martes 7 de diciembre de 2010

El historiador Ángel Olmedo presentará en Llerena su trabajo sobre la Guerra Civil en esta localidad

Se trata de la obra ganadora del Premio 'Arturo Barea' 2009

   LLERENA (BADAJOZ), 7 Dic. (EUROPA PRESS) -
   El historiador Ángel Olmedo presentará este jueves en Llerena (Badajoz) un libro que trata sobre la Guerra Civil en esta localidad, reconstruida a través de fuentes orales del lugar.
   La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura (Armhex) y el Ayuntamiento de Llerena han programado para este viernes la presentación de este trabajo, que fue el ganador del Premio 'Arturo Barea 2009' convocado por la Diputación de Badajoz.
   La publicación, que lleva por título 'Llerena 1936. Fuentes orales para la recuperación de la memoria histórica', se presentará este jueves 9 de diciembre, a las 20,00 horas en el centro cultural 'La Merced' de esta localidad pacense.
   El acto contará con la presencia del autor del libro, Ángel Olmedo Alonso, historiador y miembro de Armhex, según informa la Diputación de Badajoz en nota de prensa.
   'Llerena 1936. Fuentes orales para la recuperación de la memoria histórica' relata, a través de documentación histórica y testimonios orales, "la represión desatada en la capital de la Campiña Sur por las nuevas autoridades franquistas durante el año que comenzó la Guerra Civil española", explica.
   El historiador Francisco Espinosa Maestre explica en el prólogo del libro que "los documentos que dejó la dictadura son parcos en información sobre este asunto", ya que "fue mucha la energía derrochada para ocultar la matanza fundacional".
   Por eso ha explicado que la novedad de este trabajo, "es el recurso a la fuente oral, ya utilizada en otros trabajos anteriores pero de especial relevancia en este caso y por lo que a Badajoz se refiere".
   Por su parte, Ángel Olmedo Alonso nació en la localidad cacereña de Navaconcejo en 1965. Es licenciado en Filosofía y Letras, sección de Historia Contemporánea por la Universidad de Extremadura (UEx).
   Ha publicado diversos libros sobre el anarquismo y la memoria histórica, así como artículos sobre la guerra civil, la represión y los lugares de la memoria en Extremadura.
   Director de los campos de trabajo para recuperación de memoria histórica que desde hace años, a propuesta de la Armhex y con la subvención del Instituto de la Juventud de Extremadura, se llevan a cabo. Ha colaborado igualmente en diversos programas de televisión y en varias series de documentales sobre la Guerra Civil en Extremadura

España: justicia pide al gobierno investigar robo de niños del franquismo


AFP

La fiscalía de la Audiencia Nacional, principal instancia judicial española, pidió al ministerio de Justicia que investigue los robos de niños durante el franquismo, entre 1940 y 1980, a través de una oficina de atención a las víctimas, indicaron fuentes judiciales este martes.
En un escrito del fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza, al ministro de Justicia, Francisco Caamaño, aquél le "propone abrir una oficina de atención a las víctimas" de estas desapariciones "para que puedan reclamar y para que el ministerio de Justicia les dé una solución", según las fuentes.
Las investigaciones se harían "por la vía administrativa", ya que estos presuntos delitos, cometidos entre 1940 y 1980, han prescrito, alega Zaragoza.
El ministerio de Justicia se encargaría de "localizar el paradero de niños" dados por desaparecidos en esas fechas o de encontrar los certificados de defunción falsos que se dieron a los padres en los hospitales en el momento de los fallecimientos, a partir de denuncias de padres que sospechen de la sustracción de su hijo o de adultos que crean tener una identidad falsa.
El fiscal aduce que la investigación de los niños desaparecidos del franquismo no está contemplada en la Ley de Memoria Histórica, aprobada por el parlamento español a finales de 2007 para rehabilitar a las víctimas de la Guerra Civil (1936-39) y la dictadura de Francisco Franco (1939-1975).
El pedido del fiscal Zaragoza sigue a un encuentro que tuvo hace 15 días con familias de la plataforma Grupos de Afectados de Clínicas de Toda España, que denunció "cientos de casos" de sustracciones de recién nacidos en clínicas españolas a cuyos padres se comunicó su fallecimiento.
Sin embargo fueron entregados a otras familias "previa falsificación de los documentos necesarios", según el fiscal.
El juez español Baltasar Garzón incluyó la necesidad de investigar este robo de niños en las investigaciones que efectuó durante un breve tiempo en 2008 de las aproximadamente 113.000 desapariciones durante la Guerra Civil y los primeros años del franquismo.
Por iniciar esta investigación será juzgado próximamente por el Tribunal Supremo español tras ser denunciado por varias organizaciones consideradas de extrema derecha que alegan que no era competente para ello.
Por ello fue suspendido de sus funciones de manera temporal en mayo.
Garzón denunció en 2008 "sustracciones sistemáticas de niños de presas republicanas" que "durante más de 60 años no han sido objeto de la más mínima investigación".
"Podría haberse desarrollado un sistema de desaparición de menores, hijos de madres republicanas (muertas, presas, ejecutadas, exiliadas o simplemente desaparecidas) a lo largo de varios años, entre 1937 y 1950, desarrollado bajo la cobertura de una aparente legalidad".
Los registros oficiales hablan de hasta 30.000 niños que pasaron bajo tutela franquista entre los años 40 y 50, sobre todo acogidos por instituciones religiosas.

EL VALLE DE LOS CAÍDOS, UNA CRUZ PARA LA DEMOCRACIA ESPAÑOLA

José Ramón Villanueva Herrero
(El Periódico de Aragón, 27 noviembre 2010 ; Diario de Teruel, 28 noviembre 2010)

Cada año, en torno al 20 de noviembre, se suceden las mismas escenas de los nostálgicos del franquismo queriendo honrar a Franco en el Valle de los Caídos, imágenes que, como viejos espectros del pasado, agitan nuestra memoria reciente cual si se tratara de una pesada cruz que todavía arrastra nuestra democracia 35 años después de la muerte del dictador.
El Valle de los Caídos, imponente y faraónica memorial, símbolo por excelencia del franquismo, sigue siendo sin duda el lugar más emblemático para el fascismo español. Así, en la página web de la Fundación Francisco Franco hallamos un amplio dossier bajo el engañoso título de “Lugar de reconciliación y de paz” en el que podemos leer todo un cúmulo de despropósitos escritos en el más rancio lenguaje de otras épocas, llegándose incluso al cinismo de denunciar la que califica de “campaña contra el Valle de los Caídos con la pretensión de convertirlo en un monumento laico, desatada desde sectores comunistas y que propugnan la ruptura de la unidad de España, con datos inexactos, cuando no tergiversados”. Resulta igualmente indignante el que la Fundación franquista, ignorando deliberadamente la realidad histórica, sigue negando que dicha obra fue realizada por presos políticos republicanos, que muchos de ellos murieron durante los 20 años que duró su construcción, o que dichas obras “supusiesen un dispendio para las finanzas públicas”.
Los franquistas de ayer y de hoy siempre han querido presentarnos el Valle de los Caídos como “un monumento representativo de la reconciliación nacional” por el hecho de que en el mismo hay enterrados casi 40.000 españoles que lucharon en ambos bandos durante la guerra civil. Esa misma idea, ya la recogió el corresponsal en Madrid del New York Times el día de su inauguración, el 1 de abril de 1959, el “Día de la Victoria” en el calendario del régimen y cuando se cumplían los 20 años del final de la contienda: en pleno idilio anticomunista entre el régimen y los EE.UU., en dicha crónica, se podía leer que, con este monumento, “Franco ofreció el ramo de olivo de la paz a los millones de españoles que entre 1936 y 1939 lucharon al lado del Gobierno republicano vencido”. Y sin embargo, nada más lejos de la realidad: ni el franquismo se reconcilió con los vencidos en pues todavía quedaban 16 duros años de dictadura, ni este memorial, por su origen, su significado, su construcción (realizada, para mayor ignominia con el trabajo y sufrimiento de miles de presos políticos republicanos entre 1940 y 1959) ni por su objeto último (ser lugar de enterramiento del dictador y de José Antonio Primo de Rivera), tenía nada que ver con una ansiada y necesaria reconciliación entre las dos Españas desgarradas por el enfrentamiento fratricida y por las consecuencias del mismo.
Ante esta situación, en estos últimos años, diversas asociaciones memorialistas han querido poner las cosas en su sitio, denunciar la apología del franquismo que suponía la utilización partidista del Valle de los Caídos a la vez que honrar la memoria de las víctimas republicanas. Ahí están las iniciativas de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), los Foros por la Memoria, o la Asociación de Familiares y Amigos de Represaliados por el Franquismo (AFARIIREP) tendentes a adecuar y redefinir el sentido que debe tener el Valle de los Caídos en nuestra sociedad democrática. Algo se ha avanzado con la Ley 52/2007 de la Memoria Histórica, que en su artículo 16.2 prohíbe la celebración en el mismo de “actos de naturaleza política ni exaltadores de la Guerra Civil, de sus protagonistas o del franquismo”, pero no es suficiente. Tal y como proponen estas asociaciones, resulta evidente que, dado que el Valle de los Caídos es propiedad de Patrimonio Nacional, debe ser un lugar aconfesional y, por ello, sería necesario desacralizar su basílica y trasladar a la comunidad monástica que lo habita. De igual modo, los restos de Franco y José Antonio se deben de entregar a sus familias, así como también identificar a varios miles de combatientes allí sepultados y exhumar los restos de todos aquellos que, como fue el caso de los republicanos, fueron llevados a este lugar sin el consentimiento de sus familias, un inaudito robo de cuerpos para intentar simbolizar una reconciliación que nunca existió durante el franquismo, esto último aprobado por el Congreso de los Diputados el pasado mes de octubre. Otra de las demandas memorialistas pide que se investigue a las empresas que se lucraron durante su construcción con mano de obra esclava republicana indemnizando a sus supervivientes o a sus familias, tema éste inédito en España, a diferencia de lo ocurrido en otros países como Alemania tras la derrota del nazismo. Y la exigencia fundamental: que el conjunto del Valle de los Caídos se convierta en lo que moralmente debe ser: un Memorial que honre a las víctimas del franquismo y recuerde lo que la dictadura supuso en nuestra historia reciente.
No estoy de acuerdo con quienes pretenden volar o desmantelar la gran cruz que preside la basílica. Y ello por dos razones: porque representa la utilización por parte del franquismo de los símbolos y valores cristianos en beneficio exclusivo de su dictadura contando para ello con la entusiasta connivencia de gran parte de la Iglesia católica. Pienso que no se entendería lo que supuso el franquismo sin esa amalgama de ideas fascistas, pensamiento conservador y clericalismo. Se convierte, pues, en un símbolo, triste símbolo, de esa vuelta anacrónica a la unión de la cruz y la espada, de tan funestos recuerdos en nuestra historia, de la manipulación del verdadero mensaje evangélico, del cual tan responsable fue la Iglesia adicta y legitimadora del franquismo. Tampoco estoy de acuerdo en demolerla por una segunda razón pues, de hacerlo, desaparecería una parte del dolor y del sufrimiento que supuso su construcción para los presos políticos republicanos, como tampoco hay que destruir los restos de los campos de exterminio nazis para que así sean lugares de la memoria y, con ellos, educar a las futuras generaciones en lo que supuso la magnitud del genocidio nazi (o el franquista) y así inmunizarlas ante cualquier delirio fascistoide, xenófobo o racista.
Por todo ello, considero que ha llegado el momento de que los poderes públicos asuman las propuestas de las asociaciones memorialistas. Ello requiere, una voluntad política por parte del Gobierno, que deberá reformar en este punto y otros muchos la Ley de la Memoria Histórica. Sólo así, el Valle de los Caídos dejará de ser una cruz que pesa como una losa sobre la conciencia democrática española.

Una botella en un océano de huesos

Josefa busca a su padre, arrojado a una fosa en Valencia, gracias a un envase con sus datos enterrado junto al cadáver


Josefa Celda, junto a la imagen de su padre José.- JUAN NAVARRO

Josefa Celda, junto a la imagen de su padre José.- JUAN NAVARRO

Entre los huesos de los 2.300 fusilados que guarda el cementerio de Paterna (Valencia), entre la cal que les echaron los verdugos y la tierra que el tiempo ha puesto encima, están los restos de José Celda Beneyto, ejecutado en 1940. Su hija Josefa, que ahora tiene 80 años, quiere desenterrar el cadáver de su padre antes de morirse. No le importa la política, ni la memoria histórica, ni siquiera la justicia de demostrar al mundo que su padre fue ejecutado sin haber cometido delito alguno. Lo que quiere es quitarse el peso en el alma que le dejó la carta hallada en la ropa del fusilado: "Sí os digo que soy inocente del todo, confío en que tendréis memoria de mí".
Josefa entiende que sólo puede responder a esa petición de memoria a través de la identificación y exhumación de su padre, y el posterior entierro digno de los restos en su pueblo, Massamagrell. Durante años, ha contado a sus dos hijas la dramática historia del abuelo y se ha asegurado de que las dos hereden su empeño. Después de décadas de miedo y silencio, pidieron al Ayuntamiento de Paterna permiso para abrir la fosa donde está enterrado José Celda. El pasado día 19, el consistorio, gobernado por el PP, dio su autorización.
José Celda fue fusilado después de la delación de un vecino y un juicio sin garantías
La noticia ha sido una inyección de alegría para la familia. Josefa lleva dos semanas durmiendo de un tirón, soñando con hacer las paces con el fantasma de su padre. Es el primer paso, pero el camino que le queda por delante es largo y lleno de obstáculos. El principal es la dificultad técnica de encontrar un cadáver entre los miles de muertos que la represión franquista enterró en Paterna entre 1939 y 1956. No en vano la ciudad se ha ganado el apelativo de "paredón de España" entre quienes se dedican al estudio de la Memoria Histórica.
Josefa Celda sería la primera en conseguir que la inmensa fosa común que es el cementerio de Paterna se abriera. Y nadie sabe con certeza lo que hay debajo: en qué disposición, con qué orden se colocaba a los fusilados. En los días más duros de la posguerra, llegaban hasta 40 cadáveres al día, según atestigua el historiador Vicente Gabarda. El de Paterna, explica, "es el cementerio con más fusilados enterrados de las últimas provincias ocupadas por el franquismo, y, en proporción a la población del municipio, el más grande de España". Con el tiempo y la actividad normal del cementerio, la tierra se ha removido y muchos de los fusilados han acabado en el osario, como atestigua el enterrador, Luis París: "Aquí" concluye es raro el día en que cavas una tumba nueva y no te sale un hueso humano, y todo el mundo sabe de quiénes son esos huesos".
Pese a este caos, Josefa Celda tiene una razón para la esperanza. Su tía, cuenta, consiguió colarse en el cementerio horas después de la ejecución, justo a tiempo para sobornar al enterrador y conseguir que dejara junto al cadáver una botella de vidrio "de esas antiguas de gaseosa". Dentro, hay un papel con el nombre y los dos apellidos de José Celda. A cambio de cinco duros, "una fortuna para la época", la hermana de su padre consiguió también que el enterrador pusiera el cuerpo en lo alto de la fosa común que estaba a punto de cerrar, y no en el fondo de la siguiente. Pudo llevarse, además, un mechón de pelo que Josefa y sus hijas guardan celosamente y que, piruetas del destino, puede ahora resultar de utilidad para la identificación del cadáver.
Su hermana sobornó al enterrador para que el cadáver pudiera ser identificado algún día

Víctima de una traición

Pese a las dificultades, Josefa está viviendo este proceso con la alegría de quien ve cerca el momento de cerrar una herida. "Después de tantos años de miedo", cuenta su hija Julia, "este proceso le está sirviendo de catarsis". Los recuerdos de la infancia junto a su padre vuelven nítidos a su memoria. Describe los hombros anchos que la cargaban de niña y la generosidad y bondad de aquel hombre con la idealización propia de la chiquilla de 9 años que era cuando quedó huérfana. Pero, junto a los sentimientos, vuelve también a su memoria el preciso relato de los hechos que llevaron a la muerte a su padre. Tan verosímiles como parecidos a los que trajeron la desgracia a miles de personas como él, un hombre normal, labrador, que cometió el error histórico de ser de izquierdas en plena posguerra.
"Cuando los nacionales llegaron a Valencia, mi tía le dijo que cogiera a mi madre y se fueran los dos en barco, que ella se ocuparía de mis hermanas y de mí, pero él no quiso irse. ¿Irme? Pero si yo no he hecho nada', decía". José Celda, según la narración de su hija, no previó la fiereza con la que el bando vencedor trataría a los vencidos. La primera en ser encarcelada fue su mujer, que durante la guerra cosió uniformes para el bando republicano. Poco después, le tocó a él, que cayó víctima de una delación. Un vecino de su mismo pueblo lo denunció. Josefa recuerda el encontronazo que, años antes, había originado la enemistad entre los dos: "En medio de la plaza del pueblo, mi padre se negó a trabajar para él. Le gritó: Los que se aprovechan de los trabajadores habrían de estar en un barco agujereado en medio del mar".
Después de la denuncia, Celda fue juzgado. "Le preguntaron si conocía al denunciante, pero como se refirieron a él por su nombre y apellidos y no por el mote, que es como todos se conocían en el pueblo, mi padre dijo que no sabía de quién le hablaban", cuenta Josefa. Lo condenaron a muerte. Pasó un año en la cárcel, hasta que lo fusilaron en septiembre de 1940. A su mujer, todavía encarcelada, las monjas la vistieron de luto un día antes de la ejecución.
Josefa ha dado el primer paso para rescatar los huesos de su padre 
Han pasado 70 años y Josefa ha dado el primer paso para rescatar los huesos de su padre. Además de la dificultad añadida que supone sondear en las fosas comunes de Paterna, tiene por delante el mismo camino largo e incierto que marca la Ley de Memoria Histórica para cualquier víctima del franquismo que pretende recuperar los restos de un familiar asesinado.
Primero, el ayuntamiento deberá publicar en boletines oficiales los nombres de las personas que se cree que acompañan a Celda en su fosa común. Si el familiar de alguno de ellos se opone a la exhumación, el alcalde deberá decidir si sigue adelante o no. Después, habrá que evaluar si es técnicamente posible encontrar un cadáver entre los miles que pueblan el subsuelo del cementerio de Paterna. Tocará entonces investigar el lugar exacto del enterramiento de Celda y hacer una excavación científica. Y un examen del ADN de los restos para confirmar que estamos ante el cadáver deseado. Un trabajo ingente para el que hacen falta historiadores, arqueólogos, forenses. Y, sobre todo, dinero, que según la ley deberá aportar al Gobierno en forma de subvención.
"La familia desconocía todo este proceso, estaban solos", se lamenta Matías Alonso, coordinador del Grupo para la Recuperación de la Memoria Histórica de Valencia, la asociación que está prestando ayuda a Josefa. Alonso culpa de esta desorientación a las autoridades autonómicas "que no se implican activamente en ayudar a las familias". Josefa, mientras, se mantiene ajena a disputas políticas y relee la última carta de su padre: "Lo que han hecho de mí sin ser culpable esde no tener alma ni corazón, pero confío en que tendréis memoria de mí".

De vuelta a casa 63 años después

F.J.M. / TERUEL
Francisco Delgado Mir tenía 12 años cuando la Guardia Civil se llevó a su padre y a su hermano una noche de marzo de 1947 en el Molino del Peinado, entre Manzanera y Torrijas. Vivía allí toda la familia y nunca más volvieron a verlos. A efectos legales pasaron a figurar como desaparecidos, pero al poco tiempo supieron que habían sido ejecutados junto con otras siete personas cuando los llevaban presos a Valencia. Enterrados juntos en una fosa clandestina en el cementerio de Albalat dels Tarongers (Valencia), el pasado 27 de noviembre regresaron a sus casas con los suyos 63 años después de su ejecución sumarísima.

Los nombres de estos nueve fusilados durante el franquismo han sido restituidos por fin gracias a la labor realizada por la asociación La Gavilla Verde, que localizó a los familiares y gestionó la exhumación de sus restos para poder identificarlos.

Hoy, Francisco Delgado y sus hermanas, al igual que otros parientes del grupo de los nueve de Albalat, se sienten aliviados de que por fin sus familiares hayan regresado con ellos. Al padre y al hermano de Francisco los han enterrado en Mora de Ebro, junto a la madre, mientras que a otros, como Ernesto Marco Escat, lo han hecho junto a sus padres. 

La mayoría han regresado  a sus pueblos de origen en la provincia de Teruel y otros a los lugares donde la familia tuvo que marcharse por el acoso que sufría por parte de la Guardia Civil. Dos de ellos, Fernando Durango y José Bertolín, se han quedado en Albalat, juntos otra vez, pero en un nicho donde una placa de mármol recuerda sus nombres tras haber recuperado su identidad. Sus familiares no han podido ser localizados. 

Con la recuperación e identificación de estos nueve represaliados de la zona de Manzanera y su entorno, se recupera un pasaje de la historia de la provincia de Teruel, silenciado oficialmente pero recordado todavía con miedo por quienes lo vivieron. Las familias nunca olvidaron a los suyos, pero sobre ellos se hizo un silencio que ahora se ha roto tras la exhumación de sus restos.

Una exhumación que habla de la cruel represión del franquismo en la posguerra  y de la que se expresan con claridad los forenses que han hecho la autopsia de los esqueletos para su identificación. El informe forense fue presentado en el Aula Magna de la Universitat de Valencia a principios del mes pasado y la conclusión es que fueron asesinados, porque muestran lesiones en rodillas y piernas, además del tiro de gracia en la cabeza a corta distancia.

A Francisco todavía se le “revuelven las tripas” cuando ve un uniforme de la Guardia Civil. “No puedo verlos porque me marcaron muchísimo en mi infancia y juventud”, comenta. Tenía 12 años aquel día de marzo de 1947 cuando fueron a por su padre al Molino del Peinado. Él dormía con su hermano mayor, de 17 años, al que también se llevaron los guardias civiles para matarlo.

“Antonio, baja, que tienes que encender fuego, que la Guardia Civil tiene frío”, recuerda que dijo su padre al llamar al mayor de los hijos, que estaba en la habitación con él. “Se los llevaron y ya no supimos nada más”, explica.
Antonio Delgado, el padre, procedía de una familia de artistas que recorría los pueblos de la zona y la noticia de su ejecución junto a otras ocho personas no tardó en llegar a sus oídos. “Se ve que había un pastor o un trabajador allí, en un corral, y lo vio todo, y por eso mis tíos enseguida se enteraron”, comenta.

Un naveto que conoció el infierno

Pedro Timón recupera en un documental la historia de Víctor Cueto Espina, nacido en Ceceda y preso 5 años en el campo nazi de Mauthausen


Pedro Timón, director del documental «Víctor Cueto Nº 3.438».
Pedro Timón, director del documental «Víctor Cueto Nº 3.438». marcos león

Ceceda (Nava), 

Mariola MENÉNDEZ 

Cuesta comprender que uno no ponga toda la tierra posible de por medio del lugar que durante cinco años ha sido su infierno. El naveto Víctor Cueto Espina no lo hizo. Estuvo prisionero desde 1940, con el número 3.438, en el campo de concentración de Mauthausen (Austria), hasta que fue liberado por las tropas americanas en 1945. Pero este apátrida no podía regresar a España, de la que había huido a Francia en 1939 escapando del régimen franquista, y también se sentía traicionado por el país galo. Por lo que quedarse a vivir en Lenzing, a 20 kilómetros del lugar en el que le habían torturado, fue su mejor opción. 

Al fotógrafo gijonés Pedro Timón esta circunstancia no le pasó desapercibida y quiso conocer más a fondo la historia de este naveto que logró formar una familia en el pueblo donde se recuperó de las heridas de Mauthausen. Su homenaje personal a las víctimas del holocausto nazi ha sido el documental «Víctor Cueto Nº 3.438». Además de ser una forma de canalizar su experiencia personal de contar estas historias, es una «actitud memorialista», apunta. Pedro Timón desea contribuir al juramento que los prisioneros hicieron tras su liberación y a través del que se comprometían a pedir justicia, que no se repita esta barbarie y que la humanidad no la olvide. 

Timón ha contado con la participación de la hija de Víctor Cueto, Silvia Cueto, que este verano visitó Ceceda acompañada de su marido para conocer las raíces de su padre. El cronista oficial de Nava, Leocadio Redondo Espina, hizo las veces de anfitrión por sus orígenes escabecheros y por el parentesco que les une. La madre de Víctor (Herminia Cueto Espina) era hermana de la abuela materna de Leocadio (Mercedes Cueto Espina). Entonces, dar a luz estando soltera era razón suficiente para tener que abandonar un pueblo como Ceceda y buscar el anonimato en Gijón. Además, se cree que pudo hacerlo presionada por las influencias de la familia del padre a la que se otorga cierto poder, aunque Leocadio Redondo asegura que no hay constancia de la identidad del progenitor. 

Los recuerdos de Víctor Cueto sobre su pueblo natal eran escasos y el cronista recuerda que a mediados de los años cincuenta, cuando él aún era un niño, les visitó este pariente de su madre que vivía en Austria. Los navetos, conscientes de la dramática historia del que fuera el número 3.438 de Mauthausen, también quiere mantener viva su memoria. 

El Ayuntamiento estudia proyectar el documental de Timón en el concejo a modo de homenaje. No quieren que se olviden la lucha por la supervivencia de este hombre que nació en Ceceda en 1918, en el seno de una familia humilde, y que en octubre de 1937 se vio obligado a zarpar del puerto de El Musel rumbo a Francia huyendo de las tropas fascistas. Regresó del país galo para luchar con los republicanos aunque volvió tras la caída de Cataluña en manos nacionalistas en 1939. Un año después conoció el horror en Mauthausen. Murió en 1990.
lne.es

Campaña de recogida de información sobre las víctimas de la guerra civil

Prosigue la campaña de recogida de información sobre las víctimas de la guerra civil y del franquismo. Se recuerda a todos los zarauztarras la necesidad de la colaboración ciudadana para recopilar información, vivencias, recuerdos, material fotográfico y de otra índole, etcétera, relativos a ese momento histórico.
Con esta campaña se quiere ofrecer a la ciudadanía la posibilidad de contar su propia historia. Si alguna familia no quiere que esta información se haga pública, pueden comunicar antes del 31 de diciembre.
La recogida de información se puso en marcha el 25 de octubre y estará abierta hasta el mismo 31 de diciembre. Tanto para la recogida de la información, materiales, etcétera, como para solventar dudas, pueden contactar con Ainhoa Fernández de Labastida, en el correo zarautz@bakeola.org, o llamando a los teléfonos 943.005122 ó 685.720032, en la dirección Zigordia 34.

El Gobierno concede a Gonzalo Adrio la Medalla al Mérito en el Trabajo


Su hija Marica Adrio destacó ayer que «es un reconocimiento a toda una vida de trabajo»

El Gobierno concede a Gonzalo Adrio la Medalla al Mérito en el TrabajoGonzalo Adrio tiene en la actualidad 91 años

El abogado pontevedrés Gonzalo Adrio Barreiro fue galardonado ayer por el Consejo de Ministros con la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo. Fue el propio delegado del Gobierno, Antón Louro, el encargado de comunicarle la decisión del Gobierno y aprovechó la ocasión para felicitarles «por los méritos que han sido destacados en esta mención».

Entre otras cuestiones, el Consejo de Ministros, que concedió esta distinción a 34 personas y al Grupo Fundosa de la Fundación Once, quiso «destacar el mérito de una conducta socialmente útil y ejemplar en el desempeño de los deberes que impone el ejercicio de cualquier trabajo, profesión o servicio».
En el caso de Gonzalo Adrio, quien nació en Pontevedra en 1919, no solo se reseñó que ejerció la abogacía durante más de sesenta años, sino que también se destacó el hecho de que «es especialista en la memoria histórica y en la recuperación de los fallecidos durante la guerra y la represión franquista».
A este respecto, su hija, Marica Adrio, destacó que es «un reconocimiento a toda una vida de trabajo, a toda una historia y, como dice el Consejo de Ministros, a su defensa de la memoria histórica, a su recuperación». Añadió que su padre «lo ha recibido, a sus 91 años, con mucha ilusión y su familia también y agradeciendo a quien hizo la propuesta».
A este respecto, Adrio ya fue reconocido públicamente en el 2004 cuando fue designado premio Ciudad de Pontevedra. En aquel momento se rindió tributo a su trayectoria personal, política y profesional en defensa de las libertades y los derechos democráticos, así como por su empeño en recuperar la memoria histórica de la capital provincial. En concreto, «para sacar del olvido y el silencio a los hombres y mujeres que dieron su vida por la Democracia frente a la dictadura y la barbarie».
«Referente ético»
Por aquel entonces, añadieron que el abogado pontevedrés es «un referente ético» y un «permanente defensor de las causas que dignifican al ser humano».
En su perfil más político, Gonzalo Adrio formó parte entre 1987 y 1991 de la corporación municipal de Pontevedra y es autor de, entre otros, La vida municipal en la II República Española, que presentó públicamente hace ahora algo más de dos años.

Compromís insta al Consell a volver a abrir la convocatoria de ayudas a represaliados de la Guerra Civil

VALENCIA, 4 Dic. (EUROPA PRESS) -
   La portavoz adjunta de Compromís Mónica Oltra ha registrado una proposición no de ley en las Corts por la que insta al Consell a adecuar la normativa --el Acuerdo del Consell de 6 de mayo de 2005 y el Decreto 210/2005-- y a volver a abrir una convocatoria de ayudas a los afectados o familiares que experimentaron privación de libertad por motivos de la Guerra Civil española.
   Según publica el Boletín Oficial de las Corts, consultado por Europa Press, la propuesta de Compromís pide que se incluya a los afectados que estuvieron privados de libertad por un tiempo inferior a tres años y a aquellos que estuvieron en la prisión y cumplían los requisitos pedidos en la convocatoria del año 2004 pero no pudieron certificar su estancia en la prisión por el tiempo establecido.
   En esta línea, una respuesta parlamentaria a la coalición sobre la posible apertura de una nueva convocatoria de ayudas, la Conselleria de Justicia señala que el Síndic de Greuges "dio por cerrada con fecha de 21 de septiembre de 2009" una queja sobre esta materia.
   La Conselleria argumentó al Síndic de Greuges, en el momento en el que se planteó la queja, que agotada la VI legislatura y disueltas las Corts "no es posible ofrecer una respuesta adecuada"

Sienten gratitud por México


Poetas y académicos españoles reconocen el ejemplo de solidaridad de este país con los perseguidos y exiliados
Nelly Sánchez
04-12-2010

 
Aurora Diez-Canedo, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, Gonzalo Santonja y Tomás Segovia participan en la mesa
Fotografía: Cortesía FIL.
GUADALAJARA._ La aportación que México hizo a España, como correspondencia por los bienes que le dio el exilio, fue el de la reconciliación, consideró Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.
El hijo de Lázaro Cárdenas, Presidente de México que recibió a los exiliados españoles en 1939, reconoció, la contribución del exilio a nuestro país, no solo de intelectuales, educadores, poetas, artistas y científicos, en una mesa organizada por la Junta de Castilla, en la Feria Internacional del Libro de esta ciudad.
"El contingente fue de suma importancia y su contribución fue importante en la expansión del pensamiento y economía, pero también llegaron trabajadores del campo, fábrica y taller", precisó.
"Introdujeron nuevos cultivos o mejoraron los existentes, aportaron mejores técnicas, sus contribuciones fueron tan valiosas como de quienes se movieron en campos más reconocidos".
Recordó el primer contingente importante, los mil 620 pasajeros del Sinaia, que desembarcaron el 13 de junio del 39 en el puerto de Veracruz, con la idea de que vivirían un exilio temporal y al paso de los años se hizo permanente.
Entre esos pasajeros venía el entonces niño Tomás Segovia, quien hoy, a sus 83 años, consideró que este país dio un ejemplo histórico una época muy terrible en la historia mundial, y fue haber convertido la actitud humana de la acogida en una actitud política de asilo, cuando casi todos los países "traicionaban" esa exigencia humana.
"Yo creo que esa exigencia humana que viene por lo menos desde los griegos, la actitud de acogida, acoger al perseguido, desvalido, huérfano, es un imperativo moral, pero eso hay que traducirlo en una actitud política y eso hizo México en los años de la guerra mundial, cuando los demás países traicionaban ese imperativo moral".
Consideró que sí existe la posibilidad de hacer una política humana, de acuerdo con los valores y no solo con los intereses nacionales o no y eso hizo México en el 39, no solo con los exiliados españoles, sino para el mundo entero.
"Como niño del exilio, compartí mi adolescencia de exiliado con judíos, alemanes y franceses exiliados en México, no éramos sólo los españoles, México fue un país de acogida para muchísima gente perseguida".
El escritor y crítico literario Gonzalo Santonja, inició sus comentarios con un poema del salmantino Pedro Garfias, a quien le dedican una escultura en esta ciudad, y en España a penas lo recuerdan.
El catedrático de la Universidad Complutense consideró que acoger a los exiliados españoles fue una empresa histórica y memorable, pero esa es la actitud que ha tenido siempre en España y un ejemplo de ello fue que cuando a Miguel de Cervantes se le "cerraba" la vida en España, vino a América y solicitó un destino en México.
"Mateo Alemán, autor de picaresca, era que era judío por parte de madre y padre, teniendo 34 años promovió su viaje a México, vendió sus propiedades, falsificó su genealogía, y se llamó Mateo Ayala".
José María Balcells, catedrático de la Universidad de León, recordó textos de gratitud de poetas exiliados, empezando por Pedro Garfias, con el último libro que publicó en vida, en 1953.

LA MESA
La mesa México, Tierra de Acogida estuvo moderada por Aurora Diez-Canedo. 

UNA CALLE PARA AMADO GRANELL






































































































Amado Granell Mesado fue el héroe de la liberación de París, en la II Guerra Mundial, y fue vecino de Alicante en los últimos años de su vida. Vivió tres guerras y fue protagonista de aventuras que podrían servir de guión a excelentes películas bélicas e, incluso, de espías. Durante toda su existencia dio ejemplo de tesón, integridad, valor y lucha por la democracia. Poseedor de múltiples condecoraciones y distinciones, cuando fue nombrado caballero de la Legión de Honor francesa, el general Leclerc dijo: “Si la Legión de Honor fue creada por Napoleón para premiar a los bravos, nadie se la merece más que usted”.
Granell había nacido el 5 de noviembre de 1898 en Burriana (Castellón), y en 1921, indignado por lo acontecido en el Desastre de Anual, se enroló en la Legión y luchó en nuestra Guerra de África.
En 1927, ya licenciado, nos lo encontramos en Orihuela al frente de un negocio de bicicletas y motocicletas. Por entonces era militante de Izquierda Republicana y estaba afiliado al sindicato UGT. Al estallar la Guerra Civil, formó parte del comité que se hizo cargo del Ayuntamiento oriolano y ayudó a salvar las valiosas obras de arte del Colegio de Santo Domingo y otros templos de la población.
En noviembre de 1936 es ascendido a capitán, al frente del llamado “Batallón de Hierro”, unidad de motoristas armados de fusiles ametralladores cuya denominación oficial era Batallón Motorizado de Ametralladoras, que sería ampliado a Regimiento. Por entonces manda los blindados que participan en el sitio de Santa María de la Cabeza.
Ascendido a Comandante en diciembre de 1938, se hace cargo de la 49 Brigada Mixta, con la que participa en la ofensiva de Fuente Ovejuna.
Al mando de la 49 División, en 1939, se ocupa de la defensa de Castellón ante el avance de las tropas de Franco.
En los últimos días de la guerra, decidido a continuar la lucha desde el exilio, se embarca el 28 de marzo de 1939 en el vapor Stanbrook, del capitán Dickson, último buque que parte del puerto de Alicante con casi 3000 refugiados. Granell lleva consigo su fusil ametrallador, que tiene que entregar a las autoridades francesas de Orán, donde es internado en un campo de trabajo.
Pero Granell no se da por vencido, y en 1942 se une a los americanos que acaban de desembarcar en el norte de África y los ayuda a tomar Orán. A continuación se enrola en los Cuerpos Francos de África, junto a otros muchos exiliados republicanos españoles, y tiene que tragarse su orgullo aceptando el grado de subteniente que le otorga el Ejército Francés. Participa en la campaña de Túnez en 1943, luchando contra las tropas alemanas del Afrika Corps del general Rommel. Allí es herido de gravedad y ascendido a teniente.
Por entonces, el general Leclerc llega del Chad con sus tropas de la Francia Libre y funda la División Acorazada que lleva su nombre. Granell se integra en ella como adjunto del capitán Dronne, en la mítica compañía 9ª, conocida como “La Nueve” en castellano, por estar integrada casi en su totalidad por exiliados republicanos españoles. Embarcados en el buque Franconia son enviados a Gran Bretaña para su entrenamiento y preparación con vistas a un futuro desembarco en el continente.
Y el desembarco de Normandía tiene lugar el 6 de junio de 1944. Una vez acondicionados los puertos prefabricados para recibir material pesado, la División Leclerc desembarca a su vez en Normandía el 1 de agosto y participa en los combates que consolidan el establecimiento definitivo de la cabeza de puente, en los que se distingue Granell al frente de su sección.
Los aliados avanzan hacia el Este tratando de alcanzar Alemania, aplastando a las tropas enemigas que se retiran. En París, la Resistencia se ha alzado contra los ocupantes y se ha hecho fuerte en el Ayuntamiento, mientras los alemanes todavía se mantienen en su Cuartel General. La situación es muy tensa, con escaramuzas y combates callejeros, mientras el general Von Choltitz, gobernador de París, espera la llegada de alguna división Panzer para cumplir las órdenes de Hitler de destruir la capital con todos sus monumentos. Si los resistentes no reciben ayuda inmediata puede producirse una matanza como la que ha ocurrido en Varsovia, donde la resistencia no ha recibido ayuda de las tropas rusas y los alemanes la han aplastado sin contemplaciones, provocando una masacre. De Gaulle y Leclerc quieren ir en auxilio de París, pero Eisenhower, Patton y Montgomery tiene otros planes. Para ellos lo importante ahora es destruir a los enemigos en retirada y prefieren rodear la capital francesa. Leclerc no se resigna y manda hacia París a su mejor compañía, “La Nueve”, en una misión que oficialmente es de reconocimiento. El capitán Dronne, al frente de una sección de unos 50 hombres en sus vehículos blindados, y el teniente Granell, al mando de otra sección, se dirigen a París por dos caminos distintos. Dronne deberá ir hacia el cuartel general alemán con el fin de hostigarles y conminarles, si puede, a que se rindan. Granell irá al Ayuntamiento, a reforzar a los resistentes que lo han ocupado. Por el camino encuentran un puente que sospechan está minado, dispuesto para estallar cuando sea cruzado por un vehículo. La columna se detiene y Granell, solo sobre su jeep, lo cruza el primero, comprobando que no tiene cargas explosivas, tras lo cual anima a sus hombres a pasar al otro lado. Los parisinos desconfían de aquellos soldados que hablan un idioma extranjero y llevan en sus tanquetas la bandera de la II República española, así como exóticos nombres (Guadalajara, Brunete, Belchite, Madrid) pintados en sus costados. Pero cuando comprueban que pertenecen al ejército de la Francia Libre estalla el entusiasmo. La unidad de Granell se interna por las calles de París, recibiendo esporádicos disparos de los alemanes, hasta que llegan a la Plaza del Ayuntamiento, a primeras horas de la noche, y toman posiciones. “Hemos llegado a París, manden refuerzos”, dice el mensaje que envían por radio a Leclerc. El teniente Granell se presenta a los líderes de la Resistencia, en la que militan también muchos exiliados españoles, y estrecha la mano de Georges Bidault y Chaban-Delmas, que llegarán a ser importantes políticos franceses. Y así toma posesión oficial de la ciudad de París. Las vecinas campanas de Notre Dame comienzan a voltear. Un bombero francés, burlando la vigilancia alemana, se encarama a la Torre Eiffel y despliega una gigantesca bandera francesa. La gente se echa a la calle, en un júbilo imprudente que todavía se cobra algunas vidas bajo los disparos de francotiradores alemanes. Cuando el capitán Dronne llega por fin al Cuartel General alemán, el gobernador Von Choltitz cree que la División Leclerc en pleno ha invadido la capital y se rinde sin condiciones a un cabo extremeño al que regalará su reloj de pulsera. Cien españoles han conquistado una capital de 6 millones de habitantes. Ni Hernán Cortés se atrevió a tanto.
Ante los hechos consumados, el general Leclerc obtiene de sus superiores permiso para entrar en París con toda su división, lo que realiza la mañana siguiente. El día 26 el general De Gaulle, jefe del Gobierno Provisional francés, llega a París y recorre los Campos Elíseos a pie entre el Arco del Triunfo y la Plaza de la Concordia. Tras él, abriendo el desfile que tiene lugar a continuación, va Amado Granell en su destartalado jeep lleno de abolladuras e impactos, y detrás toda “La Nueve”, entre los gritos de entusiasmo de los parisinos. En la prensa de todo el mundo ha aparecido la foto de Granell y los jefes de la Resistencia parisina, bajo el lema “ Ils sont arrivés!”
De Gaulle propuso a Granell ascenderlo a comandante si se nacionalizaba francés, pero este le contestó: “Mi General, yo quiero a España como a mi madre y a Francia como a mi novia. No me pida usted que reniegue de mi madre”. Así que seguiría de teniente por todo lo que le quedaba de guerra. De todos modos, Granell recibiría la Cruz de Guerra con Palma, cinco menciones y sería nombrado Caballero de la Legión de Honor.
La División Leclerc siguió su avance hacia el este, en las campañas de Los Vosgos y Alsacia, en cuyos combates volvió a distinguirse Granell; pero cuando llegó por fin al Rhin y pisó tierra alemana, tuvo que ser evacuado y hospitalizado, aquejado de una intoxicación o envenenamiento que le retendría en retaguardia hasta la finalización del conflicto.
“La Nueve”, ya sin Granell, alcanzaría su último objetivo conquistando “El Nido del Águila” de Berchtesgaden, residencia veraniega de Hitler en los Alpes. El centenar de españoles que integraban al principio esta unidad, y los que se fueron incorporando para cubrir bajas, sufrieron 35 muertos y 97 heridos, quedando solo 16 supervivientes en activo al final de la guerra.
Pero la odisea de Granell no acaba aquí. Recién terminada la guerra, los aliados se plantean invadir España y desalojar a Franco del poder. Granell, con la tapadera de viajante de comercio, cruza España clandestinamente en repetidas ocasiones, poniendo en contacto a los líderes socialistas Largo Caballero e Indalecio Prieto, exiliados en Francia, con los monárquicos de D. Juan de Borbón y Gil Robles, exiliados en Portugal. Se trata de organizar un gobierno provisional con D. Juan como Rey Constitucional y Miguel Maura como primer ministro. A Granell se le ofreció el cargo de Ministro de Defensa.
Pero Don Juan prefiere asegurar la monarquía al precio de consolidar la dictadura franquista, y se entrevista con Franco en el yate Azor el 25 de agosto de 1948, pactando la sucesión en la figura de su hijo Juan Carlos. Franco, a su vez, pacta con los americanos la instalación de bases militares. Y las esperanzas de los demócratas españoles se ven frustradas definitivamente, hasta la muerte del Dictador.
Granell, desilusionado, decide regresar a España y se instala en Barcelona con su compañera Lina. Se dedican al comercio de electrodomésticos y aparatos y piezas de radio. Viven después en Madrid y en Valencia, y acaban instalándose definitivamente en Alicante en 1969, donde montan una tienda de electrodomésticos en la Avenida del Poeta Zorrilla.
Yo me casé en 1970 y compré los electrodomésticos de mi nuevo hogar en una tienda cercana, sin saber que aquel señor circunspecto y amable que me atendió era el héroe de París. Lo que son las cosas.
El 12 de mayo de 1972, Amado Granell murió cerca de Sueca en un oscuro accidente de tráfico, mientras se dirigía de Alicante a Valencia para formalizar en el consulado francés unos documentos referentes a su pensión. En su tumba del cementerio de Sueca hay una lápida pagada por el Gobierno de Francia, donde figura una palma de plata y las iniciales L. H. (Legión de Honor). Por solo tres años no pudo ver el regreso de la Democracia por la que tanto había luchado.
Quiero agradecer a Marcelina Gaubeca (Lina), compañera del héroe y vecina de Alicante, la aportación de toda la documentación y fotografías que figuran en este artículo.
Y quisiera que este trabajo sirviese como solicitud ante nuestro amigo y compañero de Alicante Vivo, Alfredo Campello, integrante de la Comisión que ha de revisar el callejero de nuestra ciudad, para que se le otorgue a nuestro convecino Amado Granell la calle que sin duda merece. Porque los alicantinos haríamos muy bien en sentirnos orgullosos de su memoria.
Miguel Ángel Pérez Oca.