miércoles 2 de noviembre de 2011

Homenajean a los más de 3.000 fusilados en el Barranco del Carrizal de Órgiva

Homenajean a los más de 3.000 fusilados en el Barranco del Carrizal de Órgiva Más de un centenar de personas, entre representantes políticos, del mundo de la cultura, o ciudadanos, han rendido este martes, como cada año, homenaje a los más de 3.000 personas que se estima que fueron fusilados en el Barranco del Carrizal del municipio alpujarreño de Órgiva, el enclave de la provincia de Granada donde más personas fueron asesinadas por las tropas de Franco.
Junto al monolito que recuerda a todas las víctimas, que se calcula que pudieron alcanzar las 5.000, y coincidiendo con el 75 aniversario de la muerte del poeta Federico García Lorca, se ha hecho una ofrenda floral, y el cantaor granadino Juan Pinilla ha deleitado a los asistentes con un fandango de su último disco 'Voces que no callaron', que precisamente recuerda a los flamencos comprometidos con la libertad y la justicia.
El acto ha estado presidido por la consejera de Presidencia, Mar Moreno, quien ha considerado que las miles de víctimas que yacen aún en muchas cunetas de España constituyen "nuestro árbol genealógico", el de muchos socialistas, y el de muchos demócratas, ha dicho.
Por ello, ha defendido que recordar no es sólo un derecho, sino también "una obligación", y ha dicho no entender a aquellas personas a las que les "molesta" este tipo de homenajes o conmemoraciones, lo que ha calificado como una "patología democrática". "Sigue habiendo una alergia a la memoria por parte de algunos sectores de la derecha", ha criticado.
El Barranco del Carrizal, ha afirmado, será casi con toda seguridad, junto con el barranco de Víznar o la tapia del cementerio de San José de Granada, uno de los enclaves que se incluyan en el decreto de lugares de memoria en el que la Junta de Andalucía está trabajando para preservar y proteger todos aquellos escenarios de la Guerra Civil que merecen ser recordados.
Por su parte, la secretaria general del PSOE de Granada, Teresa Jiménez, ha remarcado que actos como el de este martes sirven "para devolver la voz a quienes se la quitó una dictadura", y ha lamentado que la derecha, el PP, pretenda quitar de nuevo la voz a aquellos que "lucharon por una sociedad más justa y más libre". Así, ha defendido, frente a los que respaldan a los "verdugos" y los "monolitos a José Antonio", la necesidad de que la democracia haga justicia a las víctimas de la Guerra Civil y les rinda homenaje mediante la memoria.

Día de difuntos en las cunetas


Familiares de víctimas del franquismo acuden a las fosas comunes donde fueron enterrados los suyos para dejarles flores

Recuperados los restos de 60 fusilados en dos exhumaciones en Burgos y Ciudad Real

Fosa común en La Pedraja (Burgos) donde los arqueólogos han recuperado los restos de 50 personas. / ÓSCAR RODRÍGUEZ

En lugar de visitar los cementerios, cientos de familiares de víctimas del franquismo han acudido hoy a las cunetas donde fueron fusilados y enterrados sin nombre sus seres queridos para dejarles flores. Otros muchos no han podido hacer ni eso porque, según denuncia la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, 75 años después del inicio de la Guerra Civil y 36 desde la muerte de Franco aún “quedan 113.000 hombres y mujeres enterradas en fosas comunes”.
El monte de La Pedraja (Burgos), donde en 1981 los familiares de cientos de desaparecidos de pueblos de la zona colocaron un monolito conmemorativo y donde el año pasado se recuperaron los restos de 104 fusilados, se ha llenado esta mañana de flores. Un equipo de forenses y arqueólogos de la sociedad de ciencias Aranzadi está exhumando los restos de otros 50. “La primera vez que vine, me dijeron que aquí había enterrados más de 300 fusilados. Pensé que era una exageración, una leyenda. Ahora creo que es verdad. Hemos abierto dos fosas y no son las únicas”, explica el forense Francisco Etxeberria, que este 1 de noviembre, como el anterior, está abriendo una fosa del franquismo. En este caso, de 14 metros de largo por dos de ancho.
“Mi padre está aquí, pero no sabemos dónde", explica Rafael Martínez, de 89 años.  Lo detuvieron al día siguiente del golpe, el 19 de julio de 1936 y lo fusilaron el 3 de octubre. Era presidente de la Agrupación Socialista de Briviesca, contratista de obra pública, trabajaba para la República y había reparado la carretera que une Burgos y Logroño. Los asesinos organizaban cuadrillas entre los vecinos de los pueblos cercanos para que cavaran zanjas donde luego enterraban a las víctimas. Cuando vieron a mi padre, lo reconocieron y vinieron a mi casa, a decírselo a mi madre. Yo tenía entonces tres años. Desde la democracia, venimos cada uno de noviembre aquí a dejarles flores". 
Los asesinos encargaban con antelación a las cuadrillas de enterradores que cavaran las zanjas. Sabían que iban a llenarlas. En esta segunda fosa de La Pedraja, las 50 víctimas fueron llevadas allí en seis grupos. Todavía no han concluido la identificación genética de los 104 cuerpos recuperados en otra fosa en este mismo paraje el año pasado. Miguel Ángel Martínez, portavoz de la asociación de familiares que ha promovido las exhumaciones, confiesa: "El Ministerio de la presidencia nos ha concedido provisionalmente una subvención de  60.000 euros, pero nos da miedo que el 20-N cambie el Gobierno y nos la quiten".
Asesinados por vecinos, dos meses después del final de la guerra
Además de esta fosa en La Pedraja, estos días la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica está exhumando otra en Chillón (Ciudad Real) con nueve víctimas. "Fueron asesinados dos meses después del final de la Guerra Civil por falangistas y vecinos. Se mezcló la política con las rencillas personales: envidias, venganzas por tierras, ganado...", explica el investigador Luis Miguel Montes, autor, junto a Jerónimo Mansilla, actual alcalde del pueblo, del libro El crimen del contadero: los nueve asesinados de Chillón, que cuenta la historia de estas nueve víctimas. Montes es, además, bisnieto de una de ellas.
"La mayoría eran mineros afiliados a sindicatos o al Partido Socialista. También había un maestro, un zapatero y un labrador. Pero no todos tenían afinidades políticas", explica Montes. "Detuvieron a ocho y las llevaron a una ermita que utilizaron a modo de cárcel. A mi bisabuelo lo fueron a buscar a casa a las dos de la madrugada. Lo subieron a un camión y ya nunca le vieron más".
Entre ellos estaba el padre de Anselmo Capilla, socialista y afiliado a UGT.  "El día que lo mataron yo tenía ocho años y mi padre, 39. Dicen en el pueblo que los asesinos lo celebraron con una buena juerga. Yo estoy contento de ver por fin la fosa abierta pero es una sensación agridulce. Se te cae el alma a los pies al ver esto".
La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, como acostumbra cuando abre una fosa y halla restos humanos con signos de muerte violenta (como los inequívocos agujeros de bala en el cráneo, los tiros de gracia) a presentar denuncia ante la Guardia Civil. La juez de Almadén ha visitado la exhumación. Se han abierto más de 150 fosas del franquismo y los jueces que han acudido a visitarlas se cuentan con los dedos de una mano.
Las familias han acordado volver a enterrarlos todos juntos, pero en un cementerio, con un panteón en el que ponga bien claros sus nombres."Este es el último año que tendremos que venir aquí a traerles flores". 

martes 1 de noviembre de 2011

Un homenaje a la valentía

Hace ya demasiados años acercarse los días más señalados -14 de abril, 1 de mayo, 1 de noviembre- hasta el espacio que hoy ocupa el cementerio civil de La Barranca era todo un acto de rebeldía... y sobre todo de valentía. Sólo era una finca más del término municipal de Lardero, pero a diferencia de los eriales vecinos, allí nunca faltaba un ramo de flores.
Y valientes eran las llamadas 'Mujeres de Negro': madres, hijas, hermanas, abuelas, tías, amigas de represaliados que, ajenas a la asfixiante presión social y a la constante presencia de las fuerzas de seguridad, desafiaban al régimen sentadas en La Barranca, mirada al frente, rictus serio, serenas, tratando de ahogar su pena interior y recordando a los suyos.
Las 'Mujeres de Negro' han vuelto, 75 años después, a La Barranca. Lo han hecho de la mano del escultor logroñés Óscar Cenzano que, atendiendo al encargo de la Asociación La Barranca, ha instalado en el mismo lugar en el que ellas descansaban y recordaban dos esculturas femeninas en homenaje a aquellas heroínas de la dictadura.
«Ellas son las que, con su presencia en La Barranca año tras año, acabaron por escribir la más terrible y hermosa página de la Memoria Histórica en La Rioja», apuntan desde la Asociación, que no olvida que estas mujeres no sólo estuvieron en Lardero, «también en el Carrascal de Grávalos, en los montes de Cameros, en las tapias de Haro, en las cuestas, cunetas y cementerios de toda La Rioja».
Las dos figuras que hoy se inaugurarán son dos piezas de bronce fundido en posición relajada y tranquila y en las que, sobre todo, llama la atención el rostro y las manos. Mirada lejana, distante, triste; manos en el regazo, una sobre otra y sin tensión. Austeridad absoluta en las figuras y dos asientos vacíos para que los visitantes puedan compartir espacio con la obra.
«He querido reflejar la pena interior», explica Cenzano, que sólo pidió que su obra no entrara en rivalidad con la más trágica de Dalmati, la que da la bienvenida al visitante del cementerio civil de La Barranca.
Esta mañana, a las 12 horas, tendrá lugar la inauguración oficial de la escultura y el próximo 7 de noviembre se abrirá al público en la sala de exposiciones del Ayuntamiento de Logroño una muestra de fotografías de las auténticas 'Mujeres de Negro' de La Rioja.

Las universidades cartografían 461 fosas comunes de la Guerra Civil en Galicia

MAR MATO - VIGO La Guerra Civil en Galicia, al igual que en el resto del Estado, dejó minado el territorio de la comunidad con fosas comunes de represaliados durante la Guerra Civil entre 1936 y 1939. Tras varios años de investigación, búsqueda y entrevistas, expertos de las tres universidades gallegas han culminado el especial "Xeografía da represión", un mapa detallado que especifica la localización, número de fallecidos y tipo de muerte que tuvieron. La cartografía revela que, al menos, la tierra gallega ha sustentado 461 fosas comunes. 
El número, no obstante, no es definitivo. "La cifra irá cambiando porque tenemos algunas en la recámara. Nos falta confirmar el lugar exacto y el número de fallecidos", explica el investigador Gustavo Hervella que ha participado en el proyecto global "Nomes e voces" junto a Dionisio Pereira y Chus Martínez (estos dos encargados de la cartografía), dirigidos todos por Lourenzo Fernández Prieto.
Los resultados de la investigación pueden ser consultados en internet de forma gratuita. Se encuentran en la web www.nomesevoces.net donde existe un apartado denominado "Especiais". Pinchando en él, se accede a "Cartografía da represión". El enlace lleva a otra página donde las novedades disponibles desde esta semana se muestran en la columna de la derecha. Desde la misma, se accede a los mapas con la localización de las fosas en campo abierto en Galicia, las fosas en cementerios, los lugares de los "paseos", así como de los muertos en la contienda, desglosando los nombres, municipos, número de víctimas y una descripción.
De las 461 fosas comunes localizadas en Galicia, la práctica totalidad de las mismas se encuentran en los cementerios donde los investigadores han localizado un total de 435. A estas, hay que sumar otras 26 fosas comunes en campo abierto. En el mapa, figuran 22 ya que en algunos espacios hay más de una, explica uno de los autores del proyecto.
En uno de los informes de los investigadores disponible en la web, se señala que "podemos afirmar que en Galicia son excepcionales las fosas en campo abierto. Fueron utilizadas en su práctica totalidad en una única ocasión y con pocas inhumaciones".
No obstante, sí es "numeroso y diseminado" el número de "enterramientos de represaliados en cementerios de casi todo el territorio gallego, excepto en las zonas del interior de las cuatro provincias y la llamada Costa da Morte".

"Mayor impacto psicológico"

En cuanto al "modus operandi", los investigadores reconocen que no resulta "fácil" explicar la causa por la que "un detenido era sacado de prisión y asesinado, a veces, a un centenar de kilómetros del centro de detención o reclusión cuando lo más natural sería convertir cualquier monte vecino en una inmensa fosa común". 
No creen los expertos universitarios del proyecto que "hubiese en Galicia un desmedido empeño en esconder los cadáveres en lugares poco concurridos". Al contrario, los investigadores están convencidos de que no se enterraban de inmediato y se situaban en "lugares estratégicos de las principales vías de comunicación" para provocar "un mayor impacto psicológico en quien los encontraba o tenía noticia". Así, "se castigaba aún más a las personas cercanas a las víctimas, al verse obligados a recorrer los caminos tras las huellas de sus parientes (...) Sembrar el pánico en la sociedad y en el círculo más íntimo del asesinado. De eso se trataba".