cuatro años, que aborda distintos casos de sustracción de chicos, algo que "muchos desconocían en España".
"Nadie sabía que había niños robados en España. Estamos hablando de más de 30.000 chicos, pero cuando antes mencionabas el tema, todos hablaban de Argentina o Chile, aunque también existía en nuestro país", manifestó Prado, autor de más de una decena de novelas, ensayos y libros de poesía.

El escritor opinó, sin embargo, que la Audiencia Nacional española "impide que se investiguen estos hechos del franquismo". "Al magistrado Baltasar Garzón le permiten que viaje a Argentina para investigar a los represores de este país, pero no le permiten investigar a los españoles", dijo.
"España fue una suerte de laboratorio de los horrores con niños robados, campos de concentración, trabajo forzado. Pero es un país al que le da miedo revisar su pasado, aunque esté muy lejos y sea irrepetible", sostuvo el autor, de 48 años.

Prado explicó que para llevar adelante la investigación realizó varias entrevistas, consultó archivos y leyó "cientos de libros de diputaciones y ayuntamientos que contaban casos de la represión en esos lugares".

"En algunos casos, las madres estaban con sus niños hasta los cinco o seis años y después los entregaban a una familia, pero varias veces eran devueltos, con lo que hay personas que tuvieron cinco apellidos diferentes. Otros eran entregados recién nacidos, por lo que no se sabe que ha pasado con ellos", señaló.

Pese a la crudeza de los relatos, Prado aclaró que el texto también es divertido gracias a las características del protagonista del libro, un profesor de escuela secundaria que investiga la historia de una enigmática escritora de la posguerra.

"Como la historia es tan triste, a muchos le pregunto si han reído con el libro, porque intento que pueda ser divertido a la vez", dijo Prado, quien anticipó que actualmente prepara otra novela que "abarca el proceso de transición política de España, aunque contado desde la actualidad".
"Se trata de revisar la historia, el pasado", explicó el autor, quien se presentará hoy en la Feria del Libro de Buenos Aires y también ofrecerá esta semana charlas en las ciudades argentinas de Rosario y La Plata.

Fuente: EFE
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Pablo Martínez: «Debemos darnos cuenta de los errores para poder vivir el presente»

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Pablo Martínez: «Debemos darnos cuenta de los errores para poder ...

Pablo Martínez: «Debemos darnos cuenta de los errores para poder vivir el presente»
El historiador abrió en Moreda las jornadas «Memoria de los nietos»

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de Cabacheros, en Felechosa. Caudal

Moreda (Aller), C. M. B.

El historiador y vocal de la Asociación «Todos los Nombres» Pablo Martínez dio ayer una conferencia en la Casa de Cultura que sirvió como pistoletazo de salida para las actividades que se organizarán en el concejo, a lo largo de la semana, con motivo de la celebración de las jornadas «Memoria de los nietos». El discurso de Martínez, titulado «Una aproximación a la represión franquista en Asturias», ofreció a los asistentes un recorrido completo sobre la época que vivió el Principado durante y en los años posteriores a la Guerra Civil. Y es que, según el historiador, son más de 17.000 asturianos «los desaparecidos, muertos en combate y fusilados judicialmente». Esta cifra no cuenta «a los que fueron fusilados sin ser sometidos a juicio previo».

Martínez aseguró que el principal objetivo de «Todos los Nombres» es «echar la vista atrás y darnos cuenta de los errores que cometimos, para aprender de ellos y poder vivir el presente». Como ejemplo, el historiador pone «al pueblo alemán, que ha sabido reconocer las cosas que ha hecho mal en otros tiempos». Otro miembro del colectivo, Víctor Pascual, fue el encargado de presentar la exposición «Memoria de los nietos», que estará abierta al público toda la semana en la Casa de Cultura.
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Adios a una fosa

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Adios a una fosa

Ante la imposibilidad de poder “dignificar” la fosa por la negativa de la alcaldesa de Frechilla, perteneciente al PP, y apoyada en la mayoría absoluta que este partido mantiene en el consistorio...

AHAZTUAK 1936-1977 4-5-2009
www.kaosenlared.net/noticia/adios-a-una-fosa


-->La falta de respeto de la corporación municipal de Frechilla ha obligado a los familiares de los asesinados a la exhumación

Frechilla es un pueblo pequeño de poco más de doscientos habitantes, situado en la comarca de Tierra de Campos en la provincia de Palencia. En esta pequeña localidad de la Castilla profunda, en uno de los laterales de la ermita dedicada a San Miguel situada a un kilometro del pueblo, una fosa común acoge aún, aunque por poco tiempo más, los cuerpos de catorce vecinos de la cercana localidad de Paredes de Nava asesinados el 3 de Septiembre de 1936.

En torno a esta fosa han estado trabajando desde el pasdo 26 de Abril alrededor de una veintena de personas entre familiares y miembros del equipo de arqueólogos y voluntarios pertenecientes a la ARMH (Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica) de Valladolid y Palencia que han venido realizando los trabajos de exhumación de los cuerpos, con el objeto de que estos sean trasladados, tras su identificación, al panteón de Paredes de Nava donde ya reposan los restos de mas de una decena de vecinos de este pueblo tambien asesinados por la escuadras fascistas en 1936.

En este grupo han estado integrados, colaborando en los trabajos de exhumación, dos miembros de la asociación vasca Ahaztuak 1936-1977, asociación recientemente galardonada con el “Premio Gernika a la Paz y a la Reconciliación 09”. Una de estas personas es Belén Larrea Vián, nieta de Emiliano Vián, uno de los enterrados en esta fosa que se ha quedado hasta que los trabajos de exhumación han finalizado. Belén es, como nieta de uno de los aquí enterrados y como ciudadana vasca, un ejemplo –uno de tantos- de esa memoria histórica de Euskal Herria que incorpora la memoria de tantas personas y familias de la geografia peninsular que tras la victoria franquista debieron emigrar a otras zonas en busca de intentar eludir el acoso de los vencedores en su lugar de origen donde estaban marcados. Muchas de ellas llegarian a Euskal Herria y aqui se afincarian, diluidos las más de las veces entre la llamada 'emigración económíca' de fines de los años 40, 50 o 60.

Es ella la que nos comenta que esta exhumación es algo a lo que los familiares de los aquí asesinados se han visto obligados ante la imposibilidad de poder “dignificar” la fosa por la negativa de la alcaldesa del pueblo perteneciente al PP, apoyada en la mayoría absoluta que este partido mantiene en el consistorio. “LLevabamos varios años pidiendo poder señalizar la fosa con una placa en memoria de nuestros muertos, poder poner la fosa de una forma adecuada y poder cuidarla como lugar de memoria tanto familiar como colectiva que es – dice- pero siempre nos hemos encontrado con la negativa frontal del ayuntamiento y de su alcaldesa actual, seguidora de las posturas del anterior alcalde tambien del PP que incluso llegó a instalar unas barbacoas sobre el lugar que sabian que ocupaba la fosa y que ahora hemos tenido que quitar para proceder a la exhumación”. “Es por ello –continua Belén- que a pesar de que hubiésemos preferido que siguieran aquí todos juntos hemos decidido exhumar sus cuerpos y trasladarlos al cementerio de Paredes, para que reposen en una tumba digna junto a los otros asesinados del pueblo”. Aunque los trabajos de exhumación estaba previsto que terminaran el pasado martes estos se han prolongado varios días más al aparecer una persona del lugar, testigo de aquellos hechos, que ha desvelado que no eran catorce los alli asesinados y enterrados sino dieciseis. «Este vecino tenía diez años cuando presenció cómo trajeron a los represaliados en dos carros, los descargaron y echaron los cuerpos en una fosa excavada por el enterrador», explica Julio del Olmo, coordinador del equipo de arqueólogos de la asociación de Valladolid, quien confirma que han corroborado la versión de este testimonio.

«Hemos visto que una parte de uno de los cuerpos que ya habíamos descubierto se adentraba en una zona de tierra que no habíamos excavado, por lo que hemos cavado un poco y hemos visto que dentro había más restos», indica Julio del Olmo. Tras ello deberán comenzar tambien a investigar acerca de la identidad de los nuevos cuerpos que se vayan hallando, tres o más, que son aún parte de esas decenas de miles de desaparecidos que áun esperan identidad y justicia.

“Llegaron en dos carros –cuenta este testigo- aquel 3 de septiembre de 1936, serían las o­nce de la mañana y los tiraron sin ningún orden”. Asi es como se van encontrando los cuerpos desordenados, uno encima de otro en un forzado abrazo eterno que parece quisiera protegerlos para del horror vivido, los miembros entremezclados y las calaveras con los agujeros producidos por los tiros de gracia.

Llegaron asi, como él cuenta, y se han ido setenta y dos años mas tarde dejando atrás una fosa vacia y en sus familias las lagrimas y la herida aún viva de su ausencia. Llegaron para ser muertos y enterrados en esa fosa por orden de aquellos que inauguraban con un golpe militar la Nueva España: Mola, Jose Antonio Primo de Rivera, Francisco Franco…

Hoy aquellos que decretaron su muerte ya no están pero sin embargo los restos de Emiliano Vián y sus compañeros han debido de ser exhumados y llevados a otro lugar porque incluso hoy, incluso ahora, siguen siendo “los rojos” para los que mandan y para los que obedecen en este municipio de la democrática España gobernado por un tambien democrático partido, en este municipio donde su gobierno municipal ha decidido que no hay lugar para una tumba digna que albergue sus restos ni para una placa que señale su nombre y su memoria.

Y Emiliano Vián y sus compañeros asesinados y enterrados aquí aquella mañana de septiembre de 1936 han pasado hoy en su despedida de esta fosa que durante setenta y dos años ha albergado sus huesos por las calles y la plaza que en honor de sus asesinos sigue manteniendo este pueblo: Calle General Mola, Calle Jose Antonio Primo de Rivera, Plaza Generalisimo Franco…

(Texto y fotos: servicio de prensa de Ahaztuak 1936-1977)
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martes 5 de mayo de 2009

La "maleta mexicana" de Capa arroja luz sobre el exilio español.

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La "maleta mexicana" de Capa arroja luz sobre el exilio español

Los negativos inéditos del fundador de Magnum, Gerda Taro y Chim se revelan como un documento único sobre la Guerra Civil y los horrores que le siguieron

BARBARA CELIS - Nueva York - 05/05/2009

El tesoro fotográfico escondido en la "maleta mexicana" va más allá de la pura fascinación por las imágenes que tres de los mejores fotógrafos de la historia captaron en la Guerra Civil española. La digitalización de los 4.300 negativos que, al igual que miles de españoles, se exiliaron primero en Francia y después en México y permanecieron escondidas en una maleta (que en realidad eran tres cajas) hasta diciembre de 2007, está arrojando nueva luz no sólo respecto al trabajo realizado durante aquel conflicto por Robert Capa, Gerda Taro y Chim (David Seymour), sino también respecto a las condiciones de vida a las que estuvieron sometidos los españoles forzados al exilio.

Robert Capa
A FONDO

El proyecto de recuperación del material se detallará en un documental

El pasado viernes, justo después de que el International Center of Photography (ICP) de Nueva York (fundado por Cornell Capa, hermano de Robert) anunciara que todos los negativos de la maleta recuperada (y que hoy está en sus manos) habían sido escaneados, el Centro Juan Carlos I de la New York University organizó un simposio bajo el título Documentando a los desplazados: imágenes de los refugiados de la Guerra Civil española.

Allí se mostraron, entre otras cosas, unas 40 imágenes inéditas, recién salidas de la maleta, que reflejan las condiciones de los campos de refugiados del sur de Francia y que el casi medio millón de republicanos que los sufrieron consideraban campos de concentración. "Así fue como se refirió a ellos mi padre toda su vida", aseguró una de las asistentes, Ángela Giral, nieta de José Giral, quien fue presidente de la Segunda República. Giral recuerda cómo su padre le contaba que los guardas senegaleses del campo de Argèles les pegaban culatazos con sus rifles y después les quitaban el reloj. "La Guerra Civil española es el primer conflicto en que queda visualmente documentada la violencia contra la población civil. Se han escrito muchos libros sobre las condiciones de vida de los españoles en aquellos campos, pero estas imágenes son uno de los primeros documentos visuales. De ahí la importancia, más allá de la fotografía, de estos fotógrafos pioneros" afirma Giral.

El padre de Ángela pasó varios días en Argèles, un lugar que las fotos de Robert Capa muestran en toda su crudeza: de la maleta han salido 352 imágenes tomadas en marzo de 1939 allí y en los campos de Bram y Barcarès. "Se conocían unas cinco fotos de cada carrete, pero el resto del material es inédito. Esto nos permite entender también el proceso de trabajo de estos fotógrafos, que encontraron en estos campos la expresión definitiva de la pesadilla de la desolación", explicó durante la presentación Cynthia Young, comisaria del ICP. Las imágenes de los exiliados españoles del sur de Francia estremecen por su parecido con la tragedia que muestran las imágenes de refugiados de cualquier otro lugar del planeta en conflictos actuales. Hombres que yacen en el suelo cubiertos con una manta raída, gente hacinada en tiendas de campaña, filas de personas transportando sus escasas pertenencias...

Entre los muchos tesoros desvelados en el proceso de escaneado de los 136 carretes se ha encontrado el negativo perdido de la foto de Chim Land distribution meeting, tomada en Extremadura en 1936. Un tercio de las imágenes pertenecen a Chim, entre ellas fotos inéditas de La Pasionaria, Federico García Lorca y Azaña, que según Young, "revalorizarán a ese fotógrafo". Sin embargo, pese a que había esperanzas de encontrar el negativo de la imagen más famosa de Robert Capa, El miliciano, su paradero sigue siendo un misterio.

La maleta mexicana también se convertirá en documental: Trisha Ziff, responsable de que los negativos viajaran de México al ICP, comienza este mes una coproducción con la productora catalana Mallerich que transformará en película el contenido de la maleta y los relatos que preservaba "para que los jóvenes de hoy conozcan su propia historia".
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Denuncian a la España franquista por inhibirse ante los crímenes nazis.

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Denuncian a la España franquista por inhibirse ante los crímenes nazis

La Fundación Pro Derechos Humanos asegura que Franco se desentendió de los exiliados.

PÚBLICO.ES / EFE - Madrid - 05/05/2009 13:10

El juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno, que instruye la querella de varios
supervivientes españoles del Holocausto contra cuatro miembros de las SS que ahora residen en Estados Unidos, ha acumulado a esta causa una denuncia por la "inhibición" de España ante los crímenes nazis.

La denuncia fue presentada en los Juzgados de Madrid -que han acabado remitiéndola a la Audiencia Nacional- por la Fundación Acción Pro Derechos Humanos (FAPDH), que relata en su escrito que tras la Guerra Civil miles de republicanos españoles cayeron en poder de los nazis en la Francia ocupada ante la pasividad del Gobierno de Francisco Franco, que no se interesó por ellos.

Según la FAPDH, las autoridades alemanas ofrecieron "de forma reiterada" a España la posibilidad de repatriar a sus nacionales, pero Franco se desentendió del asunto a pesar de ser consciente de que eso "conduciría a su internamiento en campos de concentración nazis".

Complicidad
Los denunciantes consideran que los hechos "evidencian la participación o complicidad, ya sea por acción u omisión, de las autoridades españolas en los crímenes contra la humanidad cometidos en los campos de concentración nacionalsocialistas contra ciudadanos españoles".

Los querellados están acusados de participar "en la persecución y castigo"

Ahora, esta denuncia se acumulará en una misma causa a la querella que varios supervivientes españoles presentaron contra cuatro miembros de las SS de los campos de concentración de Mauthausen, Sachsenhausen y Flossenbürg que ahora residen en EEUU y que están acusados de participar "en la persecución y castigo" de las personas que ingresaban en los campos.

Sólo en Mauthausen (Austria) estuvieron prisioneros más de 7.000 españoles, de los que murieron más de 4.300.
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Una fosa de Sevilla se reabre tras lograr fondos públicos

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Una fosa de Sevilla se reabre tras lograr fondos públicos

La exhumación estuvo más de un año parada por falta de financiación.

RAÚL BOCANEGRA - SEVILLA - 05/05/2009 02:00

"¿Qué vas a hacer conmigo?", le preguntó el jornalero Manuel España al falangista que lo llevó al cementerio para fusilarlo. Se conocían del trabajo en el cortijo. El militante bajó el fusil y le dijo que se fuera. Le dio una oportunidad. España echó a correr por encima de los nichos hacia la libertad. Pero otro falangista se la quitó. "¿Lo vas a dejar escapar?", dijo. Le pegó un tiro en la rodilla. Luego, lo remató. Corría el 17 de septiembre de 1936 en la Puebla de Cazalla (Sevilla).

Su cuerpo acabó en una de las tres fosas del cementerio de la localidad. Su nieta, la historiadora Mari Carmen España que ayer recordó la historia para Público no sabe si su cadáver es uno de los 17 que la Asociación Memoria Histórica y Justicia pudo rescatar hace más de un año en los primeros trabajos de exhumación.

La mezcla de restos humanos, la profundidad de la fosa (más de cuatro metros) y la necesidad de asegurar los paneles de nichos que rodean los cuerpos agotaron hace más de un año los 40.000 euros que les había concedido el Ministerio de Presidencia.

Apoyo psicológico
La asociación Memoria Histórica y Justicia reanuda hoy los trabajos dirigidos por un equipo de arqueólogos donde los dejó, gracias a otra subvención, también de 40.000 euros, ahora de la Junta de Andalucía. En las tres fosas de la Puebla (11.200 habitantes) puede haber enterradas unas 200 víctimas de la represión del franquismo, asegura Rafael López, presidente de la asociación. Para apoyar a las familias, Memoria y Justicia ha logrado la colaboración de Psicólogos sin Fronteras, que prestará sus servicios a quien los solicite. "No sé por qué, pero el pasado mal cerrado se hereda", comenta Carmen España.

Su abuelo fue trasladado a la Puebla junto a otros ocho hombres de la localidad de Lantejuela. Su culpa fue protestar porque se había visto a los falangistas, con los fusiles en la mano, escoltar a un grupo de mujeres con la cabeza rapada. Tenía 29 años, un hijo y otro que nació días después.

"El Estado debe asumir el trabajo"
"Es el Estado, y no las asociaciones, con exiguos medios, el que debe asumir el trabajo de la excavación y exhumación de restos de las fosas comunes de la Guerra Civil".
Es la opinión de Rafael López, presidente de la Asociación Memoria Histórica y Justicia. "El Estado debe poner los medios", remachó.
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Benjamín Prado aboga por investigar el robo de niños durante el franquismo

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Benjamín Prado aboga por investigar el robo de niños durante el ...

Benjamín Prado aboga por investigar el robo de niños durante el franquismo

4/05/2009 - 18:54

Buenos Aires, 4 may (EFE).- El escritor español Benjamín Prado, autor de "Mala gente que camina", consideró hoy en Buenos Aires que es necesario que la Justicia de su país investigue el robo de niños durante el franquismo para cerrar "las sombras de la historia".

Prado llegó a Argentina para participar de la Feria Internacional del Libro en Buenos Aires, donde presentará esta obra que trata sobre la sustracción de pequeños a los republicanos para ser entregados a familias afines al régimen franquista (1939-1975).

"La justicia no quiere investigar (el robo de niños). En España, todo el mundo está obsesionado con que la transición política fue perfecta, pero todavía hay símbolos dictatoriales y fosas comunes" donde fueron enterradas víctimas del régimen, sostuvo en una entrevista con Efe.

El escritor explicó que el libro es el resultado de una investigación de unos cuatro años, que aborda distintos casos de sustracción de chicos, algo que "muchos desconocían en España".

"Nadie sabía que había niños robados (en España). Estamos hablando de más de 30.000 chicos, pero cuando antes mencionabas el tema, todos hablaban de Argentina o Chile, aunque también existía en nuestro país", manifestó Prado, autor de más de una decena de novelas, ensayos y libros de poesía.

El escritor opinó, sin embargo, que la Audiencia Nacional española "impide que se investiguen estos hechos del franquismo".

"Al magistrado Baltasar Garzón le permiten que viaje a Argentina para investigar a los represores de este país, pero no le permiten investigar a los españoles", dijo.

"España fue una suerte de laboratorio de los horrores con niños robados, campos de concentración, trabajo forzado. Pero es un país al que le da miedo revisar su pasado, aunque esté muy lejos y sea irrepetible", sostuvo el autor, de 48 años.

Prado explicó que para llevar adelante la investigación realizó varias entrevistas, consultó archivos y leyó "cientos de libros de diputaciones y ayuntamientos que contaban casos de la represión en esos lugares".

"En algunos casos, las madres estaban con sus niños hasta los cinco o seis años y después los entregaban a una familia, pero varias veces eran devueltos, con lo que hay personas que tuvieron cinco apellidos diferentes. Otros eran entregados recién nacidos, por lo que no se sabe que ha pasado con ellos", señaló.

Pese a la crudeza de los relatos, Prado aclaró que el texto también es divertido gracias a las características del protagonista del libro, un profesor de escuela secundaria que investiga la historia de una enigmática escritora de la posguerra.

"Como la historia es tan triste, a muchos le pregunto si han reído con el libro, porque intento que pueda ser divertido a la vez", dijo Prado, quien anticipó que actualmente prepara otra novela que "abarca el proceso de transición política de España, aunque contado desde la actualidad".

"Se trata de revisar la historia, el pasado", explicó el autor, quien se presentará hoy en la Feria del Libro de Buenos Aires y también ofrecerá esta semana charlas en las ciudades argentinas de Rosario y La Plata.
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Indemnizarán a un homosexual valenciano preso del franquismo

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Indemnizarán a un homosexual valenciano preso del franquismo

A.R.S., que estuvo en prisión 94 días a mediados de los setenta, recibirá del Gobierno una compensación de 4.000 euros

EUROPA PRESS/LEVANTE-EMV.COM

La Comisión de Indemnizaciones a Ex-Presos Sociales, creada el pasado marzo y dependiente del Ministerio de Economía y Hacienda, ha acordado una indemnización de 4.000 euros para un homosexual que estuve encarcelado 94 días durante la dictadura. A.R.S. se convierte así en el primer homosexual que recibirá una indemnización del Estado por ser encarcelado durante la dictadura por su condición sexual, tal y como se desprende de una notificación de la Dirección General de Costes de Personal y Pensiones Públicas a la que tuvo acceso Europa Press.

La Asociación de Ex-Presos Sociales valoró en un comunicado que la Comisión de Indemnizaciones a Ex-Presos Sociales haya comenzado a notificar a los afectados el estado de la tramitación de sus expedientes, y por el primer caso en el que se le ha reconocido derecho de indemnización a un homosexual de Valencia por el tiempo pasado en prisión por su condición sexual.

"Transmitimos nuestra satisfacción por el hecho de que la mencionada comisión ya ha comenzado a notificar a los afectados el estado de tramitación en el que se encuentran sus expedientes, y en algunos casos comunicándoles el derecho que les asiste y el reconocimiento y liquidación de indemnización dispuesta según ley 2/2008, de 23 de diciembre, de Presupuestos Generales del Estado para 2009", planteó la Asociación en un comunicado.

En esta línea, dicha Asociación valoró positivamente que a estas personas, después de treinta años desde la despenalización de la homosexualidad en España, "por fin les sea devuelta su dignidad la cual nunca debieron perder tan infamemente y pasen a ocupar su lugar en la historia".

En una notificación de esta Comisión a la que tuvo acceso Europa Press se le explica al afectado que le corresponde una "indemnización al amparo de la disposición adicional decimoctava de la Ley 2/2008", y se le anuncia que "en fechas próximas se procederá a ingresar el importe de dicha indemnización en la cuenta corriente" señalada en su solicitud.

4.000 EUROS POR 94 DÍAS DE PRISIÓN
El afectado, que responde a las iniciales de A.R.S. y reside en Xirivella (Valencia), aportó en su momento documentación que confirmaba que había estado encarcelado a mediados de los setenta por un expediente de "peligrosidad social". De esa documentación se desprende que estuvo en las cárceles de Valencia y Badajoz un total de 94 días.

Para optar a la compensación económica, debe quedar probado, como así ha sido en este caso, que la medida de internamiento se impusiera por la aplicación de Ley de Vagos y Maleantes de 1954; o la Ley 16/1970 sobre Peligrosidad y Rehabilitación Social, modificada en 1974. Además, el causante debe haber sufrido una pena de internamiento de al menos un mes, y que la aplicación de las citadas leyes se hubiera efectuado por su condición de homosexual.

Como el internamiento de 94 días queda comprendido en el período de entre un mes y seis meses, a A.R.S. le corresponde una indemnización de 4.000 euros, al amparo de la disposición adicional decimoctava de la Ley 2/2008, de 23 de diciembre, de Presupuestos Generales del Estado de 2009.
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domingo 3 de mayo de 2009

Desaparecen huesos humanos de la Sima de Jinámar

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Desaparecen huesos humanos de la Sima de Jinámar

Ángeles Arencibia Las Palmas de Gran Canaria

Un montañero que bajó hace un mes a la Sima de Jinámar -un tubo volcánico de 76 metros de profundidad utilizado para hacer desaparecer a represaliados del franquismo en Gran Canaria-, afirma que han desaparecido los huesos humanos que vio en aquel lugar en 2005, cuando asistió como experto en escalada a la expedición que capitaneó el catedrático en Medicina Legal y Forense de la Universidad del País Vasco Francisco Etxeberría.

El montañero Marcos Alonso afirma que para él la Sima de Jinámar no es un lugar de recreo, sino «de respeto». Se refiere, aunque sin llegar a mencionarlo, a que este tubo volcánico se convirtió durante la guerra civil en una fosa común clandestina. Por eso sólo ha bajado dos veces. La primera fue en octubre de 2005 y lo hizo al ser requerido como experto en montañismo por la expedición de Etxeberría, de la que formó parte también un equipo de TVE que grabó un documental.

Hace apenas un mes bajó con Miguel Urbano, montañero como él, y el motivo en esta segunda ocasión fue colaborar en la búsqueda de Cira Guillén Cubas, de 53 años, que desapareció de su casa del Valle de Jinámar el 15 de enero de este año, a petición de su familia. La mujer no estaba en la sima - no confundir con el caso de la vecina de Telde Juana Julia González Rodríguez cuyo cadáver fue hallado en ese lugar a principios de abril-; pero Marcos Alonso comprobó que restos óseos que habían documentado en la expedición de Etxebarría y de los que guardaba fotografías habían desaparecido.

«Bajamos hasta el segundo repecho y seguimos hasta el final, donde estaban los huesos que vimos en el otro descenso, ahora no había nada de nada», afirma.

El armazón de lo que fue una corona de flores fue lo único que Marcos y Miguel encontraron donde en 2005 se habían documentado varios restos humanos que la expedición no tocó.
Además de la ausencia de los huesos, el montañero encontró clavijas de las llamadas químicas en la boca del tubo volcánico que no estaban antes.

Ésta no es la primera vez que se denuncia la desaparición de restos humanos en la Sima de Jinámar. El pasado 4 de enero, en declaraciones a este periódico Jesús Cantero Sarmiento, montañero, espeleólogo, y una de las personas que probablemente más tiempo ha dedicado a investigar y denunciar los asesinatos llevados a cabo en la sima durante la guerra civil, afirmó que entre 1975 y 2005 se habían hecho desaparecer pruebas. Entre 1967 y 1975 Cantero bajó unas quince veces a la sima, pero antes habían descendido miembros del grupo El Bohio que afirmaron haber visto 13 esqueletos. Después Cantero vió cerca de 20, muchos zapatos, botas y suelas de alpargata. En 2005 Etxeberría sólo halló restos de dos individuos y ahora Alonso, nada.
En 2005 en el fondo de la Sima de Jinámar el forense vasco documentó la existencia de un coxal derecho (cadera) con sacroielitis; dos húmeros izquierdos; dos tibias derechas; un radio derecho; tres fragmentos de cráneos (pertenecientes a dos individuos); una escápula izquierda; una vértebra dorsal con artrosis, otra de un adulto joven y un fragmento de maxilar superior, según informó Etxeberría a este periódico en enero de este año. El montañero Marcos Alonso afirma que la forma del tubo volcánico hace imposible que la corona fuera lanzada desde el exterior al pozo y que ésta llegara por sí sola al lugar donde está ahora.

En 1976 restos de cuatro cráneos humanos hallados en la Sima de Jinámar fueron depositados en el Museo Canario, en Las Palmas de Gran Canaria. Habían aguardado por el fin de la dictadura en un casa particular . Los cuatro cráneos fueron hallados en la sima en expediciones en las que participó Jesús Cantero entre 1967 y 1975. Cantero explica que, además de los cráneos, vieron otros muchos huesos y multitud de zapatos y suelas. Cantero considera que es muy probable que haya más restos humanos en la sima, ocultos bajos las piedras caídas en todos estos años. En sus expediciones vieron muchos que quedaban al descubierto cuando rodaban piedras al caminar.
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Actes en memòria i desgreuge de les víctimes del franquisme al cementiri de València i al de Paterna.





Acto- en memoria y desagravio de las víctimas del franquismo tiradas a las fosas comunes del cementerio de Valencia

Recopilación de artículos de prensa y fotos del acto
Todos se unieron para honrar a las víctimas: familiares de víctimas, personas a título individual, entidades y asociaciones ciudadanas de todo tipo, republicanos, independentistas, anarquistas, pacifistas, antifascistas... Todos clamaron por la dignificación de las fosas. Ya pocos quieren que vuelvan a taparse con la losa de silencio que las ha cubierto hasta ahora. Se celebró el domingo siguiente al 14 de abril, como ya es tradicional desde el decubrimiento de las fosas y asistieron cientos de personas. Maria Conca, hija y nieta de represaliados leyó el manifiesto unitario y los asistentes leyeron nombres de víctimas tiradas a las fosas, que pegaron con flores a la valla. Los grupos Buf-Alí de la Malva-Rosa i Estrela Roja de Benimaclet interpretaron la Muixeranga y la banda de música de la Societat Coral El Micalet, el Himno de Riego

http://www.forumperlamemoria.org/spip.php?article288

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Inauguración en Paterna del Memorial dedicado a los fusilados y fusiladas por el franquismo tras cuatro años de lucha y trámites

Artículos de prensa, parlamentos y fotos del acto
El Fòrum per la Memòria del País Valencià queremos agradecer su apoyo a cuantos nos han ayudado en estos cuatro años de lucha: familiares, personas a título individual, asociaciones y entidades, al Ministerio de la Presidencia del Gobierno que ha financiado el proyecto, al actual Ayuntamiento de Paterna que nos ha facilitado los permisos y colaboración necesarios, a los trabajadores de la empresa Andana industrial, a Manolo Vidal, arquitecto del projecto y a Antoni Miró, autor del Memorial, que han realizado, de forma solidaria y desinteresada, una obra con la dignidad suficiente como para estar a a la altura de las personas a las que está dedicada. A todos y a todas, muchas gracias

http://www.forumperlamemoria.org/spip.php?article287
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Exhumación en Frechilla (Palencia) .

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Exhumación en Frechilla (Palencia)

La ARMH de Valladolid, en colaboración con la ARMH de Palencia, ha concluido la excavación arqueológica desarrollada en la localidad palentina de Frechilla. La fosa común intervenida contenía los cuerpos de 16 vecinos de Paredes de Nava asesinados en 1936 como consecuencia de la represión franquista. Dichos restos se encuentran ya en el laboratorio a espera de ser analizados de manera antropológica-forense para obtener sus identidades y las pruebas científicas de su muerte violenta.

La ARMH de Valladolid quiere aprovechar esta web para agradacer a todas las personas que han pasado por el lugar para ofrecer su ayuda y apoyo a la labor desempeñada.
Se puede consultar en estos enlaces las notocias publicadas sobre esta exhumación en el Norte de Castilla:

http://www.nortecastilla.es/20090426/palencia/primeras-respuestas-vida-dudas-20090426.html
http://www.nortecastilla.es/20090427/palencia/testimonio-vecino-permite-conocer-20090427.html
http://www.nortecastilla.es/20090502/palencia/arqueologos-constatan-tras-ultimas-20090502.html
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"La maleta de Penón". Documental sobre Federico García Lorca.

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http://www.rtve.es/alacarta/player/491810.html
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La memoria emborronada. Jordi Gràcia.

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La memoria emborronada

JORDI GRACIA 03/05/2009

En el retrato público de Camilo José Cela prevalece desde hace tiempo el aguafuerte crudo y algo esquinado, como si su larga trayectoria hubiese quedado subsumida al descalabro de actitudes y vanidades de sus últimos años de vida. Es la etapa que la inmensa mayoría de lectores identifica con un escritor con orígenes remotos, anteriores a la guerra, y cuya figura creció con el bando vencedor, cuando quiso hacerse delator primero y censor después y aprovechó como supo y como le dejaron el calor de la victoria.

La 'Correspondencia con el exilio', de Cela, recuerda la amistad que sostuvo con ilustres expatriados

También ya hace años que Juan Marsé o Félix de Azúa lo infravaloran sin recato y hasta descatalogan su obra del canon futuro. Lo leen como producto de la tierra, con denominación de origen excesiva: les ha pasado lo mismo a otros más jóvenes y tiene lógica implacable.

Es injusto, o a mí me lo parece, porque es autor de un puñado de libros valiosos, pero es todavía un personaje demasiado difícil de encajar para una democracia lastrada de memoria emborronada: o tiene valedores enfáticos y muy levantados de punto, o tiene denigradores que afean su inconsistencia ética o su hispanocentrismo de lengua y conciencia.

Pero su Correspondencia con el exilio, recién publicada en Destino, deja temblando el ánimo y justifica de sobra la irritación ante diagnósticos precipitados sobre el vacío ético de nuestro suelo democrático: sólo puede afirmarse semejante cosa ignorando la generalizada vileza en que malvivió la actividad intelectual y civil durante tantos años de franquismo.

Lo diré por vía directa: la adoración rendida y profunda, sentimentalmente inatacable, que experimentaron desde el exilio María Zambrano o Emilio Prados, Américo Castro o Manuel Altolaguirre por el escritor Cela es una lección de historia compacta y de una contundencia que supera con mucho lo que los epistolarios de los exiliados han ido desvelando.

No diré que sean víctimas del síndrome de Estocolmo, donde Cela haría el papel de secuestrador, pero lo parece. Lo que sí diré sin reservas es que la generosidad bonhomiosa, civil e intelectual, que Cela exhibe con los exiliados desde 1956, desde que funda la admirable revista Papeles de son Armadans (con jovenzanos como José Manuel Caballero Bonald), es trágicamente solidaria de la sordidez penumbrosa del personaje. Lo es incluso que publicase algunas de esas cartas en la revista, como explica Jordi Amat en una nota a la edición.

Sin sus contactos con la administración franquista, sin haber sido cachorro literario del director general de Prensa, Juan Aparicio, o sin su estrecha amistad con Fraga Iribarne y Carlos Robles Piquer (en los años sesenta al frente del Ministerio de Información y las oficinas de la censura), sin su capacidad de maniobra dentro de la caverna, ninguno de aquellos escritores de edad avanzada y con 20 años de exilio a sus espaldas, hubiese podido sentir el brote altivo y orgulloso de la amistad por el autor que había escrito, encantado de sí mismo, en las revistas falangistas de los años cuarenta.

Américo Castro se niega a escribir en la España en 1956, pero un par de cartas después, en 1957, accede a hacerlo convencido, y es acogido y admirado por Cela por escrito y en persona, y hasta María Zambrano y el propio Cela no dejan de evocar una y otra vez los encuentros de 1935 en casa de María Zambrano hasta hacer verosímil una historia de amor frustrada por la guerra. Emilio Prados desboca la pluma para desnudar su corazón y su conciencia ante un escritor al que no conoce más que en foto.

Cómo llegaron a necesitar los exiliados que alguien en España cumpliese por una vez no sólo sus propios sueños -volver a contar para algo en la Península- sino que cumpliese su palabra. Cela no deja de animarles a que envíen sus cosas porque en su revista mandan ellos, como les repite una y otra vez. Cernuda publica nada menos que Historial de un libro; en 1958, Rafael Alberti manda sus versos emocionado por publicar en España, con su consentimiento y por primera vez después de la guerra...

La brega con la censura, y la autorización para sacar adelante los textos de exiliados tan ilustres, es cosa de Cela. Incluso cuando la censura interviene y amputa aquí o allá, es el propio Cela quien los anima a transigir sin hacerse los mojigatos: tenía razón Cela. Pero sin lo malo no habría lo bueno; sin la camaradería vieja del escritor no habría escrito la nómina mayor, y viva, del exilio en una revista cultural de la segunda mitad del franquismo.

Esa es una lección dramática, y ha de ir expulsando la perspectiva de los puristas acomplejados que suelen afirmarse a sí mismos y a sus prejuicios gracias al "o conmigo o contra mí": se benefició Cela, se beneficiaron ellos, nos beneficiamos nosotros.

Las objeciones a la adulación celiana, a los excesos retóricos, a las medias verdades que escribe en sus cartas a los exiliados, no pueden abatir, aunque quieran, la evidencia de haber desempeñado un papel dignificador de nuestro inmediato pasado, como si el aguafuerte hoy debiese asumir algún tono pastel y hasta el lirismo menor de algún acuarelista.

Jordi Gracia es catedrático de Literatura Española de la UB.
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Julián Zubieta. La Transición: compromisos y concesiones.

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Julián Zubieta. La Transición: compromisos y concesiones.

¿Actuaron los actores de la transición correctamente o incorrectamente? ¿Quién se siente capaz de juzgar este hecho? En cualquier caso, sobre esas fechas irrecuperables recae una decisión que ha ido mucho más allá, viajando a través de nuestro tiempo, y su repercusión en nuestra sociedad la estamos pagando todos. Quien hace una concesión, ya no puede evitar la siguiente. Lo mismo que los compromisos conducen inevitablemente a nuevos compromisos.
Julián Zubieta

Sábado 2 de mayo de 2009

El franquismo fue un movimiento totalitario que, como el fascismo, favoreció a los ricos y a otras elites. La muerte de Franco (recordemos que fue en la cama y rodeado de sus acólitos) era esperada y, por lo tanto, calculada en sus planteamientos posteriores. El sistema monárquico ya estaba decidido desde dentro del régimen franquista, lo único que faltaba eran las concesiones y compromisos que los actores políticos del momento estaban dispuestos a negociar con el franquismo.

La Transición amnistió a muchos políticos y militares que, desde 1936 hasta 1975, habían actuado en la barbarie dictatorial sin dar explicaciones más que al régimen. Ernesto Sábato desde Argentina, tras la promulgación de las leyes de impunidad de 1986 y 1987, nos advertía de la inmensa vergüenza que sentía al saber que, al recorrer las calles y plazas, se cruzaba con los asesinos y torturadores de sus amigos y desconocidos. En este país, no podemos olvidar que los vencidos que quedaron vivos, tuvieron que apartarse y dejar su sitio a los que ganaron una guerra provocada por los intereses que, más tarde, cuando la victoria, fueron favorecidos por Franco. Las ideas moderadas que hoy reconocen los hechos, pero reclaman el olvido, son útiles para una prolongación del continuismo planeado. Pero no borran de la memoria las filas de hambre, el estraperlo, las bulas, la limosna, la exaltación patriótica, la Iglesia, el miedo a hablar y el miedo a no vivir de los que quedaron con vida y no eran como ellos.

La burocracia franquista continuó en la maquinaria del Estado; la Transición no se interesó en el saneamiento de las cloacas del corporativismo. La parte trasera del negocio seguía enriqueciendo a los mismos, eso sí, ahora amparados por la legalidad de la esperada democracia. El continuismo en las directrices de la burocracia, hoy sembrada de adscripción y no de logro, sigue siendo una de las fuerzas económicas más poderosas de este país, frente a lo cual, a los perdedores sólo nos queda el reclamo silencioso, hasta hace poco, de los muertos y de nuestros recuerdos.

Las muertes y nuestro recuerdo vivo no han sido en vano, y, aunque desde muchos lugares se nos intente avergonzar no nos tenemos que esconder, en otros territorios se sienten con la obligación humana de reconocer las atrocidades cometidas por las ideas totalitarias. Debemos reclamar la libertad, la de entonces y la de ahora. Debemos abogar por la justicia y por la dignidad de los vivos de ahora y de los muertos de entonces; su recuerdo y reconocimiento es necesario para construir una sociedad que mitigue las deudas de los verdugos y simpatizantes, que hoy todavía están adornando calles con su nombres; en otras ocasiones las viejas parroquias e iglesias de los pueblos y ciudades narran y cuentan la historia su legado de muerte. Historias convertidas ahora en piedras, donde se alojan sus nombres. En cambio nuestra memoria y nuestros nombres residen en las fosas comunes, desde donde se alimenta la naturaleza virgen, chupando nuestros recuerdos y enseñándolos cada primavera.

Hoy se defiende como ejemplar la Transición española. Muchos intelectuales la toman como aquel mayo francés en el que todos estaban, como dogma inalterable y como la ortodoxia de las transiciones. Otras transiciones políticas anteriores nos señalan logros que la de este país no consiguió, por ejemplo: en Alemania, la “Ley de Igualación de Cargas” (lastenausgleichgesetz) aprobada en 1952, siete años después de finalizada la II GM contribuyó al inicio de la igualdad económica entre la población (bajo esta ley, cerca de la mitad de los activos financieros de los alemanes, por lo menos de los que seguían teniendo, se redistribuyeron entre los alemanes que carecían de recursos, y se disolvieron algunas corporaciones que ayudaron a reducir la desigualdad de renta). Eso siete años después de acabada la guerra; aquí, seis años después de la muerte Franco hubo un intento, todavía no muy claro, de golpe de estado. Italia, al igual que Alemania tras la experiencia totalitaria, demostró la intención de romper con el régimen anterior, declarando una transición que aprobó una ley electoral para la Asamblea Constituyente. En un decreto fechado en 1946 separa la decisión sobre la forma de Estado, que se resolverá mediante referéndum popular, de la redacción de la Constitución. El resultado obtenido fue que Humberto II tuvo que irse al exilio. Japón, un país asiático de configuración estructural totalmente diferente a los países occidentales a los que se ha hecho referencia (eso sí, como los anteriores países también bajo la supervisión de los Estados Unidos) fue capaz de reconocer la soberanía popular frente al imperialismo tradicionalista japonés, imponiendo un sistema democrático que rompía con su pasado Meiji.

Hay más ejemplos, pero lo que no podemos olvidar es que la democracia no se define en función de unos valores o compromisos morales de unos cuantos, sino mediante unos procedimientos formales y no bajo el supuesto de la orientación egoísta y estratégica de unos autores para alcanzar acuerdos y equilibrios políticos suficientes. La cooperación entre los actores puede llegar a ser útil para los intereses egoístas de los individuos que decidieron, o pudieron, embarcarse en su travesía. Al final, una democracia se consolida cuando un sistema determinado de instituciones se convierte en el único deseable, esto es, cuando no hay más alternativas políticas plausibles ni deseadas. Detalle del que este país se olvido intencionadamente o no. La Transición no fue transparente en los acuerdos alcanzados, el respeto por el orden instaurado, el autosacrificio católico, la familia, la dominación masculina y el rango declaran, entre otras pautas, la corrección conservadora que se mantuvo. Está claro que las tradiciones y la cultura mudan a un ritmo mucho más lento que la organización social o la tecnología del progreso.
En las consecuencias de las decisiones tomadas por los visionarios de la Transición encontramos las semillas de la actualidad.
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Vidas robadas

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Vidas robadas

BENJAMÍN PRADO 03/05/2009

Unos 30.000 niños, hijos de republicanos encarcelados o muertos, fueron a manos de familias del otro bando. Bastaba falsear sus vidas, sus apellidos. Hoy, los que quedan intentan, sin ayuda oficial, recuperar a los suyos, su pasado.

Algunos tenían una imagen que recordar. Otros no. Esto supone una gran diferencia entre los primeros y los segundos: mientras unos necesitaban recuperar su identidad, los otros ni siquiera llegaron a saber que la habían perdido. Se estima que desde el inicio de la Guerra Civil y hasta los años cincuenta, los sublevados de 1936 robaron a los republicanos alrededor de 30.000 niños, algunos para meterlos en seminarios u hospicios; otros para ser dados en adopción a ciudadanos afectos al régimen. En ocasiones, los niños habían sido separados de sus padres cuando tenían edad suficiente como para recordarlos, incluidos los encerrados junto a sus madres en las cárceles franquistas, donde les dejaban residir hasta los seis años. Pero en otras, nunca iban a conocer su origen los recién nacidos que les sustraían a las mujeres ingresadas en lugares como la Prisión de Madres Lactantes de Madrid y a las que, en muchos casos, fusilaban al poco de dar a luz. ¿Dónde fueron esos bebés? ¿Quién se los quedó? Resulta inquietante pensar en sus vidas falseadas y deducir que aún hoy habrá personas en nuestro país que no sean quienes suponen ser ni pertenezcan a las familias que consideran suyas. Han permanecido siete décadas ocultos y tampoco ahora hay demasiado interés en rescatarles del olvido.

Julia Manzanal
Uxenu Ablana
Carlos Mercader
Antonia Rada
Trinidad Gallego

Inquieta pensar que aún hoy hay personas en España que no son quienes creen ser ni pertenecen a familias que consideran suyas
Los que han recuperado parte de su pasado lo han conseguido gracias a alguna ONG o a espectáculos televisivos de desaparecidos
Decenas de miles de niños acogidos en los penales fueron reeducados, y una buena cantidad, entregados a los seguidores del Alzamiento
No logran completar el rompecabezas porque no reciben casi ayuda. Es difícil lograrlo con medios propios, pues su existencia está llena de misterios


Esa historia siniestra comienza incluso antes de la guerra y en teorías tan disparatadas como las del psiquiatra militar Antonio Vallejo Nájera, cuya tesis era que el marxismo es una enfermedad mental propia de personas intelectualmente débiles y moralmente despreciables. Siguiendo las doctrinas de la eugenesia y convencido de que la tara del socialismo se transmitía a quienes rodeasen al afectado, el estrambótico médico promovía el tratamiento con electrochoques a esos rojos de una especie humana inferior, su aislamiento en granjas y quitarles a sus hijos para evitar el contagio. Esto último tuvo una expresión macabra, pero que hizo fortuna: hay que separar el grano de la paja. Para poner en práctica sus teorías, Vallejo Nájera no tuvo más que esperar a que otro loco se hiciera con el país, y la sintonía entre ambos fue tan extraordinaria, que en cuanto empezó la guerra Franco lo nombró psiquiatra en jefe de su ejército, le dio permiso para que iniciase sus investigaciones con los prisioneros y firmó las leyes que hacían falta para que sus desvaríos se hiciesen realidad.

Esas leyes, publicadas en el Boletín Oficial del Estado en 1940 y 1941, otorgaban automáticamente al nuevo Estado la tutela de los niños internados en los hospicios del Auxilio Social, la institución caritativa que había fundado la viuda del líder falangista Onésimo Redondo, y le autorizaba a cambiarles los apellidos. Era una autopista hacia la impunidad, pues daba a los rebeldes carta blanca para secuestrar a los hijos de los republicanos, darlos nuevo nombre y hacerlos desaparecer de sus vidas. Nadie puede saber con exactitud cuántos fueron, entre otras cosas porque no existía ni registro de los nacimientos en los penales ni censo de la población infantil que acogían, aunque la escasa documentación no destruida -como tantas otras pruebas- en los últimos años de la dictadura muestra que decenas de miles fueron reeducados, y una buena cantidad de ellos, entregados a los seguidores del Alzamiento. En algunas circulares internas de Auxilio Social, sus responsables expresaban preocupación por el destino de estos niños, ya que les habían informado de que a muchos no se los llevaban para educarlos como a hijos, sino como criados.

Las ayudas oficiales para el esclarecimiento de esa trama macabra han sido nulas, como suele ocurrir con lo relacionado con la memoria histórica, y, de hecho, una de las cosas que proponía investigar el magistrado Baltasar Garzón en su intento de enjuiciar el franquismo era la odisea de los niños arrebatados a sus familias por los vencedores, pero la Audiencia Nacional lo paró. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) intenta ahora aprovechar un claro en la cortina de humo que hizo caer el tribunal, puesto que éste hablaba de que sólo podría actuar en caso de máxima urgencia, y con lógica argumentan que la edad de los afectados es razón más que urgente para ponerse en marcha: algunas personas que buscaban a sus familias murieron ya, y las que quedan rozan los 100 años. La ARMH solicita que se realicen de inmediato las pruebas de ADN necesarias, pero parece que ni la justicia ni el dinero público están ahí para ellos.

No deja de ser preocupante que si algunos de esos hombres y mujeres lograron reencontrar el hilo de su existencia nunca lo han hecho gracias a los poderes públicos, sino a la intervención de alguna ONG o porque algún medio de comunicación ha aprovechado el interés de sus peripecias para montar espectáculos televisivos en los que el reencuentro familiar aseguraba la audiencia (en Quién sabe dónde, los niños robados del franquismo se mezclaban con los fugados de sus matrimonios y demás prófugos de su propia autobiografía). Algunos casos de víctimas que aún pueden contar su calvario sirven como ejemplo del sufrimiento colectivo que causó el régimen a gran parte de la población española.

María del Carmen Calvo García no siempre se llamó así. Una de las particularidades del proceso era que a veces a los huérfanos se les ponía el apellido Expósito; en otras ocasiones, amparándose en la ley de 1941, les daban apellidos tradicionales: Gómez, Pérez, Rodríguez o González, y en otros casos ocurría algo más inaudito: los niños entregados a personas que, por el motivo que fuese, eran devueltos al orfanato llegaron a tener múltiples padres y apellidos. Un galimatías con consecuencias burocráticas. María del Carmen, por ejemplo, no pudo solicitar el permiso para desenterrar a su padre, fusilado en Toledo y arrojado a una fosa común: al no coincidir los apellidos no se le reconoció vinculación. Cuando pensaba en él recordaba que al poco de morir su esposa, en 1934, solo, con siete hijos, tomó la decisión de separarlos: tres, con sus abuelos; cuatro, internos a un colegio. Pero antes mandó hacer un retrato de la familia al completo. Cuando tiempo después sus nietos solicitaron copia de su partida de defunción (expedida en 1939 tras ser fusilado), en ella el nombre de María del Carmen había desaparecido.

Acostumbrada a ir descubriendo poco a poco su propia vida, ella sabe más de lo que recuerda: por ejemplo, que al inicio de la guerra, muy pequeña, las monjas del hospicio la enviaron a Francia junto a su hermana Florencia; que estuvo en Perpiñán y Burdeos y que vivió un tiempo con una familia francesa de la que nada sabe. También que el Servicio Exterior de la Falange intentó traer de vuelta a España a su hermana, y a ella unos cuáqueros llevarla a EE?UU.

Florencia, entonces de ocho años, lo evitó escondiéndose en una carbonera hasta que los agentes fascistas pasaron de largo, y lo segundo lo quiso impedir ella no soltándose jamás de la mano de su hermana. Pero un día las separaron para vacunarlas y no volvieron a verse: la mayor regresó a España y pudo reunirse con su familia; de la menor no volvió a saberse. Cuando Florencia indagó, las monjas le aseguraron que había muerto de tifus en el tren a España y la habían enterrado en algún lugar junto a las vías. Pero los niños invisibles también dejan huellas, y, como sus raptores los inscribían a veces en los registros civiles allí donde los llevaban, sabemos que María del Carmen estuvo en Igualada, en Irún y en Carabanchel, en un orfanato religioso llamado Villa San Miguel, bajo la tutela de Protección de Menores. Allí fue a buscarla un matrimonio de tenderos de Jumilla, y con ellos pasó toda su vida. La trataron bien, pero ella nunca olvidó que su verdadera familia era otra. Hizo lo posible por encontrarla. Más adelante, ya casada y con seis hijos, solía contarles su odisea, aunque sonara ya a batallita lejana.

Una noche, 60 años más tarde, María del Carmen, antes María Expósito y María Pérez Gómez, estaba en casa cuando sonó el teléfono y una de sus hijas le aconsejó que pusiera la tele: estaban dando un programa al que una mujer llamada Florencia decía haber ido para tratar de encontrar a su hermana perdida en la guerra. Los presentadores afirmaban haberla encontrado, así que María del Carmen decidió presentarse en el plató. Ante sus ojos se sucedía la escena del reencuentro entre las supuestas hermanas, aunque la verdad era que no parecían reconocerse.

Florencia sacó del bolso la única foto de su familia al completo, y la mujer que tenía enfrente ni se inmutó. En la grada, María del Carmen le susurró a su hija: "Ésa soy yo, la que está en las rodillas del padre". Pero nada desveló, intimidada por el medio y porque el espectáculo televisivo continuaba, encaminado a demostrar que Florencia había encontrado a su hermana y que la confusión de ésta era lógica, teniendo en cuenta su edad entonces, los años transcurridos y el lavado de cerebro que les debían de hacer a los niños que se llevaban.

Al acabar, María del Carmen se acercó a Florencia. Y entonces ocurrió. Florencia la miró fijamente, se le hizo un nudo en la garganta y dijo: "Yo a ti te conozco y te quiero mucho". Florencia y María del Carmen intercambiaron teléfonos y a partir de aquella noche pasaron cuatro años hablando, aunque persistían las dudas. Alguno de sus hermanos sostenía: "No te fíes, ésta quiere sacar algo de nosotros". Pero las dos mujeres reunieron dinero para las pruebas de ADN y el resultado fue un 96,9% de posibilidades de ser hermanas. Aun así, el primogénito, incrédulo, no se conformó. Tomó un tren y se presentó en casa de María del Carmen para desenmascararla. Cuando llamó a la puerta y ella abrió, aquel hombre dejó caer la maleta y se echó a llorar: era idéntica a su padre.

Historias como la de María del Carmen son insólitas, pero no raras, una paradoja que se explica por la vocación de exterminio que amparó desde el primer instante a los insurgentes de 1936, tan empeñados en masacrar a sus rivales ideológicos como en borrar del mapa de España sus ideas. A pesar de ello, las diferentes asociaciones vinculadas a la memoria histórica que luchan por los derechos de las víctimas no han logrado que ningún Gobierno les apoye; ni que les preste ayuda económica que no pueda considerarse limosna; ni que el dictador sea calificado oficialmente de genocida; ni que sus miles de asesinatos se cataloguen como crímenes contra la humanidad, lo que impediría que pudieran considerarse prescritos o amnistiados; ni que la apología del franquismo sea delito... Tampoco se han querido hacer cosas tan simples como un registro de ADN con los afectados por la trama del robo de niños, o tomar declaración a personajes como Trinidad Gallego, una comadrona de casi cien años que prestó sus servicios en la cárcel de Ventas, testigo de numerosas sustracciones de recién nacidos. Después de estar encerrada años por sus ideas, de pasar hambre y de tener que soportar, tras ser liberada, los abusos sexuales de un médico que la amenazaba tras cada violación con devolverla a la cárcel si lo denunciaba, Trinidad no ha tenido la satisfacción de que algún juzgado recoja su testimonio.

Otra mujer que también tuvo varios nombres y una foto que esclareció su vida es Antonia Rada, antes Antonia Herrera Cano. Su tormento comenzó al estallar la sublevación militar. Su madre fue arrestada y llevada junto a la niña, entonces de dos años, a la prisión de Guadix. Ellas eran el cebo: la pieza que buscaban sus captores era el padre, un jornalero a quien fusilaron en cuanto fue a entregarse para que las liberaran. Antonia asegura haber presenciado el ajusticiamiento: se escapó de la celda al ver a su padre desde la ventana, corrió hacia el patio, y al llegar y llamarlo, él se giró y levantó la mano en gesto de despedida, justo cuando los tiros lo abatían. Antonia, ya huérfana, fue arrebatada a su madre, aunque permaneció en la misma cárcel de Santa Cruz de Tenerife. Y cuando la mujer oyó que a los niños los daban en adopción al cumplir tres años, le pidió a otra reclusa que salía en libertad que la cuidara hasta el fin de su condena. Le firmó una autorización y le dio una foto, en la que estaban juntas madre e hija, para que Antonia la recordara. La compañera, sin embargo, no cumplió: se fue a ver a la dueña de una tienda de alta costura que no podía tener hijos. Antonia cree que la dieron a cambio de un traje de novia. Lo supo después, porque lo que le repitieron una y otra vez en su infancia fue que su madre "la había regalado como a un perro", que sus progenitores eran unos indeseables. Ese veneno la llenó de rencor.

"Y pretendieron hacerme creer que ellos también eran familiares míos, pero algo no me encajaba. Recuerdo que cuando hice la primera comunión les pregunté: '¿Y por qué no llevo vuestros apellidos?'. La respuesta: 'De eso no se habla'. Un día, mientras miraba fotos de una caja, encontré una de una mujer alta, con moño y una niña en brazos que, sin duda, era yo. Le pregunté a mi madre adoptiva y se puso muy nerviosa. Me dijo que era una amiga fallecida y me la quitó. Esa foto, claro, era la que mi madre le había dado a la compañera de cárcel. Se me quedó grabada. Un día se me ocurrió peinarme igual que en la foto, me recogí el pelo, y mi madre adoptiva, al verme, gritó: '¿Qué haces? ¡No te peines así!'. '¿Por qué?', le pregunté. Ella, muy pálida, me respondió: 'Porque me recuerdas a alguien...'. Me armé de valor: '¿A quién? ¿A mi madre?".

La tela de araña de la mentira empezaba a romperse, y Antonia siguió obsesionada por saber lo ocurrido y si su madre biológica vivía. Un tiempo después, cuando murió su padre adoptivo, encontró una carta que la dejó perpleja: "Era de uno de mis ocho hermanos, que estaba haciendo la mili en Ceuta, y en ella decía que iba a ir a Tenerife a buscarme porque había descubierto dónde y con quién estaba, y también afirmaba que quería llevarme con él. Yo podía no haber dado crédito a lo que leía, pero recordé que en una ocasión, con ocho años, una monja de mi colegio me dijo: 'Antonia, ven, que tienes una visita. Tu hermano'. Yo dije que no tenía ninguno.

Pero me llevaron ante él. Y entonces pasaron dos cosas: una, que sentí miedo, porque desde que había visto a los soldados que mataron a mi padre tenía terror a los uniformes, y él iba de uniforme; y la otra es que cuando me dijo quién era y que quería llevarme a casa con mi auténtica familia, yo me eché a llorar y le dije: 'No tengo más familia que ésta... ¡Vosotros me habéis regalado como a un perro!'. No volvió a dar señales de vida, ni debió de comunicar su hallazgo a su madre, y se llevó el secreto a la tumba al morir. Antes tuvo algún otro contacto con el padre adoptivo de Antonia, porque ella encontró otra carta en la que éste le pedía permiso para llevarla con ellos a Venezuela. Lo necesitaba porque como no le habían cambiado los apellidos, precisaba una autorización legal. Como el hermano no quiso firmar ningún permiso, la llevaron a un notario, la bautizaron y le pusieron sus apellidos. Eso fue "en 1948 o 1949", dice.

La suma de todo da como resultado la confusión, y esa confusión la atormentó toda su vida. "¿Por qué mi madre tardó 54 años en ir a buscarme? Si mi hermano le contó que me había encontrado, ¿por qué no me reclamaron?". Algunas preguntas encontraron respuesta, una vez más, en Quién sabe dónde, cuando a otra de sus hermanas se le ocurrió ponerse en contacto con sus realizadores. Para empezar, encontraron en los archivos de la cárcel de Santa Cruz de Tenerife un documento clave: el que había firmado su madre autorizando a su compañera de cautiverio, Candelaria Hernández, para que se llevase a Antonia. Al indagar sospecharon que ni esa mujer había actuado por un impulso, ni las autoridades penitenciarias habían estado al margen. Antonia no sabía eso, ni tampoco que el nombre que le habían puesto sus padres era el de Pasionaria, que tuvieron que cambiárselo en 1938 para protegerla. También que el hermano que había ido a buscarla podía haber sido demasiado cauteloso al no querer decirle nada a su madre hasta ver en qué acababa todo, pero que además tampoco tuvo tiempo, porque falleció pronto. Y Antonia supo algo más: "Mi madre verdadera, a la que yo guardaba gran rencor, había vivido destrozada por el dolor de no poder estar conmigo. Jamás se había quitado el luto, durmió 60 años con mi foto bajo la almohada. Supe todo eso, aprendí su nombre y apellidos, Carmen Cano Villegas, y que vivía en Gerona. Y hasta su muerte mantuvimos una buena relación. Mi ex marido, que era franquista, intentaba evitarlo y me decía que me alejara de ellos, que los rojos eran gentuza, que había tenido mucha suerte de que me apartaran de ellos. Ya sabes, lo de separar el grano de la paja".

Estremece pensar en aquel país lleno de niños perdidos o abandonados, de hospicios del Auxilio Social o seminarios donde iban a verlos, a tasarlos, a llevárselos... La beneficencia franquista era, en realidad, parte del aparato represor de la dictadura, y en los internados trataban a las criaturas con métodos castrenses. Uxenu Ablana, que tiene ya más de setenta años, vive en Santiago de Compostela y pertenece a la Asociación de la Guerra y el Exilio, tiene también una historia tremenda a sus espaldas, en la que asoma otra de las esquinas del infierno, la del abuso sexual.

Uxenu perdió a su madre al empezar la guerra, pero hasta hoy no sabe lo que le ocurrió, ni ha podido averiguar dónde está enterrada. Durante años le dijeron que había muerto a causa de un aborto, pero vecinos de Pravia, que era donde vivían, le contaron otra historia: los sublevados la habían detenido y torturado para que contara dónde estaba su padre, y había muerto mientras la azotaban salvajemente. El padre, al que condenaron a 30 años de prisión, pasó ocho en la cárcel, y cuando salió no quiso hablar jamás del tema a su hijo. A Uxenu (que sostiene que en realidad a él lo mataron en 1936 y aplaude el verso con el que Ángel González define la posguerra: "Quien no pudo morir, continuó andando") lo internaron en centros del Auxilio Social desde los seis hasta los dieciséis. En ellos dice haber sufrido maltrato. "A todos nos pegaban, y a mí, que era algo rebelde, más. En el orfanato de Pravia llegaban a castigarnos sin cenar una semana entera, y en otro de Avilés, el ayuno llegaba hasta los 15 días: imagínate, con el hambre que ya pasábamos. Otras veces nos encerraban en un armario diminuto que había en el hueco de la escalera, y allí tenías que limpiar los zapatos de todos. Nuestra educación era casi inexistente, poco más allá de las cuatro reglas matemáticas, porque todo el tiempo lo gastaban en obligarnos a aprender himnos falangistas y doctrina católica. Además, algunos sacerdotes abusaban de los niños. Uno de ellos solía dejarme una bicicleta y me mandaba a hacer recados. Al volver, me decía: 'Niño, quítate los pantalones y mete los pies en esta palangana de agua caliente, que te los voy a lavar como a Jesucristo'. Pero las manos del cura empezaban pronto a subir por las piernas y a acariciarme el sexo. Un día me desperté en la noche y lo encontré en mi cama, tumbado a mi lado, desnudo y con una gran erección, acariciándome. Mi caso no era una excepción. Otros curas iban a buscar a los niños al hospicio, supuestamente para dar un paseo por el campo y que respirasen aire puro, y cuando estaban apartados les ofrecían dinero por dejarse masturbar, con lo cual, decían, les sacaban el diablo de dentro. A mí, una tarde, dos me llegaron a ofrecer 100 pesetas, que era una fortuna. No lo lograron, pero sí meterme por la fuerza a monaguillo". Una noche en que llevaba ya cuatro o cinco días sin probar bocado, una monja despertó a Uxenu para aumentar el castigo cortándole el pelo al cero, "y yo, harto de golpes y suplicios, le di un empujón, salté por una ventana y me escapé de aquel infierno. Fui andando hasta Oviedo, donde estaba mi padre, y al ver que nadie iba a reclamarme, me quedé allí, trabajé en un taller y me hice viajante, como él".

Lo cierto es que muchos niños fueron robados en la España fúnebre de la dictadura, que una cantidad intolerable de ellos nunca llegaron ni llegarán a saber quiénes son, y otros, aunque pudieron reconstruir sus orígenes, no logran completar el rompecabezas porque no reciben casi ayuda para hacerlo. Y es difícil lograrlo con medios propios, porque toda su existencia suele estar llena de misterios y medias verdades. Hay casos como el de Julia Manzanal. Su hija murió en la cárcel donde había sido encerrada con ella, al igual que sucedía con cientos de niños por epidemias de tifus o meningitis que arrasaban los centros penitenciarios, donde la comida era basura; la atención médica, simbólica, y la suciedad lo enfangaba todo. Julia -que hoy vive en Madrid y siente un enorme dolor al recordar, hasta el punto de que sus familiares permiten que se le hagan fotos, pero piden que no le hablen de aquello porque se altera- al menos tuvo la ocasión de hacer público su calvario: fue una de las protagonistas del documental Los niños perdidos del franquismo (de Montse Armengou y Ricard Belis). La vida de Julia es terrible, pero al menos sabe la verdad, aunque siga preguntándose qué habría pasado si su niña no hubiera muerto, qué habría hecho, cómo habría sido su vida...

Otros, como Carlos Mercader Bellver, siguen intentando conocer los detalles. A él lo abandonó su madre en diciembre de 1936, seguramente por no poder alimentarlo, y fue recogido por unas monjas y llevado a un convento-hospital de Valdepeñas. A partir de ese instante todo es niebla. Cuando llevaba allí una buena temporada apareció un comisario político llamado Diego Mercader Bellver que le dio sus apellidos. Cree que era su padre, y al seguir su pista ha sabido que fue herido en Huesca, lo llevaron preso a Barcelona y luego a Pueblo Nuevo, que fue condenado a muerte e indultado. El niño, mientras, vivió con una familia de la que no guarda recuerdo, y al acabar la guerra fue enviado a un hospicio de Ciudad Real. Allí, otra familia se hizo cargo de él y lo devolvió a Valdepeñas. El deseo de esas personas era que fuera compañero de juegos de su hija, pero cuando ésta se hizo mayor ingresó en un convento, y su falso hermano fue devuelto al Auxilio Social. En orfanatos estuvo de los nueve a los veintiún años, pasando por varios en Madrid, entre ellos, en el mismo que el dibujante Carlos Jiménez, que ha inmortalizado los horrores sufridos en su obra Paracuellos.

"A mi padre no llegué a verle de verdad. Aunque una vez que estaba enfermo fue a Valdepeñas y me visitó. Me dio una medalla, pero las monjas me la quitaron. Con los años, mientras yo hacía el servicio militar, alguien me habló de un hombre de un juzgado de Almadén que llevaba mis mismos apellidos. Soy muy tímido, me daba vergüenza molestar a aquel hombre, pero le envié una carta, a la que él contestó con amabilidad, pero evasivo. Nunca dijo que fuese mi padre, tampoco lo contrario. Dejé pasar el tiempo, no quería que pensara que quería algo de él, algo material. Pero, al final, decidí presentarme en Almadén para hablar. Por desgracia, ya había muerto". Pero aún hay otro cabo suelto de la historia de Carlos Mercader. Una mañana, un cliente del banco de Huelva en donde trabajaba, le dijo: "Vaya, qué casualidad, lleva usted mis apellidos. Yo soy hijo de una mujer que se llama Dolores Mercader". Y Carlos piensa seguir ese rastro: "Voy a quemar mi última vela, a ver si consigo saber quién fue mi madre, qué le ocurrió. Tengo datos que dicen que probablemente huyera de Valdepeñas hacia Alicante o Almería. Quiero saber de dónde provengo y qué pasó. No es agradable vivir sin saber quién eres". Niños robados, vidas tachadas y reescritas... No queda demasiado tiempo. Si nadie lo evita, todo su sufrimiento caerá en los pozos del olvido, esos agujeros negros de los manuales de historia, las hojas arrancadas del libro de la democracia. P

Julia Manzanal
Nacida en 1915 en Madrid, una de las protagonistas del documental 'Los niños perdidos del franquismo'.
"Sigo preguntándome qué habría pasado si mi niña no hubiera muerto, cómo habría vivido, cómo habría sido el tiempo compartido"

Uxenu Ablana
Vivía en 1936 en Pravia cuando perdió a su madre. Fue internado en centros de Auxilio Social (arriba).
"Algunos sacerdotes abusaban de los niños. Uno de ellos solía decirme: 'Niño, quítate los pantalones (...), que te voy a lavar los pies como a Jesucristo', y sus manos subían..."

Carlos Mercader
Pasó 12 años en orfanatos de Auxilio Social. Vivió con varias familias.
"Voy a quemar mi última vela, a ver si consigo saber quién fue mi madre, qué le ocurrió. Quiero saber de dónde vengo, qué pasó. No es agradable vivir sin saberlo"

Antonia Rada
Nacida en 1934. Su madre, presa en Tenerife, para evitar que la dieran en adopción, autorizó (arriba) a otra presa, Candelaria, para que la cuidara, pero ésta la vendió a otra familia.
"Mi nueva familia me repitió que mis padres eran unos indeseables y me habían vendido, que ellos eran parientes míos. Un veneno. Pero algo no me encajaba. Un día pregunté: '¿Y por qué no llevo vuestro nombre?"

Trinidad Gallego
Comadrona de la cárcel madrileña de Ventas en la Guera Civil, testigo del robo de niños.
"Fui testigo de aquello, pasé encerrada años, pasé hambre y tuve que soportar, tras mi liberación, los abusos y el chantaje de un médico.Ningún juzgado me ha escuchado"
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Los niños robados
FOTOS - Sofía Moro - 30-04-2009
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sábado 2 de mayo de 2009

Los Ruiz de Alda: milicia, política y negocios.

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Los Ruiz de Alda: milicia, política y negocios

El último propietario de la ahora clausurada Fábrica de Loza de San Claudio es nieto de uno de los fundadores de Falange e hijo del subgobernador del Banco de España con Mariano Rubio

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Moreno, el vínculo asturiano. Oviedo

Javier CUARTAS

El empresario Álvaro Ruiz de Alda Moreno, que acaba de poner fin a su vinculación industrial con Asturias con el cierre y extinción de la histórica compañía Loza de San Claudio, con 108 años de antigüedad, atesora en sus apellidos la vinculación con sendas dinastías en las que han convivido los negocios, la milicia, la política, las finanzas y el servicio a la Administración, y en todo los casos con un acusado protagonismo en la vida española de los últimos tres cuartos de siglo.

Por su abuelo materno, Andrés Moreno, ha tenido su familia, además, estrechas vinculaciones con Asturias. Con la compra en 1992 de Fábrica de Loza de San Claudio por Álvaro Ruiz de Alda Moreno (abogado y empresario nacido en Madrid en 1961), la dinastía de los Ruiz de Alda regresó a lo que habían sido sus actividades originales: la industria de bienes de consumo con un alto componente artesanal y tradicional.

El bisabuelo del último dueño de San Claudio, Silvio Ruiz de Alda, y su esposa, Francisca Miqueleiz, eran propietarios en Estella (Navarra) de una fábrica de curtidos en el siglo XIX. De los doce hijos del matrimonio, fue Julio Ruiz de Alda Miqueleiz (Estella, 1897), abuelo de Álvaro, quien colocó a la estirpe en las páginas de la historia contemporáneo española. Primero, en 1926, en su condición de capitán de aviación, cuando en compañía de Ramón Franco, Juan Manuel Durán y Pablo Rada protagonizó la gesta aérea del «Plus Ultra», el primer vuelo trasatlántico entre España y América a bordo de un hidroavión Dornier Wal.

Luego, en 1933, cuando aparece, con José Antonio Primo de Rivera, Rafael Sánchez Mazas, Carrión y otros, en el nacimiento del Movimiento Español Sindicalita (MES) y luego de Fascismo Español (FE), antecesores de Falange. José Antonio, Ruiz de Alda y Valdecasas fueron los tres oradores que intervinieron en el acto de presentación de Falange Española en el teatro de la Comedia, de Madrid, en octubre de 1933 y quienes integraron el triunvirato que dirigió Falange en sus orígenes. Ruiz de Alda fue el segundo orador y quien convocó a los trabajadores a unirse al nuevo partido: «A los obreros hay que convencerles de que somos tan sindicalistas como ellos, pero creadores de riqueza.

No solamente reconocemos a los sindicatos, sino que de ellos haremos una de las bases de nuestro sistema», sostuvo. En febrero de 1935, tras la ruptura entre Ledesma Ramos (JONS) y José Antonio (FE), Ruiz de Alda pasó a ocupar la presidencia de la junta política de FE y de las JONS. En las elecciones de febrero de 1936 Ruiz de Alda apenas obtuvo 2.930 votos (el 1,9%) por la circunscripción de Santander. En julio de 1936 (días antes de la sublevación) Ruiz de Alda fue encarcelado en la prisión Modelo, de Madrid.

Un mes después del golpe militar Julio Ruiz de Alda, al igual que otros correligionarios, fueron sacados de la cárcel, el 22 de agosto, por milicianos y fusilados. La fractura de España en dos bandos irreconciliables la vivió la familia en su propio seno. Julio Ruiz de Alda se había casado con Amelia Azarola y Fernández de Celis, hija del ingeniero y alcalde de Santesteban (Navarra), Emilio Azarola Gresillón, y sobrina de Antonio Azarola Gresillón, ministro de Marina en la II República, quien fue fusilado el 4 de agosto de 1936 por los franquistas por su negativa a entregar el mando del Arsenal de El Ferrol a los golpistas.

Amelia Azarola, médica, fue quien el 14 de abril de 1931 portó, por los universitarios madrileños, la bandera de la II República desde la calle de San Bernardo a la Puerta del Sol. La republicana Azarola y el falangista Ruiz de Alda tuvieron un único hijo, Juan Antonio Ruiz de Alda Azarola (San Sebastián, 1933), padre del último propietario de San Claudio. De Juan Antonio Ruiz de Alda, que llegó a ser subgobernador del Banco de España en el primer Gobierno de Felipe González, se ha dicho que fue uno de los primeros españoles en obtener un máster en Administración de Empresas por la Universidad de Harvard.

Juan Antonio se dedicó a la banca, primero en el Banco de Bilbao y luego como cofundador en 1962 de Banif, la primera entidad española para la gestión de grandes fortunas. En 1975 Ruiz de Alda y sus socios vendieron Banif al Banco Hispano Americano. Ruiz de Alda, que se había casado con la hija de un histórico director general del Hispano, se incorporó acto seguido a este banco y sonó como posible aspirante a la presidencia. Luego volvió al Bilbao y presidió su filial, el Banco de Comercio, entre 1978 y1981.

Ya en la Universidad Ruiz de Alda había hecho amistad con Mariano Rubio. Ambos formaron parte desde los años sesenta de un grupo de amigos que, situados entre la derecha liberal y el comunismo, habrían de asumir un relevante protagonismo empresarial, político y universitario en la España democrática bajo la etiqueta de la «beautiful people». En plena crisis bancaria de los primeros ochenta, con el asturiano José Ramón Álvarez Rendueles de gobernador del Banco de España y Mariano Rubio como subgobernador, a Ruiz de Alda se le encomendó el Fondo de Garantía de Depósitos y la delicada labor de poner orden en el sector y dirigir el salvamento de bancos. Cuando en 1984 Rubio sucede a Rendueles, Ruiz de Alda se convierte en subgobernador. Ambos culminaron el mayor saneamiento que haya vivido el sector financiero español.
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Que no se silencie la represión del franquismo

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Que no se silencie la represión del franquismo


LA RIOJA
Que no se silencie la represión del franquismo

02.05.09 - M. A. R. LOGROÑO

«Que los Institutos lleven a La Barranca a los alumnos como actividad extraescolar»

Que no se silencie la represión del franquismo; que se sepa que en un terreno del término de Lardero yacen los restos de 404 riojanos fusilados (hubo 2.000 en toda La Rioja), fueron los objetivos fundacionales de la Asociación de La Barranca.

Después de muchos años de actuaciones y reivindicaciones, la Comisión de Familiares y Amigos de los asesinados en la Barranca, legalizó su existencia y, con ella, se convirtió en Asociación con el nombre de La Barranca para la Preservación de la Memoria Histórica en La Rioja
El colectivo recuerda que siguen y seguirán buscando más desaparecidos y documentos. La Barranca es el emblema permanente de lo que fue la represión.

«Ya nos movimos primero en los años de la Dictadura haciendo nuestro ese espacio (entonces sólo albergaba los restos de las tres enormes fosas donde mataron a los nuestros), y luego convirtiéndolo en Cementerio Civil el 1 de mayo de 1979. Así que seguiremos buscando y preservando nuestros nombres, nuestros recuerdos, nuestra Memoria Histórica», razonan sus componentes. La Asociación se constituyó provisionalmente el 1 de noviembre de 2008 en la Barranca de Lardero. Y definitivamente en una Asamblea celebrada el 21 del mismo mes y año en el Salón de Actos de lo que hoy es Escuela de Arte y Superior de Diseño de La Rioja, edificio e institución que, para ellos, conservará el nombre que conocieron y sufrieron durante años.
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